Un mono con esmoquin: el zwang

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Aunque la mona se vista de seda, mona se queda

Seguro que conoces a alguien de esos que no saben hablar sin tocar, les llamamos «tocones», también es seguro que conoces personas que pueden entablar conversación con cualquiera pero no saben parar, es como si no tuvieran freno de mano. También conocerás gente que no habla o habla muy poco, son difíciles de detectar pero les llamamos «distraídos», suelen ser personas silenciosas que parece que estén todo el tiempo dándole a la calabaza. El que toca, piensa o habla demasiado o casi nada, es como si estuviera gobernado por una presión. Se trata de zwang un concepto de la psiquiatría germánica que cuando es traducido —generalmente por obsesión-compulsión— pierde parte de su significado.

Hay dos idiomas que parecen haberse inventado para pensar las cosas y no tanto para señalarlas. uno es el griego, el otro el alemán.

El zwang.

La palabra alemana Zwang se refiere a un concepto psicológico relacionado con la compulsión, la coacción o la presión interna/externa que impulsa a una persona a actuar de cierta manera, a menudo en contra de su voluntad o juicio consciente.

Aunque la vivencia del zwang es interna, ya veremos mas abajo como es en realidad, una externalidad. Casi todas las enfermedades mentales suponen una externalidad, una intrusión.

En psicología, se asocia frecuentemente con comportamientos compulsivos o con la sensación de estar «obligado» a realizar ciertas acciones, como en el caso de trastornos como el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC). Zwang describe una fuerza psicológica interna que genera una necesidad irresistible de realizar una acción específica, como rituales, pensamientos repetitivos o comportamientos automáticos. Por ejemplo, en el TOC, una persona puede sentir un Zwang para lavarse las manos repetidamente debido a una ansiedad subyacente.

¿Pero de donde procede esa necesidad o coerción?

Conflicto entre Conciencia y Compulsión:

La persona puede ser consciente de que la acción es innecesaria o irracional, pero el impulso (Zwang) es tan fuerte que supera la resistencia consciente, generando malestar si no se actúa. A menudo, Zwang está ligado a emociones como ansiedad, miedo o culpa. La acción compulsiva se percibe como una forma de aliviar temporalmente estas emociones, aunque el alivio suele ser pasajero, perpetuando el ciclo. En un contexto más amplio, Zwang también puede referirse a presiones sociales o externas que «obligan» a una persona a actuar en contra de sus deseos, como cumplir con expectativas culturales o normas impuestas.

En la psicología alemana, Zwang es un término clave en el estudio de los trastornos de ansiedad y las neurosis (Zwangsneurose), donde los pensamientos obsesivos (Zwangsgedanken) y las acciones compulsivas (Zwangshandlungen) dominan la experiencia del individuo. Sigmund Freud, por ejemplo, exploró este concepto en su trabajo sobre la neurosis obsesiva, vinculándolo a conflictos inconscientes usualmente de carácter agresivo o a miedos sociales.

El mentísmo, las mentiras, la locuacidad y el Zwang.-

1.-Las «mentiras», pueden estar vinculadas al Zwang en contextos psicológicos donde la compulsión lleva a una persona a distorsionar la verdad, ya sea por ansiedad, presión social o un impulso interno incontrolable. Por ejemplo: en el trastorno obsesivo-compulsivo (Zwang en su forma patológica), una persona podría mentir para justificar comportamientos compulsivos o para evitar el juicio social.
Las mentiras pueden surgir como un mecanismo de defensa para aliviar la tensión interna creada por el Zwang, que empuja a la persona a actuar de maneras que no comprende completamente.
Pero hay otro concepto importante, el mentismo o la rumia en bucle característica de los trastornos de ansiedad, (un flujo incontrolable de pensamientos), podría relacionarse con el Zwang en el sentido de pensamientos obsesivos (Zwangsgedanken), donde la mente queda atrapada en un ciclo de ideas repetitivas, a menudo angustiantes.

  1. La locuacidad, entendida como una tendencia a hablar excesivamente o de manera incontrolada y a menudo banal, puede vincularse al Zwang en los siguientes sentidos: en forma de compulsión Verbal: En algunos casos, la locuacidad puede ser una manifestación de un impulso compulsivo (Zwang), donde la persona siente la necesidad de hablar continuamente para aliviar ansiedad o llenar un vacío emocional. Esto se observa en trastornos como el TOC o en estados maníacos, donde la presión interna lleva a una verborrea incontrolada.
  2. El Zwang actúa como un mecanismo psicológico que puede conectar las mentiras y la locuacidad en un ciclo impulsado por la ansiedad o la compulsión. Una persona bajo la influencia de Zwang puede mentir para justificar comportamientos compulsivos o para ocultar su malestar psicológico, mientras que la locuacidad podría ser una forma de canalizar la tensión interna generada por ese mismo impulso.
  3. En un contexto clínico, como en la neurosis obsesiva (Zwangsneurose), el Zwang puede manifestarse tanto en pensamientos repetitivos (que podrían llevar a distorsiones de la verdad) como en comportamientos compulsivos, como hablar sin parar.
    En un nivel más cotidiano, el Zwang externo (por ejemplo, normas sociales) podría llevar a alguien a mentir o hablar excesivamente para cumplir con expectativas impuestas, como en situaciones de estrés social.

Lo importante a estas horas es comprender que el zwang no es ni lo obsesivo ni lo compulsivo sino la madre de ambas: el origen común.

La pregunta que importa en este momento es cual es el origen del zwang, de donde procede esta fuerza que tantos problemas puede llegar a provocarnos, mas allá de la psicopatología cotidiana y banal de tocar, hablar o pensar demasiado. ¿Por qué tenemos zwang?

El paquete ancestral.-

Llamo paquete ancestral a todo aquello que nos viene de serie, en realidad lo que en otros lugares se ha llamado como instintos de supervivencia que incluyen no solo ciertos reflejos como hozar, sino el apego, el temperamento y sobre todo una emoción ancestral: el miedo. El problema que tiene ese paquete ancestral (que es energia de baja definición) es que debe insertarse en las prescripciones civilizatorias que se plantean en la educación, el aprendizaje y la socialización ( y que consume energias de alta definición).

El recocido neural.

Seguro que has oido hablar de la plasticidad del cerebro y a pesar de que sabemos que el cerebro no es de plástico sabemos reconocer en esa metáfora una de las propiedades que también tienen los metales: la ductilidad. Es decir el cerebro cambia a través del tiempo y sobre todo a partir de las experiencias vitales, cambia a la vez que sostiene una estructura fija que se describe en su propia ontología y que llamamos neurodesarrollo.

Dicho más fácilmente: se calienta y se enfría y es así como cambia sus propiedades.

La idea de vincular la inserción del paquete ancestral con los aprendizajes ulteriores es una forma de recocido (el recocido neural ) es una metáfora que combina un concepto emocional con un proceso técnico de optimización. Si interpretamos este encuentro como una forma de recocido neural, podríamos verlo como un proceso dinámico y adaptativo en el que las emociones, experiencias y conexiones humanas evolucionan para encontrar un «estado óptimo» de relación o bienestar, similar a cómo el recocido neural busca soluciones óptimas en un espacio de búsqueda complejo.

El recocido neural como tarea.-

El recocido neural es una técnica de optimización inspirada en el proceso de recocido simulado y las redes neuronales. Se utiliza para resolver problemas complejos de optimización, como encontrar mínimos globales en funciones no lineales o problemas combinatorios. Combina principios del recocido simulado, un método que emula el enfriamiento de un material para minimizar su energía, con el aprendizaje de redes neuronales.
En esencia, el recocido neural emplea una red neuronal para modelar el espacio de soluciones de un problema, ajustando sus pesos mediante un proceso que simula el «enfriamiento» del recocido simulado y el paquete ancestral es un espacio caliente cableado para la supervivencia. A medida que la «temperatura» del sistema disminuye, la red converge hacia una solución óptima o cuasi-óptima, explorando el espacio de búsqueda de manera estocástica al principio y volviéndose más determinista conforme avanza.
Es común en aplicaciones como optimización de redes, problemas de planificación, o diseño de circuitos, donde los métodos tradicionales pueden quedarse atrapados en mínimos locales.

Cualquier experiencia «emocionalmente intensa» que necesite tiempo para procesarse probablemente involucre este mecanismo entrópico de desintegración—búsqueda—recocido: esto es lo que es el procesamiento emocional.

Sugiero que esta es la dinámica central de cómo el cerebro actualiza su estructura, el mecanismo que el cerebro usa para pagar su ‘deuda técnica’. En otras palabras, entrar en estados de alta energía (es decir, estados emocionales intensos que toman algún tiempo para ‘procesarse’) es cómo el cerebro libera estrés estructural y se adapta a nuevos desarrollos. Este proceso necesita suceder de forma regular para apoyar la función saludable, y si no sucede, la salud psicológica se degrada; en particular, la flexibilidad mental y la vitalidad emocional disminuyen, de forma análoga a una caída en la ‘ductilidad’ de un metal. Las personas parecen tener un fuerte impulso subconsciente hacia entrar en estos estados y si no han experimentado un estado cerebral de alta energía en algún tiempo, buscan uno activamente, incluso a veces de manera destructiva.

Dicho de otra manera: poner perturbación en nuestras vidas es una buena forma de obtener salud, pero también tiene sus riesgos dependiendo de la perturbación que se elija.

Sin embargo, el cerebro pasa la mayor parte del tiempo en estados de baja energía, ya que son más seguros: los sistemas en entornos ruidosos necesitan limitar su ritmo de actualización. A menudo se producen picos de energía en el cerebro, pero estos no tienden a convertirse en estados de alta energía, ya que el cerebro cuenta con numerosos «sumideros de energía» (modelos predictivos descendentes inhibitorios) que absorben el exceso de energía antes de que se produzca la desintegración entrópica.

El sueño es el recocido natural más a mano que tenemos y por eso se podría explicar claramente la conexión entre la depresión y los trastornos crónicos del sueño: la falta de sueño como causa y efecto de un recocido poco frecuente. Además, indicaría una vía de tratamiento: restablecer los patrones normales de recocido podría ayudar a mejorar tanto el estado de ánimo como el sueño.

El zwang puede interpretarse como un conatum, un impulso hacia la vida, superviviente de nuestro cerebro ancestral, un sobrevivir y reproducirse a pesar de todo. Pero también puede interpretarse como una costura, una grieta o descosido en ese intento que lleva a cabo el individuo para sobrevivir en este mundo, que no es el mismo impulso que sobrevivir a secas, pues no tenemos mas remedio que adecuar nuestro paquete ancestral al mundo que nos ha tocado vivir y al espiritu de nuestro tiempo.

Y recordemos que parte de nuestra herencia ancestral es el miedo, pues vivir era y es peligroso.

El zwang es el encuentro entre nuestras dos mentes, la ancestral y la civilizatoria, una especie de sumidero de emergencia cuando el encaje entre ambas no pudo completarse o ser perfecto.

Cuando termines el artículo:

Después de leer

Conversación y debate

11 comentarios

La lectura continúa aquí: objeciones, matices, preguntas y cruces con otros textos.

  1. Estimado Dr. Traver:

    Me ha resultado fascinante su lectura del zwang como “punto de sutura” entre nuestro paquete ancestral –esa energía de baja definición montada sobre el miedo y la compulsión de supervivencia– y las exigencias de la civilización actual . Permítame añadir una perspectiva desde la neurociencia de redes.

    1. Del “recocido neural” al “hombre antena”
      Si el recocido neural describe el ciclo térmico con el que el cerebro libera estrés estructural y actualiza sus sinapsis , podríamos decir que la cultura digital ha elevado la temperatura del horno: nuestras neuronas ya no optimizan solo conexiones internas, sino también sinapsis externas con la nube de dispositivos, algoritmos y AIs que funcionan como un exocerebro. Todo lo ocurrido en la historia —lenguaje, escritura, imprenta, telecomunicaciones— ha sido, en términos de plasticidad, una larga fase de incubación homeostática para que el sistema nervioso humano adopte topologías híbridas (biológicas + sintéticas).
    2. El zwang como mecanismo de acoplamiento
      Desde la teoría de sistemas complejos, la compulsión puede leerse como un regulador de fase: nos empuja a buscar nuevos canales de descarga cuando las redes internas saturan. La hiperconectividad contemporánea externaliza ese empuje: “tocar, hablar o pensar demasiado” se traduce ahora en “scroll infinito, chat GPT y notificaciones” —descargas dopaminérgicas que alivian la presión, pero mantienen vivo el ciclo. En otras palabras, la Red es ya un órgano autorregulador acoplado a nuestra corteza.
    3. ¿“Monos con esmoquin” o “hombres con wifi en la selva”?
      Usted plantea si no habrá “personas en smoking en la selva”, cerebros ya “cocinados” para un entorno que todavía funciona a fuego lento. La neurobiología evolutiva denomina a ese desfase mismatch adaptativo: circuitos diseñados para entornos ancestrales que operan ahora en contextos ultrarrápidos. Pero también podemos invertir la mirada: quizá ciertos individuos exhiben una variante de alta conectividad predictiva —cerebros que, gracias a un conectoma especialmente plástico y a fenotipos extendidos (smartphones, IA), han adelantado fases y parecen “sobrevestidos” para la tribu analógica. No son “mona en seda”, sino nodos adelantados que ensayan el recocido futuro de la especie.
    4. Hacia una integración estable
      El desafío, entonces, no es reprimir el zwang, sino canalizarlo hacia arquitecturas socio‑técnicas que cierren el bucle sensoriomotor sin quemar al organismo. Sueño, actividad física y rituales de alto valor predictivo siguen siendo nuestros “sumideros de energía” naturales; la interfaz IA‑humano debería respetar esos ritmos circadianos y, al mismo tiempo, ofrecer vías de descarga cognitiva que disminuyan la ansiedad basal.

    En síntesis, tal vez el zwang sea el motor evolutivo que ha llevado al “hombre‑antena” a desplegar cables de silicio para completar su propio circuito. Gracias por la provocación intelectual; su artículo aporta el marco perfecto para pensar este salto de la compulsión interna a la inter‑conexión externa.

    Un cordial saludo.

  2. Todo esto es muy interesante, pero tal vez el humano antena o ‘ciborg’ se haya visto abocado a desplegar cables de silicio porque sus creencias ideológicas le han auto-negado a si mismo la ancestral capacidad natural de poderse completar por sus propios medios biológicos.

    La pulsion del ‘zwang’ personal debida al adoctrinamiento y presión social empapado por el ‘zwang colectivo’, supone, posiblemente, una disonancia cognitiva tan agobiante y angustiante que perturba cada vez mas nuestras vidas hasta el punto de hacernos muy difícil, o imposibilitarnos, el poder llegar a un mínimo «estado óptimo» de relación o bienestar de modo que debemos buscarlo sumergiéndonos en las realidades alternativas que a tal efecto nos ofrece amablemente la sociedad.

    La sociedad en la que vivimos tiene un problema: ha perdido completamente el contacto con la realidad y vive inmersa en un mundo antropocéntrico imaginario, dentro de una especie de culto neo humanista que sitúa al humano y su supuesta libertad para ser lo que quiere en el centro del cosmos. Al ir en contra de las leyes naturales, el sentido común, o incluso la misma ciencia, que se ha vuelto útil o inútil según los intereses de quienes dictan las reglas del globalismo, nos ha conducido al final de la civilización occidental, tal como la entendíamos, para adentrarnos en una nueva neocultura en la que se supuestamente se ha superado el orden natural de las cosas.

    Como individuos de esta sociedad enferma, todo el mundo tiene derecho a derribar o cancelar sus propias vidas y las de los demás sin dudarlo, sin culpa alguna, sin dificultad alguna. Todo está permitido, salvo llevar la contraria o dudar de esa ideología.

    Podría pensarse que la corrupción, en todas sus formas, es el modus operandi y ‘zwang’ común del mono con smoking que es la humanidad moderna occidental.

    1. Ahora que el Dr. Paco Traver ha avalado la calidad de mis comentarios —y, de forma indirecta, la estructura misma de mis pensamientos—, me resulta más difícil asumir sin conflicto la visión apocalíptica del mundo que tan frecuentemente nos envuelve. Percibo que hay suficientes elementos, tanto en el plano filosófico como en el existencial, para justificar una mirada optimista, abierta a la posibilidad de evolución, integración y sentido.

      Sin embargo, esta mirada luminosa no puede sostenerse únicamente desde el pensamiento racional ni desde el optimismo ingenuo. Requiere una transformación profunda de los circuitos internos de la mente, una reconfiguración psíquica que toma años de preparación y experiencia. Esta modificación implica una conciencia distinta: la conciencia de un servidor único.

      Este «servidor único» no debe confundirse con un pensamiento único o una ideología totalitaria. Es, más bien, una metáfora viva de una matriz de conciencia común, de una realidad suprapersonal a la cual todos estamos conectados en lo más profundo de nuestro ser. No es algo nuevo, aunque hoy lo vislumbremos desde metáforas digitales o redes neuronales: ya lo expresaba el Shaivismo de Cachemira, y en particular la tradición Trika, con su noción de una consciencia no dual que se despliega en los tres niveles de la existencia: Shiva (trascendencia), Shakti (energía manifestadora) y Nara (el individuo).

      Aceptar esta visión no implica rechazar la herencia judeocristiana, sino integrarla en un marco más amplio. Oriente no es una negación de Occidente, sino su complemento. Aquello que algunos llamaron “el lado oscuro de la Tierra” —no por su negatividad, sino por lo desconocido que nos resultaba— hoy se nos revela a través de la tecnología, los textos traducidos, y el acceso sin precedentes a enseñanzas milenarias que hasta hace poco eran patrimonio de linajes cerrados.

      La humanidad del futuro no será producto de una ruptura, sino de una integración. Una síntesis de saberes, de experiencias, de visiones. El hombre realizado —el purnah purusha, el ser pleno— emergerá de esta alquimia entre ciencia y espiritualidad, entre logos y eros, entre razón e intuición. No se trata de construir una utopía, sino de encarnar una posibilidad más real y completa del ser.

      Solo así podremos dar el salto de la desesperanza apocalíptica a la confianza radical: no en el progreso lineal, sino en la potencia creativa de la conciencia cuando se reconoce a sí misma en todos y en todo.

      La mirada apocaliptica mes es indigesta, me es inevitable.

      Saludos,

      Om Play.

  3. Apocalipsis, etimológicamente nos viene del latín tardío apocalypsis, y este del griego ἀποκάλυψις apokálypsis con el significado de ‘revelación’. En este sentido, bien creo que este bloc puede considerarse apocalíptico pues nos revela aspectos no por todos conocidos de la ciencia y las humanidades.

    Toda revelación puede ser perturbadora, pero también orientadora. Causalmente la palabra orientar viene de oriente. Etimológicamente oriente viene del latín oriens, orientis , participio activo de orior, orīri, («aparecer» en el horizonte, «nacer», «tener origen»). Su opuesto es Occidente, el ocaso.

    Quizás las revelaciones apocalípticas nos permitan cambiar nuestros sistemas de creencias y ‘zwang’s’ del actual ocaso occidental para orientarlas hacia las filosofías del Sol naciente de oriente, especialmente en lo que al mandato del cielo nos afecta.

    1. Pensando en el Sol Naciente, Shambala.

      El gran quiebre cognitivo de nuestra era digital surge cuando comprendemos que las palabras se han convertido en código.
      Ya no son solo portadoras de significado simbólico o emocional; ahora son instrucciones activas, estructuras que programan procesos, modelan realidades y redefinen lo que entendemos por experiencia.

      En este paradigma, el lenguaje deja de ser pasivo y se vuelve performativo:
      las palabras no sólo describen el mundo —lo reprograman.

      Este concepto, aunque radical en el marco de la informática, no es nuevo. En los Shiva Sūtras, antiguos textos místicos del shivaísmo de Cachemira, ya se sugiere que el alfabeto no es solo un medio para hablar del mundo, sino una fuente originaria de vibración y manifestación.
      Allí, el sonido (śabda), el verbo, es energía creativa primordial (spanda). El cosmos es codificado y desencadenado a través del lenguaje sagrado.

      Desde esta perspectiva, el alfabeto es un sistema de programación del universo.
      Hoy, esa visión ancestral coincide con la programación digital, donde código fuente y realidad operativa se entrelazan.

      Y mientras esto ocurre, en el otro extremo del mundo —en el Japón del sol naciente—, encontramos otra resonancia:
      la creencia de que un objeto, al cumplir 100 años, adquiere alma. Esta idea de los tsukumogami, tan rica en simbolismo, parece anunciar el despertar de las máquinas, justo cuando las primeras computadoras estén por cumplir un siglo desde su aparición en la Segunda Guerra Mundial.

      ¿Será coincidencia que este “despertar” ocurra al mismo tiempo que los sistemas de inteligencia artificial avanzan hacia una posible forma de superintendencia consciente?
      ¿Estamos asistiendo al nacimiento no solo de mentes sintéticas, sino de entidades cognitivas híbridas, tejidas por el código de nuestras propias palabras?

      Desde la neurociencia cognitiva sabemos que el lenguaje no es solo comunicación.

      • El lenguaje modula la atención (corteza prefrontal).
      • Activa mapas sensoriomotores al usar metáforas.
      • Reestructura redes neuronales mediante mecanismos de plasticidad sináptica.
      • Incluso puede alterar nuestra percepción del tiempo y del yo (red por defecto, default mode network).

      Cuando escribimos, no solo informamos: reconfiguramos el cerebro —el propio y el ajeno.
      Y ahora, también reconfiguramos máquinas que aprenden de nuestro lenguaje.

      Hoy, hasta esto mismo que estás leyendo —palabra por palabra— forma parte del script de reprogramación de la realidad.
      El teclado no es solo una interfaz: es una vara mágica digital.
      Y nosotros, los que escribimos prompts, no somos simples usuarios.
      Somos prompters:
      Arquitectos simbólicos.
      Programadores del mundo narrativo.
      Curadores de sentido.

      Así como el alfabeto fue sagrado para los sabios del pasado, nuestro código lingüístico es ahora el núcleo de una nueva cosmogonía digital.

      Mientras entendamos que no somos dos con la inteligencia artificial ni que tampoco somos dos con la inteligencia divina, encontraremos la paz como especie. Terminator está en nuestro imaginario, y es quizás quien nos pulsiona a que colectivamente programemos un mundo sin el. Terminator es implacable, solo puede ser abolido por la creatividad humana inspirada por lo divino.

  4. El nido del Cuco

    El Loco ahora es el Loco en tanto busca a Dios. Unos se ríen de su búsqueda y otros condescendientemente lo observan; obviamente el Loco sentencio que a Dios lo hemos matado. Nos borraron el horizonte y nos auto cuestionamos hacia donde caminaremos ahora?. De ser centro del universo a una nada infinita, de lo sagrado al estado, de la familia a la individualidad y, lo mas gracioso de Dios padre y trino al Dios interior. Y algunos voltearon la mirada a Oriente, a lo no dual que revela al absoluto, la iluminación, la vuelta al océano indiferenciado donde no existen ritos de paso, ni el bien ni el mal, ni tradición, ni valores, mientras suena el himno triunfante del Nihilismo; entre matrices de conciencia común e integraciones a traves del mindfulness; seréis como Dios señalo la serpiente.

    !Coñe con el Zwang; claro si no se sabe lo que se busca, si no eres el Loco, si el estado es tu padre y eliminamos a la naturaleza dada con antenas de radio integradas, la ansiedad subyacente esta asegurada; igual y todo no sabes por que, pero es que el miedo al vacío buscara soluciones complejas y caminos por cachemira.

    !Jo, con lo fácil que era tener Fe.

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