Embaucadores

Un embaucador no es un simple embustero, es —en cualquier caso— un embustero con carisma. Eso mismo estuve pensando el otro día, cuando por casualidad me encontré con un antiguo conocido con el que había compartido espacio y tiempo en una de esas tareas en las que me embarcaba cuando era joven y que ahora tanto me aburren.

Este embaucador al que llamaré señor X, para que parezca literario (aunque es real) y parecido a uno de aquellos pacientes de Freud, era lo que entendemos en clinica como un psicopata paranoide.

Usualmente creemos que los psicópatas son narcisistas, y ambas etiquetas las usamos juntas sin caer en la cuenta de que todos los psicópatas son narcisistas si pertenecen al cluster B de las clasificaciones internacionales de la personalidad, pero pocas veces pensamos que otros psicópatas pertenecen en realidad al cluster A. Durante la conversación que mantuvimos ese dia observé ciertos fenómenos y recordé otras declaraciones del señor X, que creo que merece la pena recordar y reflexionar sobre ellas.

De manera que de forma previa señalaré que el Sr X es un psicópata paranoide. Es psicópata porque solo está interesado en el poder, el sexo y en el dinero. Y es paranoide porque es desconfiado y rencoroso. Pero lo que más me interesa de la personalidad del señor X son oros elementos que usualmente no aparecen en las clasificaciones convencionales. Y una de ellas es el gregarismo y la capacidad para «embaucar» a personas normales para causas peregrinas.

El señor X comenzó su «carrera» a través de grupos de inspiración cristiana, destinados a verbalizar, comentar, buscar apoyo o consejo y dirigidos por una especie de consejero no profesional que en cualquier caso se ocupa de dirigir, mantener y orientar a los individuos que alli se dan cita. Muy pronto se evidenció uno de los talentos más robustos del Sr X era identificar problemas en cada una de estas personas que él solia llamar «un alma en pena». Su concepto de la religión era una mezcla de conceptos procedentes del cristianismo (pecado) y del Islam (sumisión). El Sr X practicaba una religión sui generis, algo así como si fuera un reformador religioso, con tintes esotéricos y un concepto de lealtad rayana en una forma «perruna» y de autoridad como un epifenómeno de la voluntad divina. Mantenía varios grupos de esta naturaleza y en distintos lugares de la geografía española por lugares donde había vivido y trabajado. Su principal talento era detectar mujeres agobiadas (damiselas en apuros) por problemas diversos y hombres con capacidad para ganar dinero a los que acababa subyugando y cobrando parte de sus servicios en sexo o favores empresariales.

Lo cierto es que el señor X era un detector que casi podía adivinar por donde iban los apuros de las personas que se relacionaban con él, como si tuviera un especial talento para esta adivinanza. que además le permtíia también detectar qué personas eran —eramos invulnerables— a su influencia y a los que ignoraba activamente.

El Sr X era un misógino (un misógino de verdad) creia que las mujeres no acababan de estar encarnadas, como si alma y cuerpo anduvieran divorciados y en la creación Dios se hubiera olvidado de conjugar ambos principios y las mujeres fueran indiviiduos a medio hacer, esto le permitía deshumanizarlas y usarlas para sus fines que no eran otros sino los sexuales. Les enseñaba sexo tantrico y cosas asi y al parecer las mujeres estaban encantadas con él, si bien su falta de persistencia y promiscuidad terminaban casi siempre mal para futuribles.

El Sr X carecía de persistencia, se cansaba de un tema y pasaba a otro con frecuencia dejando en la estacada a unos y a otros, Apenas encontraba un filón, comenzaba a entusiasmarse con lo nuevo y abandonando lo anterior, si bien —y no se cómo— mantenía abierta su delegación de favores. Pues es interesante resaltar que «los favores» corrían a su cuenta no solo para recibirlos sino también por hacerlos a veces de forma inusual. El Sr X era un psicópata especial como si dentro de él hubiera una conciencia moral (un zwang especial) bien distinta del zwang del obsesivo que busca el principio del deber sino mas bien un zwang que busca sobre todo el poder.

El Sr X utilizaba a las personas para sus fines, era —como buen psicópata— un manipulador, pero era bastante inteligente y culto lo que le permitía salir airoso de cualquier debate o problema laboral o económico, podríamos decir que el Sr X era un empresario que había ostentado labores diversas en el seno de distintas empresas, un buen gestor según decían sus jefes si bien todos conocían su tendencia a las trampas y a las elaboraciones cuidadosas de sus mentiras. es por eso que cambió tanto de trabajos a lo largo de su vida laboral presidida casi siempre por rupturas y evasiones de un lugar a otro, sin nombrar que algunos de esos jefes le usaban como «fontanero» de algunas de sus trampas. Como era paranoide y siempre pensaba que «estaba rodeado de enemigos» se protegía muy bien de la mirada ajena, si bien tomaba excesivas precauciones con personas neutrales a las que terminaba persiguiendo simplemente por considerarles «un enemigo». de manera que el Sr X tenia — en la vida practica— muchos enemigos, esta vez verdaderos, supervivientes de alguna «faena persecutoria» de nuestro héroe.

Con los hombres mantenía una relación muy especial sobre todo con aquellos que podía manejar e incluir en sus organizaciones «mistico-religiosas» y orientadas al apoyo mutuo como sucede en la masonería y a la influencia política. Les incluía en ellas y le hacia pensar que formaban parte de algo que iba a cambiar el mundo, así conseguía y escogía a aquellos de los que se podía beneficiar a través de favores y de dinero, otras veces de su influencia. Lo interesante es que el Sr X carecía de todo encanto personal. Naturalmente cuando algunos de estos «empresarios» caían en desgracia (como sucedió en las distintas crisis económicas de nuestro país) les abandonaba a su suerte y como si no les conociera. El Sr X carecía de empatía y solo podía apelarse desde la caridad. Ni siquiera su familia podía sentirse albergada en su seno, ni sus hijos, ni sus padres, ni su esposa.

Lo interesante para mi de este encuentro, que me permitió volver a oir y constatar que mi diagnóstico había sido correcto fue descubrir que los psicópatas que nos venden en las peliculas son casos extremos y que sobre todo la palabra «psicópata» está desubicada nosográficamente. Tiendo a verla como una perversión moral que es en realidad un metadiagnóstico, —un diagnóstico de espectro—algo parecido a la palabra «narcisismo» y que se puede ser psicópata aun manteniendo un núcleo moral normal que es susceptible de ser pervertido. Tal y como escribí aqui en este post, no es que el psicópata carezca de un sentido moral, es que de haberlo tenido alguna vez fue pervertido. Es interesante comprender etimológicamente esta palabra «perversión», que significa «una versión de algo». La conciencia moral del Sr X no era inexistente sino una versión de la norma social, alejada del sentido social de esta norma, de —como dice Pinker— el memorandum social.

Solo puede pervertirse lo virtuoso.

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Después de leer

Conversación y debate

7 comentarios

La lectura continúa aquí: objeciones, matices, preguntas y cruces con otros textos.

  1. Sr X Una versión de la infinita y compleja realidad..sin dejar de ser una mierda en su espectro …es decir un psicópata….. ponele el nombre que quieras ..pero un mierda le queda muy bien!!😅

  2. Los monos voladores.

    Es sincrónicamente curioso que a la vez que se desclasifica nosológicamente al psicópata como enfermedad mental comienza a crecer una institualización de los rasgos psicopáticos en nuestra sociedad, vía gobiernos, instituciones, cultura, empresas y economía economicista, es como si la desclasificación impulsara una normalización donde las virtudes de los principios morales, la justicia y el bien común se diluyen en el ombligo del interés propio donde el psicópata pasa a ser el rey. Virtudes que se transforman en anormales o locura por no adaptativos a esta nueva realidad.

    A la vez en esta eucaristía social donde se alzan los brazos al cielo y se proclama » Es mi cuerpo, mi cuerpo es mío » o, autonomía corporal, aparece simultáneamente el culto a la imagen que deja entrever que vivimos en una sociedad narcisista donde se generaliza la necesidad de admiración y validación. Una combinación peligrosa, por un lado la grandiosidad narcisista social, por el otro la frialdad y manipulación psicopática como pervesiones normalizadas.

    La pregunta es, !A saber, cual es la causa de esta inversión?, de estas manifiestas coincidencias?, de la perversion de las virtudes?. El hilo común es el tinte nihilista que colorea a nuestra sociedad que proclama la futilidad e insignificancia de todo al carecer de cualquier viso trascendente.

    Dios a muerto y paralelamente los valores y virtudes de la cristiandad como el amor al prójimo, la justicia, libertad, la paz, la compasión, la empatía, esperanza y fe pasan a ser los objetivos a demonizar y eliminar del mapa; pero no se queda ahí, una vez se destruyen los cimientos cristicos las instituciones psicopáticas han puesto el ojo en eliminar a la clase media bajo la premisa economicista, intentan dividirse entre una minoría de clase alta exitosa y clase baja fracasada que no puede tener familia ni vivienda, pasando a ser dependiente del estado.

    Esto nos lleva a visualizar a un ejercito de psicópatas como la punta de lanza apoyados por una cantidad ingente de monos voladores o narcisistas como apoyo logístico.

    Es si o si una guerra Espiritual.

  3. Posiblemente, los orígenes de la actual patología social, haya que buscarlos en en la validación que la ciencia hizo, en su día, de la creencia religiosa sobre el supremacismo antropocéntrico.

    La creencia de ver a los humanos como reyes de la creación, fue científicamente validada como ‘homo sapiens’; el ser mas sabio y evolucionado del universo, siguiendo los sesgos narcisistas de los parámetros de valoración de los propios ‘sapiens’.

    El sapiens se autoubicó entonces en la cúspide de la pirámide, ignorando a dios olímpicamente. No hacia falta matarlo, tan solo era necesario prescindir de toda espiritualidad y respeto por lo intangible, lo inmaterial.

    Este aferramiento a lo material fue potenciado por la Reforma, que valorando el trabajo y la acumulación material, dio como resultado final el ensalzamiento del individualismo.

    Los ingredientes para el cóctel estaban a punto: narcisismo, materialismo e individualismo.

    Pese a que actualmente la ciencia, de modo especial la física, se ha vuelto, como debe ser, más crítica e imparcial con la creencia del supremacismo sapiens, ciertas sociedades humanas seguimos estando enfermas. Giramos en la rueda del hámster. Somos humanos.

  4. Hola Paco,

    Conozco a un psiquiatra, llamémosle «Y», que es un psicópata: obsesionado con el dinero, el sexo y el poder.
    «Y» parece estar perfectamente en línea con nuestra sociedad; incluso podría decirse que está adaptado al medio.

    Cuando la sociedad entera parece fuera de sus casillas, ¿no será la propia psiquiatría la que está fallando? ¿Quién vigila que los psiquiatras no sean, a su vez, unos psicópatas?

    Tal vez, más que médicos de la mente, deberían ser médicos de la conciencia.

    1. Yo conozco a muchos psiquiatras y no he conocido nunca a un psicopata. Los psicopatas hay que ir a buscarles a la rama quirúrgica por sus rasgos de dureza y objetividad que requiere la especialidad. Sin embargo he conocido a un par de psiquiatras psicóticos pero con una forma de psicosis adaptada.

  5. Los embaucadores no se definen solo por lo que hacen, sino por dónde miran: siempre hacia la grieta ajena.

    He conocido varios “señores X”. Casi todos comparten una cosa: confunden vulnerabilidad con permiso.

    Cuando son hombres, suele aflorar la misoginia como coartada; cuando son mujeres, la perversión adopta formas más sutiles, a menudo revestidas de cuidado, discurso terapéutico o falsa sororidad. En ambos casos, el mecanismo es el mismo: revictimizar para dominar.

    Por eso coincido contigo: no es ausencia de moral, es una moral torcida. Y solo lo que alguna vez fue humano puede llegar a torcerse así.

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