Recientemente estaba en el supermercado intentando encontrar un bote de tomate, cuando caí en la cuenta de que en medio de un pasillo había un hombre -grande como un armario- y con pinta de haberse bebido medio supermercado que gritaba un discurso incoherente. Los clientes del supermercado asustados le evitaban pero yo me dirigí a él un poco por curiosidad, quería saber qué decía en aquella especie de sermón u homilía donde mezclaba churras con merinas.
Declamaba una especie de ensalada de palabras que fluían de su boca por cacofonía, rimando unas terminaciones con otras, no se sabía de qué hablaba pues su discurso carecía de un hilo conductor, decía incoherencias, pero cada palabra a su vez remitía a algun tipo de verdad: se metía con los políticos locales, hablaba de corrupción, del asesinato de Kennedy, de la CIA, de la mafia, de los EREs, todo ello combinado de una forma ininteligible y sobre todo dando grandes voces y mirando al cielo. Voces que resultaban amenazadoras para los clientes del supermercado que le miraban horrorizados, aunque el orate no miraba a nadie, es decir no se dirigía a nadie en concreto, sus ojos estaban desviados hacia el cielo, o hacia alguna emisora cósmica que parecía estar emitiendo para él solo aquella prosodia que era en realidad un pupurri de noticias del telediario. Era un predicador, un ser capturado por el lenguaje. Hice mi diagnóstico mientras «seguridad» se lo llevaba a la calle: era un esquizofrénico con esquizoafasia, «sin techo», embriagado por alcohol, de esos que están en las puertas de los supermercados con la única compañía de un perro y que piden limosna a los clientes, se aprovisionan de lo suficiente para alimentarse de bocadillos y sobre todo de vino.
Cai en la cuenta de algo en lo que no había reparado (a pesar de haber presenciado cientos de casos parecidos): el lenguaje hablaba a través de él.
O dicho de otra forma: el lenguaje nos participa al tiempo que nosotros participamos de él. Algo que requiere un ser humano dividido, Es por eso que la esquizofrenia puede ser considerada un peaje, el peaje que nuestra especie paga por haber adquirido una autoconciencia, una consciencia recursiva, una consciencia lógico-racional, al decir de Gebser. Una enfermedad de la humanización.
Los psiquiatras clásicos han hablado de fenómenos elementales: (el Dogma de Clerambault) y suponen que estos fenómenos son primarios, la estructura de la psicosis.
Hay una inversión silenciosa —y profundamente moderna— en la forma en que pensamos el lenguaje. Creemos habitarlo, usarlo, dominarlo. Pero quizá sea al revés: el lenguaje nos habita, como un huésped antiguo que se ha instalado en la casa del cuerpo y ha aprendido a hablar desde dentro.
No somos dueños del lenguaje. Somos su lugar de paso.
I. El giro: de instrumento a parásito simbólico
En la tradición ilustrada, el lenguaje es herramienta: sirve para nombrar, describir, comunicar. Pero esta visión es pobre si la confrontamos con lo que emerge en la clínica, en la poesía, en el síntoma.
El lenguaje no solo dice lo que pensamos. El lenguaje piensa en nosotros.
Aquí aparece una intuición clave en el mapa que voy dibujando: la desaferentización semántica . Las palabras flotan, se emancipan de la carne. Ya no están ancladas a la experiencia, sino que circulan como entidades autónomas.
Y eso implica algo inquietante:
El lenguaje puede sobrevivir a la experiencia que lo originó.
Como un huésped que ha olvidado al anfitrión.
II. El huésped: entre posesión y estructura
Podemos pensar el lenguaje como huésped en tres niveles:
1. Lenguaje como colonizador
El niño no inventa el lenguaje: lo recibe. Lo hereda. Es introducido en él.
Pero esa introducción no es neutra. Es una inscripción.
- El lenguaje organiza la percepción
- delimita lo pensable
- y, sobre todo, estructura el deseo
Aquí Lacan tenía razón en algo esencial: no hablamos el lenguaje, somos hablados por él.
2. Lenguaje como parásito
El huésped no siempre es benigno. En la clínica lo vemos con claridad:
- la rumiación obsesiva
- los pensamientos intrusivos
- los relatos depresivos repetitivos
Son formas en las que el lenguaje se autonomiza y se vuelve auto-reproductivo, casi viral.
No describe la realidad: la fabrica y la impone.
3. Lenguaje como ausencia encubierta
Aquí se conecta con algo muy tuyo: el trauma.
El trauma real —el que queda inscrito en el cuerpo— muchas veces no tiene lenguaje. O mejor dicho: el lenguaje disponible no alcanza.
Entonces ocurre algo paradójico:
- o bien el silencio (lo indecible)
- o bien el exceso de palabras vacías (lo pseudo-decible)
Como señalo en mi trabajo sobre trauma, lo disociado se expresa en el cuerpo cuando no puede integrarse en el relato.
Así, el lenguaje puede convertirse en un huésped impostor: habla en lugar de la experiencia, pero no la representa.
III. El lenguaje y la geometría del alma
Si llevamos esta idea a mi modelo topológico:
El lenguaje no sería un contenido, sino un flujo que circula por el paisaje psíquico.
- En algunos atractores, el lenguaje se vuelve rígido (depresión: narrativa empobrecida, repetitiva)
- En otros, se desborda (manía, delirios, hiperproducción simbólica)
- En otros, se corta (trauma, alexitimia, disociación)
Entonces, el lenguaje no es solo expresión: es parte del propio atractor.
No describe el valle. Es el agua que lo mantiene lleno.
IV. El huésped que olvida su condición
El problema no es que el lenguaje sea huésped. El problema es que ha olvidado que lo es. Cuando el lenguaje se absolutiza:
- se separa del cuerpo
- pierde contacto con la experiencia
- y genera simulacros (emociones habladas pero no sentidas)
Esto es exactamente lo que defino como patología de la modernidad: palabras sin carne, símbolos sin anclaje, discursos sin experiencia.
Un mundo donde:
se habla de trauma sin haberlo atravesado,
se habla de deseo sin haberlo sentido,
se habla de identidad sin haberla encarnado.
V. ¿Qué hacer con el huésped?
No se trata de expulsarlo. Eso sería imposible. Se trata de re-hospedarlo.
Es decir:
- volver a ligar palabra y cuerpo
- restaurar la conexión entre símbolo y experiencia
- permitir que el lenguaje vuelva a ser mediación, no sustitución
Quizá el trabajo —clínico, literario, filosófico— consista en esto:
hacer que el lenguaje recuerde que es huésped y no dueño.
VI. Una posible Re-formulación
T
El lenguaje no es una herramienta que el sujeto utiliza para describir el mundo. Es un huésped que habita el cuerpo y organiza la experiencia desde dentro.
Cuando ese huésped olvida su condición —cuando se independiza de la carne que lo sostiene— aparece una forma de alienación característica de la modernidad: palabras que ya no remiten a nada vivido, relatos que sustituyen a la experiencia, identidades construidas sin anclaje somático.
El problema no es el lenguaje. Es su desarraigo.
Y en el caso del sujeto que radiaba en el supermercado, —su versión extrema— podemos observar esa independencia del lenguaje de su emisor.
Es como una radiografia del lenguaje.
Cuando termines el artículo:

Esta perspectiva está en línea con una pregunta que vengo meditando: ¿utilizamos nosotros la inteligencia artificial, o la inteligencia artificial —que es un modelo de lenguaje— nos está utilizando a nosotros?
Buena pregunta
El Okupa de la Conciencia
Asimilar es el proceso de asemejarse algo. Asimilar el lenguaje es asemejar la realidad. Esto nos lleva a que la realidad que entendemos esta organizada por el lenguaje, además hay que tener en cuenta que el pensamiento fluye más rápido que la capacidad de articulación consciente, por tanto existe una velocidad optima y otra patológica cuando se acelera tanto que no encajan las ideas.
El cerebro y su funcionamiento reductor lo organiza todo y, ni la forma, ni su memorización, ni su acomodo, ni su articulación parece hacerse desde un control total consciente, va mas bien en automático y, una vez integrado como tb fluye con autonomía, el huésped toma el control con sus pros y contras adaptativos/desadaptativos.
Esto lleva a pensar que la única manera de modificar que el lenguaje no es el dueño excluyendo el tema clínico que desconozco, sino el huésped y, desactivar sus automatismos en manos del hemisferio izquierdo con su chachara y dialogo interno, junto a su literalidad, solo es posible a través de la Metacognición, desde esa perspectiva se ve claro que funcionamos en modo autómata, pero que existe la posibilidad de poner al huésped okupa de la conciencia por identificación con el mismo y, sin espacio o distancia para su evaluación, así como a la IA, en su sitio.