El otro del lenguaje: la otra mente (XXII) 0

Recientemente estaba en el supermercado intentando encontrar un bote de tomate, cuando caí en la cuenta de que en medio de un pasillo había un hombre -grande como un armario- y con pinta de haberse bebido medio supermercado que gritaba un discurso incoherente. Los clientes del supermercado asustados le evitaban pero yo me dirigí a él un poco por curiosidad, quería saber qué decía en aquella especie de sermón u homilía donde mezclaba churras con merinas.

Declamaba una especie de ensalada de palabras que fluían de su boca por cacofonía, rimando unas terminaciones con otras, no se sabía de qué hablaba pues su discurso carecía de un hilo conductor, decía incoherencias, pero cada palabra a su vez remitía a algun tipo de verdad: se metía con los políticos locales, hablaba de corrupción, del asesinato de Kennedy, de la CIA, de la mafia, de los EREs, todo ello combinado de una forma ininteligible y sobre todo dando grandes voces y mirando al cielo. Voces que resultaban amenazadoras para los clientes del supermercado que le miraban horrorizados, aunque el orate no miraba a nadie, es decir no se dirigía a nadie en concreto, sus ojos estaban desviados hacia el cielo, o hacia alguna emisora cósmica que parecía estar emitiendo para él solo aquella prosodia que era en realidad un pupurri de noticias del telediario. Era un predicador, un ser capturado por el lenguaje. Hice mi diagnóstico mientras «seguridad» se lo llevaba a la calle: era un esquizofrénico con esquizoafasia, «sin techo», embriagado por alcohol, de esos que están en las puertas de los supermercados con la única compañía de un perro y que piden limosna a los clientes, se aprovisionan de lo suficiente para alimentarse de bocadillos y sobre todo de vino.

Cai en la cuenta de algo en lo que no había reparado (a pesar de haber presenciado cientos de casos parecidos): el lenguaje hablaba a través de él.

O dicho de otra forma: el lenguaje nos participa al tiempo que nosotros participamos de él. Algo que requiere un ser humano dividido, Es por eso que la esquizofrenia puede ser considerada un peaje, el peaje que nuestra especie paga por haber adquirido una autoconciencia, una consciencia recursiva, una consciencia lógico-racional, al decir de Gebser. Una enfermedad de la humanización.

Los psiquiatras clásicos han hablado de fenómenos elementales: (el Dogma de Clerambault) y suponen que estos fenómenos son primarios, la estructura de la psicosis.

Pero hay otras interpretaciones.

La xenopatía.-

En psiquiatría llamamos xenópatas a aquellos enfermos que presentan anomalías en el lenguaje caracterizadas por la intrusión. Se supone que existe en ciertos pacientes -predominantemente esquizofrénicos. una fractura que les lleva a experimentar fenómenos de intrusión externa en su subjetividad, intrusiones que en ningún caso son sensoriales, es decir no proceden de ninguna fuente identificable. Provocan síntomas como el robo del pensamiento, intrusión del pensamiento y sobre todo voces que dan ordenes usualmente despectivas o destructivas que inducen al crimen o al suicidio.

Para Lacan esa fuente de donde proceden las voces es lo que él llama «El otro del lenguaje»: Para Jacques Lacan, el «otro» es lo absolutamente ajeno que se encuentra más allá del yo; es el ambiente en que hemos nacido, y que debemos «traducir» o al que debemos dar sentido para sobrevivir y prosperar. Dicho de otro modo: ese Otro del lenguaje se encuentra más allá del cerebro y de la mente de quien lo oye.

La esquizofrenia tal y como sostienen algunos autores, no pudo existir en el Pleistoceno, no antes al menos de que se produjera la Gran Escisión y apareciera la mente lógico-racional. Y tampoco es de extrañar que la mayor parte de esquizofrenias sean una confluencia de delirios paranoides y de la esquizofrenia propiamente dicha con todos los errores cognitivos y afectivos que ocurren en la mente esquizofrénica y que consideramos como defectos en la auto-activación o de la motivación. Dejada evolucionar por su cuenta se convierte generalmente en ese proyecto de emisora averiada que pudimos observar en el cliente del supermercado, hay algo que habla en él, y el sujeto alienado no puede sino servir a ese proyecto de ventriloquia que es el lenguaje hablándose a sí mismo, sin la subjetivación del sujeto.

Dicho de otra forma más comprensible, esa emisora es la mente primigenia. La que vino al mundo con el sujeto y que llevaba a cuestas sus inclinaciones naturales. Esta es la razón por la que hoy se piensa que la esquizofrenia es una enfermedad del cerebro y cuyas averías tan sutiles no han podido detectarse más allá de la hipofrontalidad, una curiosa atrofia de la corteza cerebral que explicaría gran parte de estos síntomas.

Cuando yo era un joven residente en busca de mi profesión, trabajé durante muchos años en un viejo manicomio, observando toda clase de patologías y ejjerciendo más de antropólogo (pues un manicomio era un entorno total cerrado en si mismo como una cultura extraña) que de médico.. Una de las cosas que me llamaron la atención de la observación continua de pacientes fue que casi todos tenían como costumbre llevar consigo una radio transistor de aquellas pequeñas y portátiles de pilas. Muchos de ellos pasaban el día entre la estación de ferrocarril viendo pasar trenes mientras oían a todas horas la radio. Pregunté a mis tutores de entonces por qué sucedía tal cosa y me contestaron que era una rutina manicomial más. Como no me di por satisfecho con esta respuesta volví a preguntar a otra persona que me aseguró que era para dejar de oír las voces que continuamente torturaban a los pacientes. De modo que oír la radio era una forma de neutralizar las voces. Eso me gustó más.

Pero hay otra cuestión interesante y es que los pacientes esquizofrénicos (algunos de ellos) estaban muy interesados en el lenguaje. Al menos he conocido a tres que habían inventado un idioma nuevo y trataban de publicitarlo, escribiendo muchos de ellos verdaderos tratados amontonados en cuadernos antiguos o caligrafías exóticas, a veces por docenas como completando un neodiccionario que solo él paciente mismo podía interpretar.

El caso es que esa intrusión de voces, interpelaciones, órdenes y comentarios generalmente obscenos que oyen los pacientes y que llamamos alucinaciones auditivas carecen de explicación en neurociencia. Como ultimo recurso se supone que esas voces emergen del fondo del inconsciente y que se hacen conscientes (se oyen) en función de alguna avería del filtro que debe separar lo consciente de lo inconsciente.

Lo cierto es que tal y como dicen algunos budistas la mente es un veneno para el individuo, puede llegar a matarnos, inducirnos al crimen o al suicidio. Pero la idea más importante es que la mente es ruido. Más que eso: la mente puede enfermar al cerebro y si puede hacerlo es porque la mente posee (como ya conté en mi post anterior) cuatro condiciones.

  • El lenguaje. Es interesante como los esquizofrénicos oyen palabras casi siempre soeces, acusatorias, obscenas en forma de interpelaciones, insultos o criticas. También existen otro tipo de voces más benignas y hoy sabemos gracias a Jim Van Os que las oyen no solo los esquizofrénicos sino buena parte de la población general, si bien lo que distingue a unos de otros es la temática de las mismas. Incluso a veces oímos voces noéticas como San Ignacio de Loyola y es verdad que muchos niños tienen un amigo invisible con el que completan verdaderos diálogos.
  • La intención. es obvio que toda mente tiene una intención. La intencionalidad es el paradigma de todo ser vivo y no cabe duda de que estas voces requieren y exigen obediencia. Es muy difícil resistirse a esas ordenes, de manera que muchos suicidios u homicidios se producen por obediencia a esa intencionalidad siniestra. La intención puede ser además independiente del lenguaje, de modo que no es necesario oír esas voces para acabar en el crimen, los planes pueden ser pensamientos no sonoros.
  • La memoria es poco fiable, todos tenemos esa experiencia, no solo perdemos la memoria sino que podemos infiltrar en ella aspectos que nunca sucedieron, se pueden implantar recuerdos y la memoria contiene con frecuencia recuerdos aberrantes, exagerados por la emoción del momento o comportarse como un parasito como sucede en los casos de estrés postraumáticos. Más que eso podemos tener recuerdos que no nos pertenecen como si hubieramos vivido otras vidas, pero en realidad no es que hayamos sido reinas de Egipto como algunos creen sino que los recuerdos de la humanidad permaneces en ese rio que hemos llamado mente colectiva y a veces conectamos con ellos a través de fenómenos bien conocidos como el déjà vu o las sincronicidad. Por oatra parte se han descrito hipermnesias como una especie de desfile de diapositivas que se considera hoy una experiencia cercana a la muerte, pero lo cierto es que hablar de memoria es hablar de tiempo y de la gestión que cada cerebro individual hace de las mismas.
  • La percepción es en el ámbito más elevado una propiedad de la conciencia pura, pero casi siempre se presenta sesgada por esa mente que a través del ruido o los filtros puede percibir o no percibir, muchas veces los esquizofrénicos comienzan con la audición de un ruido. No es raro que en fase de trema el paciente aun no haya dotado a su experiencia de un contenido transmisible y se quejen de lo vecinos o que él mismo lleve a cabo ese tipo de ruidos para vengarse de sus vecinos, pues en la esquizofrenia siempre anida ese sentimiento de intrusión y de influencia. «Hay algo externo que tira de mis genitales» solía decirme un paciente hasta que descubrió o le pareció descubrir que se trataba de una vecina a la que deseaba.

En conclusión la intrusión de la que hablan los esquizofrénicos es una mente, una mente que es sobre todo ruido y que es lo opuesto a la contemplación. Un menta que enferma al cerebro individual, de manera que se trata de una mente que no se puede dominar o vencer pero que se puede domesticar, como ya veremos en el próximo post.

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