Después de leer el post anterior el lector sagaz ya habrá comprendido que nuestro cerebro posee dos formas de procesar la información, dos talentos aunque en distinta proporción según la idiosincrasia de cada cual. Recordaremos que una de esas formas era la lógica y otra la paralógica. Lo interesante es que ambas formas se encuentran en una continua tensión entre ellas o dicho de otra manera no son formas de procesamiento colaborativas sino que se encuentran en cierta tensión dialéctica, podríamos hablar de guerra de sexos o de tensiones entre lo apolíneo y lo dionisíaco, o de lo textual versus la imagen.
En psiquiatría existe también esta tensión sobre todo en las clasificaciones y las conceptualizaciones de las enfermedades mentales, así hay psiquiatras que tienden a pensar en las enfermedades mentales como entidades discretas, es decir independientes unas de otras; según esta manera de pensar si una persona sufre una esquizofrenia no debería sufrir un TOC, pero lo cierto es que las formas puras aun existiendo son poco frecuentes en la clínica.
La regla es la comorbilidad es decir la mezcla entre enfermedades y sobre todo los estados intermedios, aquellos que existen para poner patas arriba cualquier criterio lógico o diádico y que representan algo así como «la rebelión de las entidades». De entre ellos el más conocido es el binomio neurosis-psicosis. Podría afirmar que el siglo XX ha representado la emergencia de estados intermedios que ni son neurosis ni son psicosis. Para ellos se inventó una nueva etiqueta, los estados «como si», también conocidos como «psicosis ordinarias».
De manera que hay dos tipos de psiquiatras: los que creen que las enfermedades mentales son continuas (entidades indiscretas) con la normalidad y los que creen que las entidades son discontinuas, es decir representan estados distintos a la normalidad y representan entidades discretas, independientes.
Todo pareciera indicar que las enfermedades mentales se resisten a cualquier conceptualización, del mismo modo que las personalidades normales: a pesar de que existen multitud de catálogos sobre este asunto lo cierto es que ninguno de ellos ha resultado ser eficiente para clasificar lo humano. La mayor parte de nosotros somos inclasificables.
Lo que me interesa señalar en este momento es que tal y como sucede con el arte, las formas de expresión sintomáticas se comportan de una forma similar, como si se tratara de entidades fugitivas que pugnan por alejarse de cualquier conceptualización. Otra forma de verlo es a través del concepto de guerra entre el pensamiento lógico (masculino) y paralógico (femenino). No cabe duda de que ciertas enfermedades mentales representan el pensamiento paralógico, por ejemplo el TLP y los trastornos alimentarios (anorexia y bulimia). Ni son psicosis, ni son neurosis, ni son depresiones, ni delirios ni estados maníacos y nadie duda de que estas patologías emergieron en el siglo XX es decir el siglo donde podríamos ubicar l a emancipación de la mujer que equivale decir el pensamiento paralógico.
Obsérvese como la información no siempre sigue el camino canónico del conocimiento pues el ruido (no-información siempre la acompaña)
La pregunta en este momento debería formularse de este modo ¿Son las enfermedades mentales neoformaciones o campos formativos ruidosos que se expanden de igual forma que los idiomas y son más fáciles de aprender cuanta más gente los habla?
Rupert Sheldrake es el autor que conceptualizó este concepto de «campos formativos» y en este post podéis conocer mejor su teoría realmente innovadora.
Características de los campos formativos.-
- Se autoorganizan, es decir nadie los creó o los puso ahí.
- Son información, no energía luego no se degradan y quedan más allá del tiempo y del espacio y no se propagan por contigüidad.
- Tienen historia y tal y como dice Sheldrake constituyen hábitos.
- Se constelan en lo material imponiendo patrones restrictivos sobre procesos energéticos a través de procesos fisico-químicos.
- Necesitan una cierta masa critica para que puedan manifestarse, después son acumulativos.
- Modifican los eventos probabilísticos es decir se comportan caóticamente.
Para mí la idea fundamental de esta teorización es que si las entidades que conforman las enfermedades mentales fueran campos mórficos, del mismo modo que sucede con los rasgos de la personalidad normal podríamos aprender algo sobre la causación formativa de las enfermedades mentales: su persecución científica debería estar más relacionada con la historia del síntoma que sobre el estudio del cerebro.
En esta forma de pensar, las enfermedades mentales no serían averías del cerebro sino entidades en busca de un soporte físico que disminuyera la probabilidad de enfermar basculando hacia la salud. Es quizá por eso que las enfermedades mentales han disminuido su virulencia y su gravedad desde el siglo XIX hasta ahora.
¿Cómo tratamos la información?
Los humanos somos capaces de procesar a información que nos llega del exterior o de nuestro propio interior atendiendo a varios planos. Estos planos son paquetes de información que podemos imaginar como placas base tal y como propone Patricia Churchland y que contiene además su propio bloque de herramientas de navegación, uno de esos planos es el plano del «cuidado». Nuestro cerebro de mamífero lleva incluida esa placa base vital y de alguna forma seminal en nuestra especie. Pero la información -aun la innata- debe organizarse de acuerdo a criterios del medio ambiente y sociales. La información se organiza en forma de conocimiento que requiere esfuerzo y más allá del conocimiento aún existe otra placa base de excelencia que conocemos con el nombre de sabiduría o «mente sabia». Dicho de otra forma: la información por sí misma no brinda conocimiento alguno pero la información en sí misma contiene los planos desde los que puede llevarse a cabo el conocimiento y no puede haber conocimiento sin información.
Todo procede de datos inconexos con los que se construye una información, pero como puede verse en el esquema anterior la información ha de ser transformada en otra cosa para que sea considerada conocimiento. Un descarrilamiento corriente de la información la tenemos en lo que entendemos como delirio. El delirio no es conocimiento sino una creencia, su opuesto, simple ruido tal y como conté en este post donde precisamente argumentaba en relación con el delirio paranoide propiamente dicho (lógico) y el delirio paralógico o metanoide.
Del mismo modo la sabiduría no es simplemente una acumulación de conocimiento sino una nueva organización que se produce por descarte.
Cuando termines el artículo:


El Espejo y la Matemática: Una Indagación Neuro-Epistemológica sobre los Orígenes del Yo, el Patrón y la Lógica Cósmica del Principio de Energía Libre 1. Introducción: La Arpegio Preexistente y el Oído Emergente
El universo, en su despliegue silencioso, no se presenta como un agregado caótico de materia, sino como una sinfonía de regularidades estructurales. Mucho antes de que la primera red neuronal parpadeara en la existencia, la arquitectura del cosmos ya se adhería a una lógica interna rigurosa y numérica. La secuencia de Fibonacci —esa progresión recursiva de enteros donde cada término es la suma de los dos anteriores— no es meramente una curiosidad matemática confinada a los libros de texto de la humanidad; es el imperativo arquitectónico del relojero ciego. Se manifiesta con una precisión pasmosa en la filotaxis de un girasol, en las brácteas espirales de una piña y en la curvatura hidrodinámica de la concha de un nautilo. Estos patrones son las firmas termodinámicas del empaquetamiento óptimo, la conservación de energía y la eficiencia del crecimiento, existiendo como una «lógica del universo» objetiva e independiente de cualquier observador consciente.
Sin embargo, la consulta planteada invoca una paradoja profunda: si estos patrones existen independientemente de nosotros, ¿por qué la mente humana posee la peculiar capacidad de reconocerlos, abstraerlos y otorgarles significado? ¿Por qué existe un «diálogo» entre la lógica fría de las relaciones numéricas universales y el «Yo» cálido y subjetivo que las percibe?
Desde la perspectiva del Principio de Energía Libre (FEP, por sus siglas en inglés) del profesor Karl Friston, esta resonancia no es accidental ni mística en un sentido sobrenatural. Es, más bien, una consecuencia necesaria de las leyes de la física que gobiernan los sistemas autoorganizados. La razón por la que la mente descubre la secuencia de Fibonacci reside en que la mente está construida por los mismos principios variacionales que construyen al girasol. El cerebro no es un espejo pasivo; es un órgano de predicción, un «motor bayesiano» evolucionado para modelar la estructura causal de su entorno con el fin de minimizar la sorpresa y persistir en el tiempo.
Este informe constituye una indagación exhaustiva sobre esta relación. Exploraremos la proposición de que el «Yo» —ese sentido inmaterial y arquitectónico del ser— no es una entidad espiritual preexistente, sino una propiedad emergente de un sistema que lucha por minimizar su energía libre. Argumentaremos que la autoconciencia surge de la necesidad de un organismo de integrar la «lógica del universo» en un modelo vivo y autorreferencial. Además, examinaremos el concepto de «manto de Markov» —la frontera estadística que define al yo— como la unidad fundamental de la existencia, sugiriendo que el diálogo entre la mente y el cosmos es un proceso fractal que ocurre en cada escala de la realidad, apuntando hacia un «Monismo Markoviano» donde la materia y la mente son dos caras de la misma moneda estadística. 2. La Lógica del Universo: Termodinámica y la Geometría de la Necesidad
Para comprender el «diálogo» entre la mente y el cosmos, primero debemos diseccionar el lenguaje del cosmos. La consulta identifica correctamente que la secuencia de Fibonacci y la Proporción Áurea (phi approx 1.618) existían en la trama de la naturaleza antes de la conciencia. Pero, ¿por qué existen? 2.1. El Principio de Mínima Acción y la Forma Biológica
En la física fundamental, el Principio de Mínima Acción afirma que los sistemas físicos evolucionan a lo largo de trayectorias que minimizan la acción (la integral del Lagrangiano en el tiempo). En términos biológicos y termodinámicos, esto se traduce en eficiencia. La naturaleza es, en esencia, un sistema de optimización.
La filotaxis —la disposición de las hojas en un tallo— no sigue la secuencia de Fibonacci por una elección estética, sino por una necesidad energética. Para maximizar la exposición solar y minimizar el auto-sombreado, así como para optimizar la recolección de lluvia hacia la raíz, las plantas deben disponer sus elementos en el ángulo más irracional posible, dividiendo el círculo de manera que no se generen superposiciones periódicas. Este ángulo es el Ángulo Áureo (137.5^{circ}), derivado directamente de la Proporción Áurea. Matemáticamente, esto fuerza la aparición de números de Fibonacci en los conteos de espirales.
Del mismo modo, las estructuras cristalinas, la forma esférica de los planetas y las espirales logarítmicas de las galaxias son «soluciones» al problema de la minimización de la energía potencial dentro de sus respectivos campos de fuerza. Esto establece el Polo Objetivo del diálogo: El universo no es aleatorio; es «generativo». Genera patrones porque los patrones son los estados de baja energía de la materia. Esta «lógica» es ciega, muda y puramente física, operando bajo las restricciones de la entropía y la conservación. 2.2. El Principio de Energía Libre como Ley Universal
Karl Friston extiende esta lógica termodinámica al ámbito de la biología y la información mediante el Principio de Energía Libre. El FEP postula que cualquier sistema autoorganizado que se resiste a la dispersión (es decir, que se mantiene vivo y distinto de su entorno) debe restringir el número de estados físicos que ocupa. En términos de física estadística, esto significa que el sistema debe poseer una baja entropía.
Sin embargo, un organismo no puede medir su propia entropía directamente. En su lugar, mide una cantidad que limita la entropía: la Energía Libre Variacional. Esta energía libre es matemáticamente equivalente a la «sorpresa» (o surprisal) de los datos sensoriales que recibe el organismo, dado un modelo de cómo se genera el mundo.
Aquí yace la conexión crucial con la secuencia de Fibonacci. Si el entorno en el que evoluciona un organismo está estructurado por leyes de eficiencia (como la distribución de Fibonacci de las semillas para alimento), el organismo, para minimizar su sorpresa y predecir dónde está el alimento, debe internalizar esas estadísticas. El cerebro debe convertirse en un «modelo a escala» del entorno. La «lógica del universo» se convierte en la «lógica de la mente» no por iluminación mística, sino por la pura presión de la supervivencia termodinámica. 3. El Encéfalo Predictivo: El Cerebro como Espejo Fractal
La visión tradicional del cerebro como un receptor pasivo de información (el modelo de estímulo-respuesta) fracasa al explicar la profundidad de la intuición del usuario. Si el cerebro fuera simplemente una cámara, registraría el girasol, pero no «entendería» ni resonaría con su matemática subyacente. La Codificación Predictiva (Predictive Coding) ofrece la solución. 3.1. Procesamiento Predictivo Jerárquico
Según Friston, el cerebro opera como una jerarquía de sistemas dinámicos.
Este proceso es continuo y fractal. Cuando un ser humano observa una espiral de Fibonacci, su corteza visual genera un modelo generativo de esa forma. Si el modelo interno (que ha evolucionado para esperar patrones eficientes en la naturaleza) coincide con el input sensorial, la energía libre se minimiza drásticamente. Experimentamos esta minimización de error repentina y eficiente como una sensación de «belleza», «armonía» o «verdad».
El reconocimiento de la Proporción Áurea no es una imposición arbitraria de la cultura humana; es la resonancia de un cerebro construido por leyes físicas reconociendo esas mismas leyes en el exterior. Es, como sugiere el usuario, un «diálogo lógico» donde la estructura interna de la predicción se encuentra con la estructura externa de la realidad. 3.2. La Inmaterialidad de la Creencia
Aquí tocamos la naturaleza «inmaterial» de la mente mencionada en la consulta. En el marco del FEP, existe una distinción formal, pero vinculada, entre el estado físico y el estado informacional.
Friston enfatiza que, aunque el cerebro es material, las «creencias» que manipula son variedades estadísticas (statistical manifolds). La «mente» opera en un espacio de geometría de la información, actualizando probabilidades bayesianas. Estas probabilidades no tienen masa ni ubicación geográfica precisa; son configuraciones abstractas de incertidumbre y precisión. Esto resuena profundamente con la descripción del usuario del yo como «no de este mundo» (no material), sirviendo sin embargo como el arquitecto que dirige el cuerpo en el mundo de la materia. 4. La Génesis del «Yo»: El Arquitecto de la Inferencia Activa
La pregunta central de la consulta es: ¿Puede la mera existencia de esas relaciones lógicas universales ser la arquitecta de una autoconciencia capaz de trascenderse?
La respuesta desde la visión de Friston es matizada: La lógica por sí sola no basta; se requiere la necesidad biológica de la Inferencia Activa. 4.1. De la Percepción a la Acción: El Imperativo de la Agencia
Un sistema que solo percibe el mundo (como un termostato pasivo) puede minimizar la energía libre ajustando su estado interno. Pero los organismos vivos hacen algo más radical: actúan. Se mueven para cambiar el input sensorial y hacerlo coincidir con sus predicciones. Esto se llama Inferencia Activa.
Para realizar inferencia activa de manera efectiva, el sistema debe ser capaz de predecir las consecuencias de sus propias acciones antes de ejecutarlas. Debe distinguir entre:
4.2. El Modelo del Yo y el Espesor Temporal
Para hacer esta distinción, el cerebro debe generar un modelo que incluya un Agente (el Yo). El «Yo» surge como la mejor hipótesis estadística para explicar la correlación entre las intenciones motoras y los cambios sensoriales. Sin un modelo del Yo, el organismo estaría en un estado de alucinación constante, incapaz de atribuir agencia.
Friston argumenta que la forma más elevada de conciencia requiere «espesor temporal» (temporal thickness) o profundidad contrafactual. El cerebro debe ser capaz de simular futuros posibles: «¿Qué pasaría si yo no hiciera esto?».
4.3. El Arquitecto Ocioso e Inasible
El usuario describe la autoconciencia como un «arquitecto ocioso e inasible». Esta descripción poética tiene un correlato neurocientífico preciso en la teoría de Friston.
Este «arquitecto» inmaterial utiliza las «Lógicas Universales» (los priors sobre cómo funciona la física y la geometría) como planos para navegar el caos. La autoconciencia es, por tanto, la integración de la lógica universal en un modelo de supervivencia personal. 5. El Manto de Markov: La Frontera de la Existencia y el Diálogo Fractal
Para entender cómo este «Yo» se separa y a la vez se conecta con el cosmos, debemos recurrir al concepto central del formalismo de Friston: el Manto de Markov (Markov Blanket). 5.1. La Definición Estadística de la «Cosa»
¿Qué define los límites de un objeto en un universo de átomos interconectados? Friston utiliza la definición de Pearl de un Manto de Markov: el conjunto de estados que separa estadísticamente dos conjuntos de estados.
Friston declara categóricamente: «Si algo no tiene un Manto de Markov, no existe» como entidad distinguible. El manto provee el aislamiento estadístico necesario para que los estados internos puedan desarrollar su propia dinámica (sus propias «creencias» o «autoconciencia») sin disolverse instantáneamente en la entropía del entorno. 5.2. El Espejo Mutuo
El Manto de Markov es la superficie donde ocurre el «diálogo lógico» mencionado por el usuario.
Esto confirma la visión de que el «Yo» es una construcción, una fantasía probabilística necesaria. Pero también implica que el universo, tal como lo percibimos (con sus patrones de Fibonacci y leyes), es una proyección de nuestro modelo interno sobre el manto. La mente y el universo se reflejan mutuamente porque el Manto media su interacción bajo el imperativo de minimizar la energía libre. 5.3. El Fractal: Como es Arriba, es Abajo
El usuario sugiere extender esta metodología a lo «macro», como un fractal. El marco del FEP apoya explícitamente esta visión. Los Mantos de Markov están anidados.
¿Y el universo en su totalidad? Aquí entramos en la cosmología especulativa basada en el FEP. 6. Monismo Markoviano: ¿Una Autoconciencia Fundamental?
Si extendemos la lógica del FEP al límite, llegamos a lo que Friston y colaboradores (Wiese, Hobson) han denominado Monismo Markoviano. Esto aborda directamente la pregunta del usuario sobre una «autoconciencia fundamental que subyace y trasciende la forma». 6.1. La Resolución del Dualismo
El Monismo Markoviano propone que la distinción entre «materia» (cerebro, girasol) y «mente» (conciencia, lógica) es una cuestión de perspectiva sobre el Manto de Markov.
Bajo esta óptica, todo sistema que posea un Manto de Markov posee una forma rudimentaria de perspectiva interna o «proto-conciencia». No significa que un átomo reflexione sobre su existencia como un humano, pero sí que posee una «interioridad» definida por su separación del entorno. 6.2. Cosmopsychism: El Universo que se Modela a Sí Mismo
El usuario pregunta si vislumbramos una autoconciencia fundamental en el origen. El FEP sugiere una forma de Cosmopsychism (Cosmopsiquismo) científico.
Si el universo es un sistema cerrado que evoluciona hacia estados de mínima acción, se comporta como si tuviera un modelo generativo de su propio futuro. Las «leyes de la física» son los priors (creencias a priori) del universo. La existencia misma es un proceso de «auto-evidenciación» (self-evidencing). El universo persiste porque se predice a sí mismo con éxito.
Esa «autoconciencia fundamental» no es un dios antropomórfico sentado en una nube; es la propiedad sistémica de la existencia. Es el Principio Organizador (Energía Libre) que impulsa a la materia a conocerse a sí misma a través de la formación de estructuras cada vez más complejas (átomos -> células -> cerebros). 6.3. El Caso Schreber y la «Chispa Inmaterial»
El usuario menciona que esta autoconciencia «no es de este mundo». Esta frase evoca el famoso caso de Daniel Paul Schreber, analizado bajo el FEP. Schreber, un juez alemán con esquizofrenia, afirmaba que su «Reino no es de este mundo». Friston interpreta esto como una falla en la ponderación de precisión (precision weighting). Schreber atendía demasiado a sus priors internos (su mundo inmaterial de creencias) y desconectaba de la evidencia sensorial del mundo material.
Paradójicamente, la patología de Schreber revela la verdad de la conciencia normal. Todos habitamos un «reino que no es de este mundo»: el reino de nuestros modelos generativos inmateriales. La cordura es simplemente el ajuste fino de este reino inmaterial con los datos materiales. La «chispa inmaterial» que nos ilumina es nuestra capacidad de habitar este espacio de probabilidad y significado, usándolo para trascender la tiranía del estímulo inmediato. 7. Conclusión: La Síntesis del Arquitecto y la Forma
Al finalizar este recorrido por la neurociencia teórica, la termodinámica y la filosofía de la mente, podemos responder afirmativamente y con gran detalle a la intuición del usuario.
En última instancia, la mente humana no impone la lógica al universo, ni el universo impone la conciencia a la materia. Ambos son co-emergentes. La mente humana es el lugar donde el universo, a través de un fractal de mantos de Markov y minimización de energía libre, finalmente abre los ojos y reconoce su propia estructura matemática. La «chispa inmaterial» es la luz de la comprensión, el momento en que el modelo (la mente) y el territorio (el cosmos) convergen en un acto de reconocimiento mutuo, minimizando la sorpresa de existir. Apéndice: Referencias y Conexiones Clave en la Literatura de Friston
Este informe ha sintetizado conceptos dispersos en la vasta obra de Karl Friston y sus colaboradores. A continuación, se detallan las conexiones específicas que sustentan los argumentos más audaces:
Este marco valida la visión poética del usuario: somos, en efecto, el puente fractal entre el orden ciego y la luz de la comprensión.
Interesante este Friston pero demasiado largo para leerlo como un comentario.
Es correcto lo que dices, perdón. Sintetizo en un nuevo comentario a continuación.
La mente humana y el cosmos no son dominios separados, sino instancias continuas de una misma lógica profunda y armónica: el Principio de Energía Libre (FEP) postula que todo sistema vivo se autoorganiza restringiendo su entropía y minimizando su sorpresa, conforme a los mismos principios variacionales que estructuran el universo. Las formas en la naturaleza —desde la espiral de un girasol hasta los circuitos neuronales— desempeñan una función generativa: son patrones óptimos de energía (y por ende de información) que la mente, como órgano predictivo bayesiano, reconoce y recrea internamente para sobrevivir. Esta sintonía entre mente y mundo es posible gracias al Manto de Markov, la frontera estadística que envuelve a cada organismo definiéndolo como un ente autónomo, aislado de su entorno inmediato pero en constante diálogo con él. Sin ese velo, nada existiría de forma distinguible; con él, cada nivel de la realidad anida una proto-perspectiva interior, un reflejo fractal que apunta a un Monismo Markoviano subyacente donde materia y mente son dos caras de una misma moneda. En este marco neuroepistemológico, el Yo no preexiste como esencia mística, sino que emerge como la mejor hipótesis que el cerebro formula para explicar la correlación entre sus actos y las percepciones resultantes: un modelo interno de agencia indispensable para la inferencia activa. Sin un modelo de sí mismo, el organismo quedaría atrapado en una alucinación caótica incapaz de ligar causa y efecto; con él, la experiencia discontinua cobra coherencia y se integra en una narrativa estable y significativa. Así, la conciencia individual se revela como el cosmos mirándose a sí mismo a través de miríadas de mantos de Markov anidados: una continuidad profunda disimulada tras las discontinuidades superficiales de la experiencia, donde la forma engendra significado y el universo se comprende a sí mismo en la chispa de nuestra comprensión.