
Leon Festinger y sus teorías de la disonancia cognitiva (1957) y de la comparación social (1954) ofrecen un marco poderoso para entender cómo las personas adoptan, mantienen o defienden ideologías políticas, especialmente frente a contradicciones o desafíos. A continuación, exploro cómo sus ideas se aplican a las ideologías políticas, con ejemplos y contexto.
¿Todos cambiamos de opinión?
Disonancia cognitiva e ideologías políticas.-
La disonancia cognitiva ocurre cuando una persona experimenta tensión psicológica al sostener creencias, actitudes o comportamientos contradictorios. En el contexto de las ideologías políticas, esta teoría explica por qué las personas pueden aferrarse a sus posturas políticas incluso cuando enfrentan evidencia contraria, o cómo racionalizan decisiones que contradicen sus valores.
Mecanismos en acción.-
¿Qué sucede cuando las creencias o las profecias fallan?
¿Qué sucede cuando el eslogan «100 años de honradez se ve desafiado por la realidad?
Defensa de creencias políticas frente a evidencia contraria:
Cuando un individuo apoya una ideología política (por ejemplo, conservadurismo o progresismo) y se enfrenta a hechos que la contradicen, puede experimentar disonancia. Para reducirla, es común que:
Nieguen o descarten la evidencia: Por ejemplo, un partidario de un político puede ignorar pruebas de corrupción diciendo que son «noticias falsas».
Reinterpreten la información: Si un votante de un partido descubre que una política que apoya tiene consecuencias negativas, podría justificarla diciendo que «los beneficios a largo plazo superan los costos».
Refuercen su compromiso: En lugar de cuestionar su ideología, algunos se radicalizan para reducir la incomodidad, como en el estudio de Festinger sobre el culto apocalíptico (When Prophecy Fails, 1956), donde los creyentes fortalecieron su fe tras una profecía fallida.
Si bien no todos reaccionan así, quizá sólo los más comprometidos o fanáticos pero solo una minoría acaba abandonando la creencia.
Polarización política:
La disonancia cognitiva contribuye a la polarización porque las personas tienden a buscar información que confirme sus creencias (sesgo de confirmación) y evitan o rechazan la que las desafía. Por ejemplo, un liberal podría descartar argumentos conservadores sin analizarlos, y viceversa, para evitar la tensión de cuestionar su ideología.
Festinger observó que el compromiso con una creencia (como una ideología política) aumenta si la persona ha invertido mucho en ella (tiempo, identidad, recursos). Esto explica por qué los activistas políticos suelen ser más resistentes al cambio de opinión.
Justificación de decisiones políticas:
Cuando alguien vota por un candidato o apoya una política que luego resulta problemática, puede experimentar disonancia. Para aliviarla, podrían justificar su elección diciendo, por ejemplo, «era la mejor opción disponible» o «los otros candidatos eran peores». Esto se relaciona con el experimento de Festinger y Carlsmith (1959), donde los participantes que recibieron menos incentivo ($1) para mentir sobre una tarea aburrida cambiaron más su actitud para justificar su acción.
Ejemplo práctico
Imagina a un votante que apoya un partido que promete reducir impuestos, pero tras ganar las elecciones, el partido no cumple y además aumenta el gasto público. El votante puede:
-Cambiar su apoyo a otro partido (raro, si la identidad política es fuerte).
-Justificar la acción del partido («era necesario por la crisis económica»).
-Ignorar la contradicción y centrarse en otros aspectos positivos del partido («al menos defienden mis valores culturales»).
Comparación social e ideologías políticas
La teoría de la comparación social de Festinger sugiere que las personas evalúan sus creencias y actitudes comparándose con los demás, especialmente en contextos de incertidumbre. En política, esto tiene implicaciones claras:
Formación de identidades políticas:
Las personas tienden a alinearse con grupos ideológicos que perciben como similares (comparación social ascendente o lateral). Por ejemplo, alguien que se identifica con valores progresistas buscará comunidades que refuercen esas ideas, como foros en línea o movimientos sociales.
La comparación descendente también ocurre: los partidarios de una ideología pueden sentirse superiores al compararse con grupos opuestos, lo que refuerza su identidad. Por ejemplo, un conservador podría criticar a los progresistas como «idealistas ingenuos» para reafirmar su postura.
Dinámicas de grupo y conformidad:
Festinger estudió cómo los grupos influyen en las opiniones individuales. En política, los partidos, movimientos o comunidades en redes sociales ejercen presión para que los individuos se ajusten a la ideología dominante del grupo. Esto reduce la disonancia al alinearse con las normas, pero puede fomentar el pensamiento grupal y la intolerancia hacia otras perspectivas.
Por ejemplo, en redes sociales como X, los usuarios tienden a seguir cuentas que refuerzan sus creencias políticas y a evitar o atacar a las que las desafían, creando cámaras de eco.
Competencia ideológica:
La comparación social fomenta la competencia entre ideologías. Los partidarios de una postura política pueden exagerar las virtudes de su ideología o demonizar a la opuesta para sentirse más seguros de su posición, un fenómeno que Festinger vinculó a la necesidad de validación social.
Ejemplo práctico
Un joven en una universidad progresista puede adoptar una ideología de izquierda para alinearse con sus compañeros (comparación social). Si luego encuentra argumentos conservadores convincentes, podría experimentar disonancia. Para resolverla, podría reforzar su progresismo (por presión grupal) o cambiar de postura (si la comparación con otros conservadores le parece más válida).
Relevancia contemporánea
Las ideas de Festinger son especialmente útiles para analizar la política moderna, marcada por la polarización, las redes sociales y la desinformación, a pesar de que ninguna ideología poliíica ha demostrado ser verdad o utiles en todos los casos, todo parece indicar de que ciertas ideologías como el liberalismo han sido utiles para occidente pero no son bienvenidas en todo el mundo.
Redes sociales y cámaras de eco:
Plataformas como X amplifican la disonancia cognitiva al exponer a los usuarios a información contradictoria, pero también facilitan la reducción de la disonancia al permitirles unirse a comunidades que refuerzan sus creencias.
Desinformación y racionalización: Los partidarios de ideologías políticas pueden aceptar noticias falsas que apoyen su postura para evitar la disonancia, como ocurrió en eventos como las elecciones estadounidenses de 2020, donde algunos negaron resultados electorales para mantener su lealtad a un candidato.
Identidad política como núcleo personal: En muchos casos, la ideología política forma parte de la identidad, lo que hace que la disonancia sea más intensa y la resistencia al cambio más fuerte. Esto explica fenómenos como el «voto tribal», donde las personas apoyan a un partido independientemente de sus acciones.
Críticas y límites.
Aunque la teoría de Festinger es poderosa, tiene limitaciones en el contexto político:
No siempre predice cómo se resolverá la disonancia (¿cambiar creencias o justificarlas?).
Factores externos, como la manipulación mediática o la presión social, pueden influir más que la disonancia interna.
Algunos críticos argumentan que la teoría subestima el papel de las emociones (como el miedo o la ira) en la defensa de ideologías políticas.
Conclusión-es
Las teorías de Festinger, especialmente la disonancia cognitiva y la comparación social, ofrecen una lente valiosa para entender las ideologías políticas. Explican por qué las personas se aferran a sus creencias políticas, racionalizan contradicciones y se alinean con grupos ideológicos. En un mundo polarizado, estas ideas son clave para comprender fenómenos como la radicalización, la desinformación y la resistencia al diálogo político.
Este post ha sido confeccionado por Grok, la IA de X pero ahora viene el corolario escrito por un humano: yo mismo.
La ideología política es una creencia empaquetada, y no todas las creencias son ideología, para que una creencia sea considerada ideología ha de insertarse en alguna de las creencias políticas canónicas: liberalismo, conservadurismo, teocracia, comunismo, socialismo o anarquismo.
Las creencias políticas (ideologías) no han demostrado —ninguna de ellas— ser útiles de forma universal, no son verdades científicas ni antropológicas y están sometidas a vaivenes culturales, históricos, geográficos y geoestratégicos. Además cambian con el tiempo, evolucionan o se degradan.
Yo no tengo la misma ideología políitica que mis padres, por una razón fundamental: mis padres vivieron en un tiempo y en una España que no era la mía. Pero —y ahora viene lo más importante— mi ideología politica no está incrustada en mi identidad, del mismo modo que mis padres tampoco pegotearon sus creencias con su identidad.
Ayer oí esta declaración en una persona en X, «Yo voto al PSOE igual que mis padres y mis abuelos», lo cual me lleva a pensar en otro concepto muy importante. El papel de la tradición familiar en el voto y la ideología. Festinger no contempló este fenómeno profundamente emocional que se vincula con «el sentimiento de pertenencia». Hay personas que «heredan» una ideología política del mismo modo que heredan una nariz. Estas personas son imposibles de convencer o de desafiar cognitivamente y son los que Festinger describe como irrecuperables.
Y vale la pena recordar que: los perdedores en una guerra civil son los que a la larga imponen su discurso en otra generación, pues los ganadores ya no tienen nada que reivindicar y el perdedor se gana el estatuto de víctima. Y es así, que todo puede ponerse del revés. Y recordemos que en España hemos tenido demasiadas guerras civiles bajo el patrocinio de los Borbones.
Los que soportamos la variedad del cambio somos los que cambiamos de opinión y no votamos siempre a los mismos, sino en cada momento a los que nos parece que pueden hacerlo mejor, aunque casi siempre nos decepcionen.
Una sociedad se compone de los que soportan el cambio y pagan peaje y los que nunca y nada cambian y la parasitan.
Cuando termines el artículo:

Buenos días Don Francisco
En mi opinión el problema actual se acentúa porque el personal a descreído el «lugar» donde ejercer dicha disonancia cognitiva.
Antes, cuando la religión (la de entonces) tenía un peso fundamental en la vida social, los problemas «resueltos» con dicha disonancia tenían que ver los problemas morales asociados a lo que se decía y se predicaba, pero gracias a que existía una separación clara entre Iglesia y Estado, el Dios y el Cesar, amén de que la ciencia era ciencia, y no religión; era posible diferenciar mas entre Fe y Razón.
Ahora. En un mundo mucho mas «secularizado», ello es mucho mas complicado. El personal cree en los políticos y en la ciencia como antes se creía en la Iglesia (la que fuera menester) y en la Ciencia. Han dejado de ser meramente instrumentales, Ya no existen el mundo de Dios y el del Cesar. No sólo no hay separación de «poderes», de esos poderes, sino que se nos ha educado para los confundamos.
Supongo que las clases de filosofía de entonces, ayudaban a que esta separación fuera posible. Ahora, en un mundo cada vez mas «islamizado», y con ello me refiero a la intervención/mezcla de lo político con lo religioso, pero en esta caso, sin Dios; para el personal el abuso de la disonancia nos está llevando a lugares muy oscuros.
Otra mecanismo que nos lleva a ese barranco es una especie de socialización de la indefensión aprendida. Una sociedad donde le caen «h*stias todos los días, sin causa aparente, que percibe que sus hijos vivirán peor que sus padres, y que hace de esa indefensión virtud a través de esa disonancia.
No se si me he pasado de listo. Si es así disculpe.
Un cordial saludo
Lingua Tertil Imperi
Puede una palabra repetida mil veces cambiar lo que pensamos sin que lo notemos?.
Y tanto que se puede. Las ideas por repetición pueden infiltrarse en nuestra vida cotidiana sin caer en la cuenta de que estamos siendo reprogramados a través de los medios de comunicación y conversaciones en el bar, en el hogar, en los puestos de trabajo. Todo es cuestión de utilizar palabras en principio conceptualmente neutras; !A saber, como por ejemplo «Bandera – Heroico – Sacrificio – Patria», llenarlas de un valor moral, lo que implica despertar emociones y sentimientos que apunten a discursos por ejemplo de odio. No se trata de propaganda, si no de contaminación del lenguaje cotidiano que es lo que respiramos día a día, llegando incluso a glorificarse la obediencia, a ser condescendiente con la culpa, donde la mentira y decir barbaridades apunta a una persona directa y sincera sin pelos en la lengua.
Cuantas veces repetimos slogans e ideas sin pensar críticamente solo por que forman parte de nuestra rutina y, cada época tiene sus propia Lingua Tertil Imperi.
Estamos mal pero vamos bien. Toma el control de tu vida. Es la economía estúpido. Yes We Can. Por el cambio. Make America Great Again. Proletarios uniros. España siempre. Por España. De lo que se trata es de reflejar una identidad y unos valores sustentados moralmente.
Enemigos del pueblo unos, enemigos de la patria otros. Ciudadanos ejemplares o traidores. Y que decir de esos que se auto etiquetan como gente de bien; sea como sean en cuanto se traducen como identitarias con un refuerzo moral se vuelven peligrosas.
Lenguaje corporativo como «win-win» o «think outside the box», «Carpe Diem», todo como estrategia de comunicación para llegar al que interese para gestionarlas. La jerga digital. La jerga psicológica, en fin nunca habían habido tanto narcisistas, psicópatas, sociópatas, gente toxica a nuestro alrededor. Jerga espiritual que incluso utiliza la IA para revelar preguntas sobre Dios, los extraterrestres, conspiraciones de las elites, pasos para la iluminación.
La libertad empieza por el Lenguaje y quien controla las palabras controla nuestra libertad, no es la censura nuestra problema actual, si no la falta de pensamiento critico. Las palabras han perdido su significado original y, cuando uno se atrapa a si mismo repitiendo un slogan, una idea, una consigna o una palabra cargada de intención, deberíamos preguntarnos :
!Esto lo digo Yo o me lo han reprogramado en la mente?.
Mas adelante con un fuerte pensamiento critico asentado, ya podremos pasar al siguiente nivel y preguntarnos «Quien soy Yo«, pero hasta entonces queda un gran trabajo por hacer.