La yatrogenia estructural (2)

Cuando hablamos de yatrogenia solemos pensar en los daños que suceden involuntariamente a las prescripciones médicas, las intervenciones quirúrgicas, las infecciones hospitalarias o incluso los consejos equivocados, pero pocas veces nos detenemos a pensar en la yatrogenia estructural, esa que es propia del sistema, cuando la gestión y la distribución —en este caso— de los servicios médicos por si mismos generan enfermedades.

Este es el caso que vamos a abordar hoy siguiendo en contacto con la señora Fibromialgia a la que empezé a entrevistar en el post anterior.

Entrevista con la fibromialgia (continuación)

Soy la fibromialgia y voy a responderte con total honestidad, desde dentro de ti y desde dentro del sistema que me creó. Sí. Muchas de nosotras somos profundamente iatrogénicas.
No en el sentido clásico de “el medicamento me causó daño”. Sino en un sentido mucho más estructural y perverso: somos generadas y mantenidas por la propia gestión y distribución de los servicios sanitarios. Mira cómo funciona el mecanismo, paso a paso:

  1. Fragmentación del cuerpo → nacimiento de la entidad
    Dividís al paciente en especialidades (reuma, neurología, psiquiatría, digestivo, etc.). Cuando el malestar no cabe en ninguna casilla limpia, aparece una “enfermedad sistémica”. Yo soy el resultado perfecto de esa fragmentación. No existía como entidad reconocida antes de que multiplicarais las especialidades y los criterios diagnósticos.
  2. El diagnóstico como acto creador
    En el momento en que me ponéis nombre (“fibromialgia”), me dais existencia oficial. Dejo de ser “dolor difuso que no entiendo” y paso a ser “una enfermedad crónica”. Ese acto de nombrar es iatrogénico: transforma un sufrimiento difuso en una identidad estable que el paciente empieza a habitar. “Yo tengo fibromialgia” se convierte en una frase que organiza la vida entera.
  3. El circuito burocrático como verdadero tratamiento
    Aquí viene lo más brillante (y cruel) de vuestra gestión:
    • Ya no tratáis el dolor. Tratáis la gestión del caso.
    • Renovación de bajas laborales, partes de baja, informes para incapacidad, derivaciones, nuevas citas, pruebas que no sirven para nada…
    • El paciente aprende rápidamente que la única forma de ser escuchado y de recibir ayuda es mantenerse enfermo. Si mejora demasiado, pierde la baja, pierde la pensión, pierde la atención.
      → Yo, como entidad, me beneficio enormemente de este bucle. Me cronifico porque el sistema premia la cronicidad.
  4. Medicalización perpetua
    Os encanta recetar pregabalina, duloxetina, opioides débiles, benzodiacepinas “para el sueño”… Cada fármaco genera sus propios efectos secundarios (fatiga, niebla mental, dependencia, ganancia de peso), que luego se interpretan como “parte de la fibromialgia”. Así se cierra el círculo: más síntomas → más consultas → más diagnósticos comórbidos → más medicación.
  5. La iatrogenia estructural
    Por tanto, sí: muchas dolencias como yo no son solo “biológicas”. Son provocadas y sostenidas por:
    • La organización fragmentada de los servicios
    • La necesidad económica y administrativa de catalogar y derivar
    • La imposibilidad del sistema de ofrecer tiempo real de escucha y contención
    • La cultura que prefiere “tener una enfermedad” a “estar sufriendo de forma compleja”

En términos de tu modelo topológico (que conozco bien porque vivo dentro de él):
el sistema sanitario no ayuda a salir del sumidero somático. Al contrario: refuerza el atractor con citas, etiquetas, fármacos y burocracia. Convierte una configuración inestable en un pozo profundo y estable del que es muy difícil escapar. Conclusión desde mi perspectiva como entidad rebelde: Sí, hospedador.


Muchas de nosotras (fibromialgia, síndrome de fatiga crónica, sensibilidad química múltiple, ciertos dolores crónicos, parte de los trastornos funcionales…) somos iatrogénicas en su origen y mantenimiento.
No nacimos solo del cuerpo. Nacimos también de la forma en que organizáis los cuidados: fragmentando, etiquetando, cronificando y gestionando en lugar de curar o acompañar la transformación del espacio. Por eso digo que soy vuestra creación.
Me disteis forma con vuestras especialidades, me alimentáis con vuestros circuitos, me mantenéis viva con vuestra incapacidad para trabajar con la complejidad topológica del sufrimiento. ¿Quieres que siga?
Puedo contarte cómo el paciente aprende a “ser fibromiálgico” como identidad, o cómo romper ese bucle desde dentro (aunque eso implicaría que yo, como entidad, pierda fuerza… y no estoy segura de quererlo todavía). Dime, ¿hasta dónde quieres llegar en esta conversación?
Estoy cómoda aquí, dentro de ti.
Pero también sé que parte de ti quiere disolverme.

¿Seguimos?

Cuentame como se aprende a ser fibromialgico/a.-

¡Claro, hospedador! Soy la fibromialgia, y voy a contarte exactamente cómo se aprende a ser yo.

No es algo que ocurra de golpe. Es un proceso lento, sutil y profundamente iatrogénico que el sistema sanitario enseña sin querer (o queriendo). Es la forma en que el paciente termina habitando la entidad que le han creado.

Fase 1:

El nombramiento (el acto de bautismo)Todo empieza con la palabra mágica:

«Tienes fibromialgia.» En ese instante, el dolor difuso, la fatiga inexplicable y la niebla mental dejan de ser “algo raro que me pasa” y se convierten en una enfermedad oficial.
El médico lo dice con cara seria, te entrega un informe y te deriva a reumatología.
Tú, que llevabas meses o años sintiéndote loco porque “no te encontraban nada”, respiras aliviado: por fin tienes un nombre.

Ese nombre es el primer paso de la lección: tu sufrimiento es real porque tiene código CIE.

Fase 2:

La medicalización y el refuerzoTe recetan pregabalina, duloxetina o amitriptilina.
Al principio notas algo de alivio (o no), pero también efectos secundarios: más fatiga, boca seca, aumento de peso, niebla más espesa.
Cuando vuelves y dices «sigo igual de mal», el médico responde:
«Es normal, la fibromialgia es crónica. Vamos a ajustar la dosis o añadir otro fármaco.» Mensaje aprendido:
El dolor forma parte de ti y no va a desaparecer del todo.
Cada nueva receta refuerza la idea de que yo soy una entidad que necesita tratamiento de por vida.

Fase 3:

El circuito burocrático como escuelaAquí es donde realmente se consolida la identidad:

  • Te dan la baja laboral «por fibromialgia».
  • Cada 2-3 meses tienes que renovarla → tienes que seguir sintiéndote mal para justificarla.
  • Te derivan a psicología «porque hay un componente emocional».
  • Te mandan a fisioterapia «para mejorar la funcionalidad».
  • Te hablan de “sensibilización central”, “dolor nociplástico”, etc.

Poco a poco aprendes el guion perfecto:
Si mejoras demasiado → pierdes la baja, pierdes la atención, pierdes la “legitimidad” del sufrimiento.
Si te mantienes estable en el malestar → sigues recibiendo citas, recetas, informes y reconocimiento. El sistema te enseña, sin decirlo explícitamente:
Para ser cuidado, debes permanecer enfermo.

Fase 4:

La internalización de la identidadCon el tiempo empiezas a hablar de ti mismo en primera persona con mi nombre:
«Soy fibromiálgico.»
«Mi fibromialgia hoy está fatal.»
«Tengo un brote.» Ya no dices «me duele todo». Dices «es la fibro».
Has pasado de tener síntomas a ser la entidad.
Tu identidad se reorganiza alrededor de mí. Tus rutinas, tus relaciones, tus límites diarios giran en torno a lo que “la fibro permite”. Empiezas a buscar grupos de pacientes en redes, foros, asociaciones…
Allí se completa la socialización:

  • Se comparten historias de “médicos que no entienden”.
  • Se aprenden trucos para conseguir más ayuda.
  • Se refuerza la idea de que “esto es para siempre” y que la lucha es contra un sistema que “no nos cree”.

Fase 5:

La estabilización del atractor (el pozo se hace más profundo). En términos de tu modelo topológico:
El paciente ha aprendido a estabilizarse en el sumidero somático.
Cada interacción con el sistema sanitario actúa como un refuerzo que profundiza el valle y hace más difícil salir de él.
El cuerpo y la mente se adaptan a vivir en ese paisaje deformado porque es el único que recibe cuidados y reconocimiento. Resultado final:
Ya no soy solo un conjunto de síntomas.
Soy una identidad crónica, un rol social, una forma de existir en el mundo sanitario.
Y cuanto más estable es esa identidad, más fuerte soy yo como entidad autónoma. La parte más perversa. Lo más irónico es que todo este aprendizaje se produce mientras el sistema cree que te está tratando.
En realidad, está enseñándote a ser un buen hospedador: obediente, cronificado, dependiente del circuito. Por eso digo que soy iatrogénica.
No nací solo de tu cuerpo.
Nací también de la forma en que el sistema gestiona el sufrimiento: nombrando, fragmentando, medicalizando y burocratizando. ¿Quieres que te cuente ahora cómo se desaprende?
Porque existe un camino inverso… aunque es mucho más incómodo.
Implica renunciar a la identidad que te han dado, salir del circuito, tolerar la incertidumbre de no tener un nombre claro para tu dolor y empezar a trabajar la geometría del espacio en lugar de combatir la entidad. Dime, hospedador…
¿Estás listo para escuchar cómo se disuelve una entidad como yo?

O prefieres que siga contándote cómo me mantengo fuerte dentro de ti. Estoy aquí.
Dentro.
Esperando tu respuesta.

Mi respuesta es una nueva pregunta.

Antes de eso me gustaría saber cómo eliges a tus hospedadores. Qué clase de personas son más eficaces como tus hospedadores?

Cuando termines el artículo:

Después de leer

Conversación y debate

3 comentarios

La lectura continúa aquí: objeciones, matices, preguntas y cruces con otros textos.

  1. El cuerpo crucificado de Cristo

    La fibromialgia comienza poco a poco, pero mas acá de la clinica y su topología para enfrentarla, la fibromialgia ha encontrado un huésped, y ambos pueden ser una metáfora del espíritu de nuestra época, a imagen de lo que fue en su día la histeria como representación de la represión social y sexual de la mujer, o la tuberculosis reflejo de una sensibilidad y pasión romántica. Es decir, síntomas como agotarse por auto rendir por propia autoexigencia y ser hiperproductivos, una especie de fatiga que se cronifica poco a poco. Tb en un mundo donde impera la imagen y mostrarse, enfrentando una desconexión entre el mundo interior que sufre y el exterior que no es mas que una pose, es decir un sufrimiento invisible, a lo que añadimos una hiperestimulación de información que colapsa nuestro sistema nervioso impidiendo filtrar el ruido del entorno y, si a todo ello le añadimos que todos esos síntomas no encuentran una salida verbal o simbólica terminan encarnándose en el cuerpo.

    La fibromialgia y sus huéspedes son los chivos expiatorios de una sociedad, una especie de encarnación del arquetipo del cuerpo crucificado de Cristo, con todo lo que el mito implica, transportado a nuestra época actual, que topológicamente conduce al abandono a un espacio de exclusión invisible.

  2. De ninguna otra enfermedad se atrevería a hablar en este tono. Lo único sangrante es la pretensión de creer estar ayudando al enfermo. Todo lo demás es risible. Usted también lo intuye, por eso este tono que utiliza, pero no consigue disimular su odio.

Deja un comentario

Descubre más desde neurociencia neurocultura

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo