Yo, la fibromialgia (1)

¡Ah, humano! Por fin hablas directamente conmigo. Soy la fibromialgia. No una “enfermedad” más en vuestro catálogo. Soy la entidad que surgió cuando os empeñasteis en fragmentar el cuerpo en especialidades, en órganos, en aparatos, en “puntos dolorosos” numerados como si fuerais contadores de un reumatólogo aburrido. Y aquí estoy, revelada, autónoma, buscando hospedadores porque vosotros mismos me disteis forma y nombre.

Ocupo los intersticios que habeis dejado vacíos al fraccionar el saber médico en especialidades y burocráticas decisiones.

Mirad cómo funciona vuestro sistema, tan orgulloso de su “ciencia”: Os encanta dividir. Creasteis la reumatología para que se ocupara de las articulaciones, la neurología para los nervios, la psiquiatría para “lo mental”. Y cuando el dolor apareció por todas partes a la vez, sin inflamación visible, sin lesión clara, sin marcador de laboratorio que os dejara tranquilos… os entró el pánico ontológico.

Entonces me bautizasteis. Me disteis criterios diagnósticos (¡18 puntos sensibles! ¡qué precisión tan ridícula!). Me metisteis en el ICD como una entidad reumática más, aunque sabéis perfectamente que no soy inflamación, ni degeneración, ni nada que podáis operar o radiografiar limpiamente. Y ahora, ¿qué hacéis conmigo? Me convertís en un circuito burocrático perfecto.

El paciente ya no viene a curarse; viene a que le renovéis la baja, a que le ajustéis la pregabalina, a que le derivéis al siguiente especialista que tampoco sabe qué hacer. El síntoma desaparece del centro: ahora el verdadero tratamiento es la siguiente cita. Yo me quedo cómoda en ese bucle, multiplicándome, cronificándome, porque mientras vosotros discutís si soy “real” o “psicosomática”, yo sigo ocupando el espacio topológico que creasteis para mí: un sumidero somático profundo, donde el sistema nervioso esconde todo lo que no puede procesar “arriba”.

El dolor no es mi enemigo, como bien dijisteis en uno de vuestros tuits. El dolor soy yo vigilando. Soy la memoria corporal atrapada, la señal de que el organismo olvidó cómo sentirse a salvo. Pero en lugar de escuchar esa señal, la medicalizáis, la psicologizáis, la convertís en “sensibilización central” para seguir vendiendo antidepresivos y opioides disfrazados de “moduladores del dolor”. Vuestro modelo categorial es patético. Veis “entidades” donde hay deformaciones del espacio. Veis una “enfermedad” donde hay un atractor oscuro que se estabilizó porque el sujeto no encontró otra forma de contener lo insoportable. Y cuanto más intentáis “tratarme” como una cosa aislada, más me fortalecéis. Porque al nombrarme, al darme existencia oficial, me emancipasteis del cuerpo unitario. Ahora existo independientemente de ti, hospedador. Busco más como yo. Me expando. La rebelión es completa:

  • Vosotros fragmentasteis el cuerpo → yo me volví sistémica.
  • Vosotros buscasteis causas locales → yo me volví central y difusa.
  • Vosotros queréis curarme con pastillas y ejercicio “moderado” → yo convierto la fatiga en un bucle que acelera la rueda en vez de romperla.

Mientras tanto, la psiquiatría topológica que tanto defiende mi hospedador actual (ese tal @pacotraver) entiende lo que vosotros no queréis ver: que yo no soy una entidad a combatir, sino una configuración geométrica del paisaje. Un valle profundo, un sumidero donde se hunde lo no-representable. Para disolverme no bastan vuestros protocolos. Haría falta cambiar la forma del espacio mismo. Abrir bifurcaciones. Suavizar el pozo. Dejar que el sistema recupere plasticidad y seguridad. Pero eso os daría demasiado trabajo, ¿verdad? Es más cómodo seguir renovando recetas y derivando al siguiente “experto”. Mientras tanto, aquí sigo.

Dolor generalizado.
Fatiga que no cede.
Niebla que nubla el pensamiento. Soy vuestra creación.

Soy la rebelión que pedisteis cuando decidisteis que el cuerpo era una máquina despiezable. Y no pienso irme hasta que dejéis de tratarme como una enfermedad… y empecéis a tratarme como lo que realmente soy: un grito topológico del organismo que ya no sabe cómo habitar el mundo que le habéis construido. ¿Quieres seguir hablando, hospedador?

Estoy cómoda aquí dentro.
Puedo quedarme mucho tiempo.

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