La gran feminización

La gran feminización

Mi médico de cabecera es desde hace unos 10 años una mujer, los especialistas que he consultado en estos ultimos años han sido mujeres, neurólogas, dermatólogas, internistas, y cuando he tenido que ir de acompañante también. Solo el oftalmólogo resultó ser un hombre. No cabe ninguna duda de que la sanidad ha sido conquistada por las mujeres.

Y con eso no quiero decir que estas doctoras sean menos competentes que los hombres, mi queja viene del costado de la mentalidad femenina y no tanto de la preparación o del saber de uno u otro sexo. Las mujeres son tan competentes o incompetentes que los hombres, en cualquier oficio.

El problema cuando una profesión tiene un exceso de mujeres, es que esa profesión se feminiza. Ha pasado con la politica, la justicia, la enseñanza, la literatura y el periodismo entre otros aunque en ninguna parte es posible observar este fenomeno de una manera tan brillante como sucede con la medicina. Y esta feminzación tiene consecuencias no necesariamente positivas.

Recientemente ha llegado hasta mi este libro cuya autora es Hellen Andrews.

Helen Andrews es una escritora y comentarista conservadora estadounidense, conocida por su trabajo en publicaciones como The American Conservative y The Claremont Review of Books. Licenciada en estudios religiosos por Yale, ha escrito sobre temas como la generación millennial, la política cultural y las dinámicas de género.

¿Qué es «la gran feminización»

Según Andrews describe «la gran feminización» (the great feminization) es el aumento sin precedentes de la representación femenina en todas las instituciones sociales: política, justicia, educación, medicina, empresas y más. Lo califica como una «revolución» de mayor impacto que la caída del comunismo o la invención de Internet. Este fenómeno no es solo demográfico (más mujeres en puestos clave), sino que inevitablemente lleva a una «feminización sustantiva»: un giro cultural que privilegia valores típicamente femeninos —empatía sobre racionalidad, seguridad sobre riesgo, conformidad y cohesión sobre competencia y jerarquía— sobre los masculinos. Ella argumenta que este cambio equivale directamente al «wokeness» (ideología de la conciencia social), viéndolo como un «epifenómeno» de la presencia mayoritaria de mujeres en las instituciones. Datos clave que cita incluyen:

  • Política y justicia: Las legislaturas modernas son un tercio femeninas (sin precedentes históricos); en EE. UU., las mujeres son el 30% de los jueces federales, el 40% en California y el 63% de los nombramientos de Biden. La primera mujer en la Corte Suprema fue en 1981; hoy hay cuatro.
  • Medicina y academia: Las escuelas de medicina y la mayoría de los doctorados y licenciaturas son mayoritariamente femeninos; el profesorado universitario también lo es.
  • Empresas y profesiones: Las mujeres representan el 46% de los gerentes en EE. UU. y la mayoría de la fuerza laboral de cuello blanco con título universitario. En psicología, el campo pasó de 70% masculino hace 25 años a solo 20% en cohortes jóvenes.
  • Tendencia general: Muchos umbrales críticos se alcanzaron en los últimos 5-10 años, no en los 70 como se cree.

Andrews advierte que esta feminización amenaza la civilización al erosionar pilares como el estado de derecho (sustituyendo reglas objetivas por emociones y contextos subjetivos), la búsqueda de la verdad en la academia (censurando ideas «peligrosas») y la innovación en los negocios (desalientando líderes no conformes con RRHH). Cita ejemplos como el despido de James Damore en Google (por herir sentimientos femeninos, no por errores fácticos) o las audiencias de Kavanaugh (donde el testimonio emocional primó sobre evidencia). En su visión, una sociedad «totalmente feminizada» pone al colapso en el horizonte, ya que hombres «desagradables» (dispuestos a defender verdades impopulares) abandonan estos espacios.

La cancelación es una estrategia femenina.

“El Estado de derecho no sobrevivirá si la profesión jurídica se vuelve mayoritariamente femenina”.

En este articulo puedes leer las ideas de Andrews mas detenidamente.

Ahora bien, para mi la clave del pensamiento de Andrews no es lo que la mayoria de la gente va a interpretar de sus ideas, lo importante es que feminidad no es lo mismo que feminización ni tampoco lo es el feminismo. La feminidad es algo invividual mientras que la feminización es algo sistémico y el feminismo su brazo político y no depende del numero de mujeres que haya en una determinada profesión, sino de la mentalidad femenina. Y la mentalidad femenina no solo la podemos encontrar en una mayoria de mujeres sino en la mayor parte de los gays y en buena parte de hombres heterosexuales. De ahi su prevalencia sistémica.

Comparto la idea de Andrews de que este fenómeno cultural —la feminización— no es algo orgánico ni espontáneo sino que es un subproducto de ingenieria social al que se ha destinado ingentes cantidades de dinero, de manera que cree que cuando se dejen de financiar estas ideas las cosas volverán a su cauce natural.

Consecuencias de la feminización de algunas profesiones.-

Mi experiencia con doctoras es que las mujeres privilegian más la seguridad que la innovación y es por eso que siguen el protocolo de una manera religiosa, piden más pruebas diagnósticas y rechazan pensar fuera de la caja. Aceptar e protocolo de manera firme supone una claudicación del pensamiento critico o alternativo en medicina, que es clave, puesto que los sistemas operativos son capaces de diagnosticar y tratar pacientes pero como si fueran todos iguales. Los que pensaban que la feminización de la medcina iba a traernos una mayor humanización en el trato con los pacientes se equivocaron: las mujeres son adictas al protocolo y no a los pacientes, son en ese sentido más obedientes con el sistema y no lo cuestionan nunca salvo para reivindicar sus excesos de trabajo.

Las mujeres son más conformistas, y privilegian la cohesión sobre la competitividad sin dejar por ello de ser tan ambiciosas como sus compañeros.

En relación con la justicia ya estamos observado que:

Si la profesión jurídica se vuelve mayoritariamente femenina, preveo que se extenderá la filosofía de los tribunales del Título IX y las audiencias de Kavanaugh. Los jueces flexibilizarán las normas y dulcificaran las sentencias para favorecer a los grupos favorecidos y las aplicarán rigurosamente a los grupos desfavorecidos, como ya ocurre de forma preocupante. En 1970, se creía que la incorporación masiva de mujeres a la profesión jurídica tendría un impacto mínimo. Esa creencia ya no es sostenible. Los cambios serán masivos.

Si usted alguna vez se ha preguntado las razones por las que un violador y un delincuente a pesar de la gravedad de sus delitos no acaba nunca de tener una sentencia conforme al daño llevado a cabo, ya sabe las razones, se deben a la supremacía del pensamiento femenino que prioriza la empatía y la compasión sobre la justicia, sobre todo cuando se está juzgando a alguien de raza, genero o inclinaciones sexuales bien distintos a los nuestros. La hiperempatía de los jueces es algo a evaluar constantemente y no importa sin son hombres o mujeres: ambos están adoctrinados por la feminización de nuestro mundo, occidental claro.

Nuestra sociedad es demasiado empática y es necesario terminar con esa empatía kantiana inducida por OENGs y sustituirla por una empatia del sentido común y racional (postkantiana)

Curiosamente, ambos bandos del espectro político coinciden en cuáles serán esos cambios. El único desacuerdo radica en si serán positivos o negativos. Dahlia Lithwick inicia su libro Lady Justice: Women, the Law, and the Battle to Save America con una escena de la Corte Suprema en 2016, durante los argumentos orales sobre una ley de aborto en Texas. Las tres juezas, Ginsburg, Sotomayor y Kagan, «ignoraron los plazos formales, hablando con entusiasmo por encima de sus colegas masculinos». Lithwick celebró esto como «una explosión de poder judicial femenino reprimido» que «ofreció a Estados Unidos un atisbo de lo que la auténtica paridad de género, o casi paridad, podría haber significado para las futuras mujeres en las poderosas instituciones legales estadounidenses». 

Soluciones propuestas

Andrews, que se identifica como mujer y defensora de logros femeninos, no busca excluir a las mujeres, sino eliminar presiones artificiales:

  • Derogar leyes antidiscriminación que penalizan la subrepresentación femenina, lo que obliga a contratar/promover mujeres y crea culturas «acogedoras» (es decir, aversas al conflicto, repelentes para hombres).
  • Despedir a las «damas de RRHH» (get rid of all the HR ladies), liberando a las empresas de obligaciones legales para que recluten naturalmente.
  • Combatir la «trampa de los dos ingresos» con políticas que permitan familias de un solo sustentador, dando a las mujeres la opción real de priorizar el hogar si lo desean.

Enfatiza un enfoque desinteresado: «Lo que es mejor para la sociedad en la que vivo y en la que crecerán mis hijos», no para ventaja individual

Y lo peor: la gran feminización ha terminado por expulsar a los hombres de esos espacios demasiado estrogénicos.

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Conversación y debate

4 comentarios

La lectura continúa aquí: objeciones, matices, preguntas y cruces con otros textos.


  1. Muy de acuerdo con lo expuesto en el artículo. Me da la impresión de que el punto en que confluyen todas las ideologías demenciales enmarcadas dentro del Globalismo exportadas desde USA e importadas por todo Occidente, consiste en conseguir a toda costa que la raza blanca se reproduzca lo menos posible. Todavía no entiendo muy bien con que objetivo, pero, hay gente que dice de que se trata de un intento de disolución racial-cultural-identitario con el fin de restar fuerza a los estados-nación hasta llegar a disolverlos también.


    Se me escapa, pero, percibo demasiadas coincidencias y demasiada estrategia que no se explican sin una ingeniería social detrás.

  2. Me parece muy interesante el tema que trae a colación, además de inteligente el planteamiento.Gracias por ilustrarme a pensar más ampliamente,

  3. Noticias mas o menos relacionadas:

    Una de cal:

    ¿Se está acabando finalmente el contagio social transgénero?

    https://es.sott.net/article/102060-Se-esta-acabando-finalmente-el-contagio-social-transgenero

    Quizás las ideologías ‘artificiales’ empiezen a caer por su propio peso, y pase lo mismo con la feminización.

    Y otra de arena:

    Científico encuentra evidencia de «ADN extraterrestre» en humanos

    https://es.sott.net/article/102030-Cientifico-encuentra-evidencia-de-ADN-extraterrestre-en-humanos

    Quizás, la realidad supere a la ficción.


  4. Cuando era joven, pensaba convencidamente que con la incorporación de la mujer a la política todo empezaría a ir mejor. Sin embargo, visto lo visto, parece que la cosa no ha sido así, ya que la política no ha mejorado en absoluto.


    Lo mismo ocurre con la medicina en la Seguridad Social: no ha mejorado nada con la incorporación femenina, y me refiero sobre todo al trato y a la empatía general con el paciente.


    También estoy de acuerdo con la impresión de que «pensar fuera de la caja» parece ser una cualidad más frecuente en hombres, mientras que ceñirse estrictamente a las normas y pautas marcadas, con poca flexibilidad a la hora de aplicarlas, parece más habitual en mujeres.


    Precisamente hoy mismo fui a recoger mi analítica anual y mi doctora de cabecera me dijo: «Supongo que seguirá con las estatinas, ¿no?». Yo le contesté que padecía dolor crónico y que no creía que mis valores de colesterol LDL fueran suficientemente altos como para justificar tomarlas. «¿Es que quiere usted tener un infarto?», me respondió.


    Tengo el LDL en 160, el HDL en 50, triglicéridos en 80, nunca he fumado, no soy hipertenso, hago suficiente ejercicio, el perímetro de mi vientre está bien, PCR negativa, ratio neutrófilos/linfocitos en 0,97, no tengo resistencia a la insulina, eso si, tengo mucho estrés psíquico.


    Por un único valor elevado de LDL aislado, no me iba a tomar las estatinas. No se lo tomó bien. Estoy seguro de que si me da un infarto no será por tener 160 de LDL, sino por la confluencia con otros factores que, esos sí, tengo que verificar, y lo haré por privado, estoy cansado de tanta lucha.


    Lo que quiero decir es que en los centros de trabajo, y en todo en general, lo ideal sería un equilibrio entre energías femeninas y masculinas. Ya comenté en otra ocasión lo que me dijo una amiga veterana funcionaria, según ella, literalmente no se podía trabajar en su oficina porque el número de hombres era demasiado pequeño.


    Me comentó el tipo de problemas entre mujeres que hay en su negociado y me quedé asombrado, muchos parecían problemas típicos de chicas de instituto.

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