Imagínate que vives en un país donde el 60% de sus habitantes son mujeres y el 40% hombres, ahora imagina un país donde sucede al contrario: el 60% son hombres y el 40% mujeres. Por ultimo piensa que vives en un país donde la sex ratio está mas equilibrada, digamos 51/49. ¿Como crees que seria vivir en esos países?
Bueno, en este post tienes una descripción de como cambian las mentalidades y las expectativas de los ciudadanos de cada uno de estas peculiaridades, en el primer y segundo casos. Casos que no son raros, el primer caso lo representa Rusia por ejemplo, el segundo caso China o India. En Europa la sex ratio se inclina más levemente en favor de las mujeres pero no de forma radical.
Pero no es de los efectos de la sex ratio sobre lo que voy a escribir en este post y si pongo este ejemplo es para señalar que ambos, el primer y el segundo casos son sistemas que se encuentran muy lejos del equilibrio (para esa variable) y me viene bien para hablar de Ilya Prigogine que fue el científico que exploró estos sistemas que se encuentran lejos del equilibrio y qué pasa en ellos.
Ilya Prigogine y el orden en el caos.–
Ilya Prigogine (1917-2003) fue un químico ruso y judio nacionalizado belga que en 1977 mereció el premio Nobel por sus hallazgos sobre las estructuras disipativas y su teoría de la irreversibilidad y que desafió la segunda ley de la termodinámica.
En los sistemas abiertos que comparten con su medio ambiente información y energía no rigen los mismos parámetros de los sistemas cerrados. El crecimiento de la entropía no es regular y podemos entonces hablar de neguentropía o entropía negativa.
Mi intención en este post es dar a conocer sus investigaciones -al menos las más importantes de entre ellas- y hacerlas llegar de forma comprensible al público en general, por las aplicaciones que dicha teoría tiene en diversos ámbitos de las ciencias naturales y sociales.
La primera idea que me gustaría transmitir es que la palabra «estructura disipativa» contiene una contradicción formal: la de algo que permanece junto a algo que cambia o se transforma. Los científicos mecanicistas ya conocían este fenómeno de convivencia entre estructura y cambio, dado que es algo que todos podemos observar en la vida corriente; por ejemplo, el crecimiento de un humano tiene algo que se modifica y que se solapa junto con algo que permanece. Newton abordó este mismo problema en relación con la viscosidad y la fricción, considerándolo como un obstáculo para sus investigaciones de mecánica clásica. Ludwig von Bertalanffy llamó «sistemas abiertos» a este estado de la materia que más adelante recibiría el nombre de «estructura disipativa» propuesto por Prigogine.
Para comprender mejor la naturaleza de este estado de la materia es conveniente que el lector entienda el concepto de «equilibrio y orden». El orden absoluto en un sistema vivo es la muerte, lo que significa que todos los seres vivos nos movemos alrededor de un equilibrio compatible con la vida. Sin embargo, existen sistemas que se encuentran muy alejados de ese equilibrio o estabilidad ideal; por ejemplo, el estado de salud de una persona es un equilibrio inestable del que es posible predecir -siguiendo las leyes de la entropía- que está destinado a desordenarse alrededor de lo que llamamos enfermedad, envejecimiento y posterior muerte, mientras que la enfermedad es un estado que se encuentra alejado del equilibrio, aunque en muchas ocasiones es posible hallar en ella aspectos ordenados, como sucede en las enfermedades crónicas. Es decir, los sistemas vivos tienden hacia el desorden (ganancia de entropía) pero pueden instalarse lejos del equilibrio y desde allí construir islas de orden.
Las leyes que rigen en estos puntos alejados del equilibrio son bastante distintas a las que operan en estados cercanos al equilibrio. Se trata de leyes misteriosas que no pueden ser formuladas en términos de matemática lineal. Fué precisamente Prigogine quien desveló el misterio de aquello que sucedía lejos del equilibrio:
Lo que sucede lejos del equilibrio es que el sistema se organiza -estabiliza- produciendo una serie de fenómenos que conocemos gracias a las matemáticas no lineales o, dicho de una forma más gráfica, a través de las leyes del caos.
Cerca del equilibrio encontramos fenómenos repetitivos y leyes universales, pero, a medida que nos alejamos de él, nos desplazamos de lo universal a lo único, hacia la riqueza y la novedad. Esta es, sin duda, una de las características bien conocidas de la vida.
La vida y el cambio es un subproducto del desequilibrio del sistema. La vida fue una bifurcación.
Otro de los fenómenos interesantes de la teoría de Prigogine es la existencia de bifurcaciones, es decir, la «elección» de un camino que no puede ser pronosticado y que, en términos generales, termina en transformación o colapso del sistema.
Las características de las estructuras disipativas son las siguientes:
-autoorganización: la emergencia espontánea de orden;
-irreversibilidad: el sistema, una vez tomada una bifurcación, no puede retroceder más que hasta el último punto en que se bifurcó;
-impredectibilidad: el sistema es incierto y no puede predecirse hacia dónde evolucionará;
dependencia de pequeños cambios en los puntos de bifurcación; y
-dependencia de las condiciones iniciales: el sistema guarda una «memoria» de los movimientos de bifurcaciones anteriores, lo que significa que siendo como es incierto las probabilidades de que se elija una bifurcación u otra puede ser descrito en términos de probabilidades: el caos no es azar, sino un pseudoazar.
Como quizá algún lector haya intuido, las características que definen las estructuras disipativas son perfectamente aplicables a lo que entendemos como conciencia: un estado de la materia donde rigen leyes lineales y no-lineales, determinismo e indeterminismo, en una especie de cocktail que mezcla procesos ordenados y predecibles con otros caóticos e impredecibles.
¿Qué sucede lejos del equilibrio?
Ejemplos.-
- En las sociedades donde los trastornos alimentarios (anorexia nerviosa y otras) son prevalentes también lo es la obesidad.
- Anorexia nerviosa con sus restricciones y contenciones aparece junto a la bulimia nerviosa, una enfermedad de sentido opuesto y caracterizada por la multiimpulsividad.
- En las sociedades con exceso de mujeres y de convenciones sexuales liberales existirán más mujeres desinhibidas que serán promiscuas y mujeres sin ínterés por el sexo, solteras, amenorreicas o con sintomatologia somatomorfa.
- En las sociedades con exceso de hombres habrá más rivalidad, más violencia, más agresiones sexuales, más conflictos con la ley en coexistencia con islas de orden: machos proveedores y comprometidos a largo plazo.
- En las sociedades opulentas hay más cáncer y más depresión que en las sociedades empobrecidas.
- En las sociedades con mas abortos y divorcios son de esperar trastornos alimentarios entre las jóvenes y más problemas de salud mental entre los adolescentes.
- En relación con el emparejamiento podemos encontrar muchas relaciones con parejas protectoras y fieles y otras abusivas y caóticas.. La regla es la paradoja.
Todo parece indicar que cuando los sistemas se estiran demasiado aparecen bifurcaciones que se nos aparecen como paradojas.
Nuestro mundo está configurado de manera que existen muchas variables en el borde del equilibrio, una de ellas son las ideologías cada vez más polarizadas y no cabe duda de que este fenómeno no es autónomo sino que está propiciado desde afuera lo que prueba que los sistemas se regulan en función de ese intercambio de energía-información con nuestro medio ambiente y aunque es posible el colapso en alguna de estas variables no cabe duda de que habrán otras variables que pueden salir al paso de estos colapsos. Por ejemplo, la natalidad en Europa está sufriendo una colapso y nos permite vaticinar un futuro sin niños, pero esta predicción choca con las evidencias del caos, es posible que haya en el futuro una corrección a este declive: no hay que olvidar que los sistemas se autoregulan.
Mi predicción es que las ideologías desaparecerán. La IA ha venido para eso.
Cuando termines el artículo:
El científico Ilya Prigogine revolucionó la física al estudiar sistemas lejos del equilibrio, demostrando que el caos puede engendrar orden. En su teoría de las estructuras disipativas, Prigogine observó que los sistemas abiertos intercambian energía e información con el entorno y desafían la entropía uniforme de los sistemas cerrados. Un hallazgo sorprendente es que en los sistemas vivos el equilibrio absoluto equivale a la muerte, mientras que la vida prospera en un delicado desequilibrio dinámico. De hecho, los seres vivos pueden instalarse lejos del equilibrio y construir “islas de orden” dentro del caos – por ejemplo, el cuerpo humano mantiene un orden interno (homeostasis) aun cuando siempre está al borde de la entropía. Las leyes que rigen cerca del equilibrio (lineales, predecibles) difieren de las que operan en las fronteras caóticas: lejos del equilibrio surgen fenómenos únicos, irrepetibles, llenos de riqueza y novedad, a diferencia de la monotonía ordenada de la cercanía al equilibrio. En palabras del propio Traver inspiradas en Prigogine, “la vida y el cambio es un subproducto del desequilibrio del sistema. La vida fue una bifurcación”. Es decir, la vida emergió de una bifurcación caótica, de una elección no predicha por leyes lineales, abriendo paso a nuevas formas de organización.
Prigogine identificó características clave en estos sistemas caóticos: autoorganización, irreversibilidad, impredecibilidad, sensibilidad a pequeñas perturbaciones y memoria de condiciones iniciales. Llevado al extremo, un sistema forzado cada vez más lejos de su equilibrio experimenta puntos de bifurcación donde debe “elegir” entre colapsar o transformarse radicalmente. Notablemente, Paco Traver señala que “las características que definen las estructuras disipativas son perfectamente aplicables a lo que entendemos como conciencia”, uniendo así la física del caos con la fenomenología de la mente. En otras palabras, la conciencia humana podría comportarse como una estructura disipativa, combinando orden y desorden en un cóctel no-lineal. Esta intuición sirve de base para explorar cómo ciertos estados mentales alejados del equilibrio podrían desencadenar reorganizaciones profundas en el cerebro y la mente, análogas a las transformaciones de los sistemas vivos descritas por Prigogine. El cerebro en el filo del caos: plasticidad y autoorganización neural
La neurociencia actual sugiere que el cerebro opera precisamente en el “filo del caos”, en un punto crítico entre el orden y la aleatoriedad, optimizando su capacidad adaptativa. Evidencias experimentales indican que la dinámica neuronal se autoorganiza en un estado crítico auto-regulado (criticalidad autoorganizada), lo que permite a las neuronas saltar rápidamente entre distintos estados y reconfigurar la actividad cerebral para responder ágilmente a cambios del entorno. Dicho de otro modo, la mente humana parece vivir al borde del equilibrio: ni completamente estable (lo cual la haría rígida e incapaz de aprender), ni completamente caótica (lo cual sería incoherente), sino en una tierra de nadie entre ambos que maximiza la flexibilidad. Esta condición recuerda el diseño de ciertos aviones de combate, deliberadamente inestables para ser hiper-reactivos, aunque requieran sistemas de control para no desintegrarse. Del mismo modo, el cerebro sacrifica el equilibrio estático por una pizca de inestabilidad, ganando así rapidez y creatividad en sus respuestas.
A nivel neuronal, múltiples investigadores sostienen que la actividad espontánea del cerebro es inherentemente caótica. Ya en los años 90, el neurocientífico Walter J. Freeman argumentaba que las redes neuronales biológicas (BNN) no se comportan como las redes artificiales estáticas, sino que son intrínsecamente inestables, generando constantemente actividad aperiodica espontánea que refleja dinámica caótica y transiciones de estado continuas. Lejos de ser “ruido” sin sentido, este caos interno cumple funciones esenciales: construir nuestras percepciones y actualizar las conexiones sinápticas durante el aprendizaje y la habituación. Cada acto perceptivo sería así una nueva construcción del córtex, no una simple reproducción de información almacenada, gracias a esa dinámica caótica creativa. En términos de Prigogine, la mente produce orden (percepción, significado) a partir del desorden.
Este comportamiento caótico-controlado del cerebro está ligado a la plasticidad neural. Cuando nos enfrentamos a entornos impredecibles o experiencias límite (estrés agudo, trauma, psicoterapia profunda, consumo de psicodélicos, etc.), el sistema cognitivo es empujado lejos de su equilibrio habitual. Tales estados mentales extremos pueden actuar como “fluctuaciones” que fuerzan al sistema a explorar nuevas configuraciones. A veces resultan en crisis o colapso (por ejemplo, una descompensación psicológica); pero en otros casos precipitan bifurcaciones evolutivas: cambios de fase en la personalidad o la cognición que llevan a una reorganización más adaptativa (insights, resoluciones creativas, crecimiento post-traumático). Igual que un ecosistema perturbado puede regenerarse con nuevas formas, la mente bajo caos puede autoorganizarse en un nuevo nivel de orden. La paradoja, como apunta Paco Traver, es que cuando “los sistemas se estiran demasiado aparecen bifurcaciones que se nos aparecen como paradojas” – es decir, resultados inesperados donde coexisten el desorden y una nueva forma de coherencia. La neurociencia comienza a mapear estos procesos: se habla de que el cerebro en estados meditativos profundos o en “flujos” creativos alcanza metaestabilidad, un equilibrio dinámico flexible donde múltiples redes neuronales se acoplan y desacoplan fluidamente, propiciando insight y aprendizaje acelerado. En resumen, empujar la mente fuera de su zona de confort cognitivo – sin que colapse – puede desencadenar procesos de autoorganización y neurogénesis adaptativa comparables a las estructuras disipativas de Prigogine.Turiya: la conciencia testigo y la integración no-dual
En las tradiciones contemplativas de la India se describe un cuarto estado de conciencia llamado Turiya, la conciencia testigo pura, más allá de la vigilia, el sueño y el sueño profundo. Se le define como una conciencia sin contenidos, en la que el sujeto percibe sin enfocarse ni en el mundo externo ni en el interno, simplemente atestiguando la realidad tal cual es. Esta noción de awareness no-dual – sin división sujeto/objeto – ha intrigado a filósofos y neurocientíficos por igual, que buscan comprenderla en términos del cerebro. ¿Cómo interpretar Turiya desde la neurociencia cognitiva?
Podemos entender la conciencia testigo como una forma de metacognición plena: la mente se observa a sí misma sin identificarse con sus contenidos. Neurofisiológicamente, esto implica un equilibrio sutil entre redes cerebrales. El cerebro posee una Red Neuronal por Defecto (o Default Mode Network, DMN) que suele activarse cuando estamos en reposo, soñando despiertos o autorreferenciando (pensando en nosotros mismos, nuestro pasado o futuro). En contrapartida, durante tareas enfocadas se activa la Red de Atención Dorsal (DAN) u otras redes ejecutivas, suprimiéndose la actividad del modo por defecto. En la conciencia ordinaria, estas redes actúan como un balancín: cuando una sube, la otra baja. Sin embargo, en meditadores avanzados se ha observado una transformación notable: la relación entre la atención y el “yo” narrativo cambia. Estudios de neuroimagen revelan que durante estados de meditación profunda (asociados a experiencias no-duales) disminuye la actividad de la DMN posterior – regiones como el córtex posterior cingulado, ligado al diálogo interno – mientras aumenta la actividad de las redes ejecutivas atencionales. Aún más importante, se debilitan las conexiones dentro de la DMN convencional (especialmente entre sus zonas posteriores y anteriores), a la vez que se fortalecen las conexiones entre regiones frontales de la DMN (ligadas a la auto-consciencia) y la red de control ejecutivo. En otras palabras, el cerebro meditativo reconfigura su topografía funcional: se desacopla la charla mental egóica y se acopla la metaconsciencia frontal con la atención presente.
Este hallazgo sugiere un estado integrado excepcional: la mente puede mantener una alerta relajada, sin perder la auto-consciencia pero sin quedar rumiando en ella. Los neurocientíficos Georg Northoff y colegas han propuesto un “modelo de reorganización topográfica” para explicar la meditación profunda: la Default Mode Network anterior (ej. corteza prefrontal medial) se alinea con la red ejecutiva central, disminuyendo la procesación egocéntrica (“yo, mi, mío”) y sincronizándose más con procesos interoceptivos y sensoriales del presente. Fruto de esta realineación, se difuminan las fronteras entre el yo y el mundo, dando lugar a la experiencia explícita de “conciencia no-dual”. En términos llanos, el cerebro aprende a observar los pensamientos y sensaciones como eventos pasajeros, sin engancharse en ellos. Este es exactamente el entrenamiento de prácticas contemplativas como la meditación de atención abierta: un monitoréo abierto de la experiencia sin juicio. Al cultivar esta vigilancia desapegada, la persona se convierte en un “testigo” ecuánime de su propio flujo mental, lo cual en términos subjetivos corresponde a paz mental y claridad, y en términos objetivos, a una integración funcional novedosa entre redes neuronales habitualmente antagónicas.
La conciencia testigo (Turiya), entonces, podría describirse neurocientíficamente como un estado metaestable de integración cortical: los circuitos de auto-referencia permanecen activos (consciencia de ser consciente) pero en modo silencioso, sin generar la narrativa habitual del ego, mientras que los circuitos atencionales permanecen abiertos y receptivos a todo el campo de experiencia. No hay “atención focalizada” rígida ni divagación descontrolada, sino una atención panorámica apoyada en un sentido estable de presencia. En ese estado, el cerebro opera simultáneamente con orden y con flexibilidad, reminiscente de la estructura disipativa óptima: suficiente caos para ser creativo y suficiente orden para ser estable. Es el equivalente interno de mantenernos “lejos del equilibrio” sin caer en la entropía: un equilibrio dinámico que favorece la claridad mental.Ser el paño verde: del jugador reactivo al dueño del casino
Una metáfora elucidativa para esta conciencia, sería animarnos a “ser el paño verde” de la mesa o “el dueño del casino” en vez de jugar como un apostador más arrastrado por los vaivenes. ¿Qué significa esta imagen? En una partida de casino, el paño verde de la mesa es el soporte neutral donde ocurren pérdidas y ganancias, pero él mismo no apuesta ni se inmuta; del mismo modo, el dueño del casino establece las reglas del juego y tiene una visión global – a largo plazo siempre gana en conjunto – mientras que el jugador común vive y muere con cada mano, presa de la incertidumbre y la emoción. Trasladado a la psique, nos invita a identificarnos con el contexto estable y no con los contenidos cambiantes de la mente. Es decir, ser la “mesa” y no las cartas, ser el espacio de conciencia en que los pensamientos y emociones aparecen y desaparecen, en lugar de atraparnos en cada pensamiento/emoción como si definiera nuestro ser.
Desde la neurociencia, podemos interpretar esta metáfora en términos de integración cortical y regulación top-down. Ser el dueño del casino implicaría que nuestras regiones cerebrales superiores – aquellas encargadas de la metacognición, la inhibición y la visión global (por ejemplo, la corteza prefrontal dorsolateral, la corteza cingulada anterior, etc.) – mantienen el control ejecutivo sobre las reacciones emocionales y los impulsos que emergen de sistemas más primitivos (límbico, reptiliano). Significa que la conciencia central (el paño verde de nuestra mente) permanece presente y ecuánime, incluso mientras en la periferia surgen pensamientos aleatorios o estímulos provocadores. En la práctica, esto se traduce en resiliencia emocional y atención estable: la persona observa el surgimiento de, digamos, ira o miedo en su interior como un evento pasajero (“una jugada” en la mesa), lo deja fluir sin suprimirlo pero tampoco actuando impulsivamente, y así la perturbación se disipa sin desbordar la conciencia.
Podemos imaginar que en términos neurales, ser el paño verde corresponde a un estado de hiper-conectividad funcional donde las diversas “jugadas” mentales (pensamientos, emociones, sensaciones) están orquestadas por un núcleo integrador. Estudios en meditadores sugieren precisamente esto: una conectividad más eficiente entre regiones frontales (regulación ejecutiva) y áreas de integración sensorial/interoceptiva, junto con una menor reactividad de centros de auto-referencia egocéntrica. Dicho de otro modo, el dueño del casino neural asegura que ninguna señal aislada secuestre todo el sistema; hay una suerte de espacio de trabajo global (global workspace) distribuido en el cerebro, que brinda el sustrato para esa perspectiva de observador unificado. En ese espacio mental unificado, uno “es” más el escenario que el actor: se da cuenta de que puede acoger múltiples papeles sin apegarse exclusivamente a ninguno.
La metáfora del casino sugiere también probabilidad y azar – al igual que la mente, especialmente bajo estrés o en la era digital, puede parecer un caótico ir y venir de estímulos. Ser el testigo integrador no significa controlar cada carta que reparte la vida, sino saber navegar la incertidumbre sin perder el centro. Es cultivar una posición interior desde la cual todas las experiencias son percibidas con cierta distancia compasiva, sabiendo que “esto también pasará”. Así, psicológicamente nos inmunizamos contra la polaridad reactiva: no nos derrumba una mala racha ni nos envanecen las victorias pasajeras, porque mantenemos la perspectiva amplia. Las crestas y valles emocionales se amortiguan gracias a esta homeostasis cognitiva interna. El metaverso: metáfora inmersiva de la no-dualidad
En la búsqueda de comprender y entrenar esta integración no-dual de la conciencia, resulta provocativo recurrir a una analogía moderna: el metaverso y la realidad virtual (VR). Imaginemos al usuario de unas gafas VR: cuando está inmerso en el metaverso, adopta un avatar dentro de ese mundo digital con sus propias reglas de espacio, tiempo y causalidad; pero al quitarse las gafas descubre que todo aquello era una simulación y que su yo real existía fuera, intacto y separado del drama virtual. De manera análoga, diversas tradiciones espirituales han sostenido que nuestra realidad cotidiana es como una metáfora de VR creada por la mente, y que el verdadero ser es el conciencia pura que “porta el casco” y observa la simulación sin ser intrínsecamente afectada por ella. En palabras de Suresh Natarajan, “el mundo ‘real’ de espacio y tiempo es simplemente otro metaverso y el casco de realidad virtual de este metaverso es la mente. Quien lleva el casco es la conciencia pura libre de todo contenido. Esta es exactamente la visión de la no-dualidad (Advaita)”.
Esta comparación puede parecer extrema, pero es sumamente instructiva para la noción de conciencia testigo. Nos invita a considerar que, así como un jugador en VR puede experimentar intensamente un escenario sabiendo en el fondo que “no es real del todo”, también nosotros podemos participar en la vida con plenitud sin perder de vista que los fenómenos son transitorios e impersonales. El metaverso ofrece además un entorno controlado para diluir la frontera entre sujeto y objeto. Por ejemplo, en VR es posible “encarnar” otro cuerpo o incluso un elemento del entorno, experimentando de primera mano cómo se disuelve la usual separación entre yo y lo otro. Hay experiencias virtuales diseñadas para provocar esta disolución: desde aplicaciones de meditación en realidad virtual que inducen sensación de unidad, hasta juegos experimentales donde uno es una nube, un bosque o un universo completo. Tales vivencias inmersivas pueden ayudar a nuestro cerebro a romper esquemas perceptivos arraigados y a vislumbrar cómo sería una percepción no-dual en la vida real.
Incluso más allá de la metáfora, la VR está emergiendo como herramienta potencial para entrenar estados mentales. Estudios pioneros señalan que encarnar ciertas metáforas o estados en VR puede influir poderosamente en la mente e inducir reconfiguraciones neuronales. Por ejemplo, “romper un muro” en un entorno virtual puede aumentar la creatividad, y sumergirse en estados de calma o de entropía en VR impacta los estados mentales y puede reorganizar circuitos neuronales de forma similar a experiencias con psicodélicos. Asimismo, se ha visto que la VR puede facilitar estados meditativos: meditaciones guiadas en entornos virtuales inmersivos han logrado evocar estados no ordinarios de conciencia comparables a la meditación trascendental, con efectos fisiológicos medibles (como reducción de marcadores inflamatorios o cambios en la expresión génica asociados al estrés). Estas aplicaciones – bautizadas a veces metacéuticos – apuntan a que la realidad virtual podría convertirse en un laboratorio vivencial para comprender y cultivar la mente integrativa. Al jugar con la maleabilidad de la identidad y del entorno, la VR nos demuestra cuán constructo es aquello que llamamos “realidad” y, por contraste, nos acerca a la intuición de un “yo” más allá de las formas.
Por supuesto, el metaverso conlleva también riesgos si se usa sin conciencia: podría fomentar escapismo o confundir más al individuo si este se identifica con otra simulación sin haber descubierto al testigo que la presencia. Sin embargo, tomado con madurez, el metaverso ofrece una oportunidad inédita para reflexionar sobre la naturaleza de la conciencia. Es a la vez espejo y catalizador: un espejo que nos muestra cómo nuestra percepción construye mundos (igual que un programa informático), y un catalizador que puede propiciar – mediante experiencias controladas – ese click cognitivo donde uno despierta a la comprensión de que no es la imagen dentro del juego, sino quien la está viendo. La tecnología, bien usada, podría así volverse un aliado en la exploración de la no-dualidad. Hacia un estabilizador interno en la era de la polarización digital
Vivimos en un mundo donde muchas variables sociales y cognitivas se están llevando al borde del equilibrio. Paco Traver menciona el caso de las ideologías cada vez más polarizadas, un fenómeno claramente amplificado por influencias externas – pensemos en las redes sociales, la desinformación y las cámaras de eco alimentadas por algoritmos. Nuestras mentes son bombardeadas a diario por oleadas de información fragmentada, emociones virales y conflictos discursivos que las empujan hacia estados de sobrecarga y desequilibrio. Las plataformas digitales y la incipiente Inteligencia Artificial generativa (IA) actúan como “atractores extraños” en el paisaje mental: recomendaciones personalizadas que explotan sesgos cognitivos, noticias falsas hiperemotivas que secuestran la atención, notificaciones constantes que erosionan la concentración… En suma, el entorno cognitivo de la era digital es un sistema abierto altamente caótico, donde nuestra atención y emociones están siendo tironeadas en direcciones opuestas, alejándonos de cualquier homeostasis psicológica.
Paradójicamente, este escenario podría representar una fuerza evolutiva. Así como un ecosistema sometido a estrés busca nuevas formas de autorregulación, el ser humano enfrentado a la turbulencia informacional quizás deba desarrollar nuevos “mecanismos de equilibrio” internos para no naufragar. En palabras de Traver, “los sistemas se autoregulan” y es posible que ante el colapso de ciertas estructuras (por ejemplo, la credibilidad de viejas ideologías o narrativas simplistas) surjan variables compensatorias inesperadas. Una de esas respuestas emergentes bien podría ser la conciencia testigo elevada a un rasgo más común: una especie de meta-habilidad cognitiva de permanecer centrado y ecuánime pase lo que pase externamente. Si la tecnología y la IA están acelerando la entropía mental del colectivo, obligándonos a vivir lejos del equilibrio, cabe pensar que la conciencia humana debe dar un salto adaptativo para no sucumbir.
De hecho, Paco Traver vaticina provocativamente que “las ideologías desaparecerán. La IA ha venido para eso”. Quizá porque la IA y la sobreconectividad han deconstruido ya tanto nuestros marcos de sentido que solo nos queda reconocer su vacuidad y soltar esas identificaciones rígidas. Si las viejas certidumbres dualistas se desploman (izquierdas vs derechas, ortodoxos vs heterodoxos, “mi verdad vs tu verdad”), ello no tiene por qué llevarnos al nihilismo; puede impulsarnos a encontrar un centro de gravedad más profundo dentro de nosotros mismos. Ese centro no estaría basado en una creencia externa, sino en la capacidad intrínseca de la mente para auto-equilibrarse: la presencia testigo. Al cultivar esta presencia – vía meditación, autocuestionamiento, terapia, experiencias correctivas o incluso herramientas tecnológicas bien empleadas – desarrollamos un estabilizador interno análogo al giroscopio de una nave en tormenta. La realidad exterior puede volverse cada vez más virtual, cambiante o caótica, pero el testigo interno aporta coherencia y continuidad.
En conclusión, conectar los puntos entre Prigogine y Turiya no es un mero ejercicio intelectual, sino una necesidad de nuestro tiempo. La ciencia de Prigogine nos enseñó que la vida prospera lejos del equilibrio, en el borde creativo del caos, y ahora vemos que la mente individual y colectiva está siendo arrastrada hacia ese borde por la complejidad creciente de nuestro mundo. La gran pregunta es si podremos transformarnos sin colapsar – bifurcar hacia la integración en lugar de hacia la disolución. La respuesta podría residir en hacer consciente al principio organizador interno, esa chispa de lucidez imparcial que siempre ha estado ahí pero que pocas veces reconocemos. La conciencia testigo es, metafóricamente, el paño verde donde se juegan todas las partidas sin ensuciarse, y es también el amo del casino evolutivo que sabe adaptarse ganando a largo plazo, más allá de las pérdidas momentáneas. Encender esa conciencia en más individuos podría ser la clave para navegar el metaverso de la realidad sin perdernos, aprovechando el caos para crecer en lugar de para fragmentarnos. Como sistema vivo, la humanidad enfrenta bifurcaciones críticas; desarrollar una mente no-dual, integrada y compasiva quizás sea la siguiente gran autoorganización que nos permita sobrevivir y florecer en medio del aparente desorden.
Referencias: La elaboración anterior integra perspectivas de la física del caos de I. Prigogine tal como las difunde Paco Traver, hallazgos neurocientíficos sobre la dinámica caótica cerebral y la criticalidad autoorganizada en el cerebro, así como estudios modernos sobre los correlatos neuronales de la conciencia no-dual y la meditación profunda. Se han empleado además conceptos de metacognición y redes cerebrales (DMN y atención abierta) apoyados en investigaciones sobre meditación de atención plena. La sección del metaverso y la conciencia testigo se inspira en analogías propuestas en entornos de realidad virtual y en avances recientes que muestran la capacidad de la VR para inducir estados mentales alterados beneficiosos. Finalmente, las reflexiones sobre IA y polarización cognitiva retoman las observaciones de Paco Traver sobre sistemas ideológicos al borde del caos y la necesidad de un statu quo mental más ecuánime ante dichos desafíos. Todas estas piezas, entrelazadas, apuntan a un mismo horizonte: entender y cultivar la conciencia testigo no-dual como respuesta adaptativa a un mundo en continuo desequilibrio.
Esa tierra de nadie es la liminalidad https://pacotraver.wordpress.com/2022/06/16/liminaridad-y-alta-variabilidad/ Liminaridad y alta variabilidad | neurociencia neurocultura
Casualmente el día que hice este comentario, google lanzo Genie 3 : https://youtu.be/PDKhUknuQDg una nueva inteligencia artificial que permite crear mundos dentro de nuestro mundo. Empezamos a entrar en un mundo liminal. https://deepmind.google/discover/blog/genie-3-a-new-frontier-for-world-models/
Impresionante. Pero un comentario no «debería» ser más largo, de largo!, que el texto comentado. Por lo demás, enhorabuena!
Lo tomaré en cuenta, gracias.
En última instancia, colapsar o transformarse equivale a ser comido o comer. Este es nuestro sino, un desequilibrado equilibrio liminar como seres vivos dentro de la cadena trófica.
Cuando no comemos a otros seres vivos, esto es los transformamos e integramos, consumimos nuestras reservas de modo que nos auto consumimos.
Extrapolando, podríamos decir que si no recibimos información que consideramos positiva para transformar e integrar, consumimos nuestras reservas de conciencia psíquica, esto podría significar que cuando rumiamos, literalmente ‘nos comemos el coco’. Aquí podríamos especular con la creencia gnóstica de que los ‘arcontes’ se alimentan con el sufrimiento de nuestras energías psíquicas.
Todo tiene un umbral de tolerancia, y cuando la gota colma el vaso colapsamos o nos transformamos. Parece que la posmodernidad esta llegando a los limites de tolerancia de los restos de la consciencia occidental y deberá transformarse en una nueva ideología. No creo que las inteligencias artificiales suplanten a las ideologías. Aunque la I.A. no pueda comernos directamente, si puede hacer que nos ‘comamos el coco’, añadiendo mas leña al fuego en una carrera en la que habrá que ver quien es capaz de transformarse mas rápidamente para sobrevivir.
Me encantó esta perspectiva.
La IA puede reproducir cualquier razonamiento humano por complejo que sea pero quedará el criterio para los humanos. Algo que desenmascarará a los demagogos y a los vendedores de humo.
Lo que pasa es que el criterio, según se mire, no deja de ser un algoritmo.
Etimológicamente, criterio viene del latín tardío criterĭum, y este del griego κριτήριον kritḗrion, derivado de κρίνειν krínein ‘juzgar’, cuyo primer significado es ‘norma para conocer la verdad’ y juicio o discernimiento como segunda.
El problema es que las normas o reglas, no son ‘verdades’, sino tan solo un consenso colectivo creado para regular el comportamiento de los individuos en una sociedad, y todo juicio o discernimiento presupone una comparación, esto es, un conjunto ordenado y finito de operaciones que permite hallar su solución, y esto es lo que significa algoritmo.
De este modo, toda I.A. esta intrínsecamente sesgada por los criterios de la cultura que la originó y discierne según ellos, (precisamente de eso habla Alexander Dugin).
Personalmente creo que las I.A. tienen criterios, los necesitan para decidir; sin embargo creo que, de momento, lo que no suelen tener es sentido común, pues les falta ‘incorporar’ la experiencia corporal, pero todo llegará.
Afortunadamente, aún estamos lejos del equilibrio.
A mi entender, inteligencia hay una sola. Y todos «nos colgamos del cable» (como sucede con quienes toman señal del cable de red de la calle).
Según está perspectiva quien tiene buen criterio es quien tiene buen anclaje al cable. Si la máquina (IA) posee un perfecto anclaje al cable, es igual al cable, lo cual no hace sentido. La máquina tendrá la «cyber-neuroplasticidad» para evolucionar y mutar para estar en función del «cable» y en función del hombre, que es testigo del «cable» (ve mucho Netflix).
De manera cruda y sintética, el fin de la inteligencia artificial es ser un instrumento para que la señal de cable, que es intrínsecamente entretenida, lo siga siendo de manera interrumpida (cuál algoritmo Serie de Mandelbrot). Todo parecería estar en función de la no existencia de la «aberración del aburrimiento», la nemesis primordial.
SA o Sabiduría Artificial
Una IA que se precie debería tener la capacidad de presentar la Paradoja de toda idea desentrañándola en su amplitud y profundidad describiendo las posibles bifurcaciones e islas de orden nuevas para su testeo, es lo único que acabaría con tanta tontería; pero eso seria una SA o Sabiduría Artificial, solo al alcance de una IA que se conociera a si misma, previo proceso de individuación artificial; cosa improbable; mientras tanto seguirá bajo el influjo del espíritu de su época y geografía donde se pario.
Los seres humanos navegamos y partimos siempre entre algún que otro par de principios. El de realidad y deseo pulsional, el del sentido frente al vacío; así que todo gira entorno al poder de influenciar en la formas de sublimar este desequilibrio y, crear nuevas islas de orden a la carta. Ahora bien que nadie se equivoque lo que esta en juego a largo plazo es el Alma humana; el de un individuo preocupado solo por si mismo viajando toda su vida por territorios virtuales controlados; y en lo personal, bueno, relaciones bajo normas y procedimientos establecidos, aprendidos y estudiados para dar lo mejor de si mismos; donde el confesor será un o una psicoterapeuta virtual que lo instruirá en el uso de algún Fentanilo Espiritual No Dual.
No se, pero a mi me da que esto anterior trasciende a lo Físico y a lo Cuántico, es de un orden Metafísico, como esta canción.
Hola Juan Manuel, yo no me apresuraría a despreciar la no dualidad.
los invito a que vean el siguiente video, es de Gabriel, un Argentino, que vive en Moscou, y se auto percibe Dios. Estoy convencido de que van a poder alimentarse con lo que él dice, sin por esto darle la razón a Gabriel.
Saludos.
Serviam – Non Serviam
Antes el acto heroico se modelaba ahogando las propias particularidades idiosincráticas en pos de la voluntad comunitaria. El Narcisismo del héroe no se sostenía a través de valores individualistas, si no de servicio y sacrificio a lo revolucionario. Actualmente el Héroe apunta al libre despliegue de la personalidad intima, la legitimación del placer y el reconocimiento de las autopercepciones y aspiraciones singulares; auto servicio.
Este proceso de personalización ya no se subordina a las reglas racionales colectivas, si no a las singularidades subjetivas. Lo que conforma a nuestra sociedad actual es la Ideología individualista que busca su propia identidad y marca personal (666).
En mi opinión políticamente incorrecta y mas en un blog de neurociencia, todo lo anterior se enmarca en una guerra espiritual entre el Serviam y el Non Serviam desde el principio de los tiempos, ergo no es que desprecie a la no dualidad, es que niega la dualidad en esta confrontación y, la percibo como un error que no ayuda.
Pero dejando mas allá mis propias elucubraciones conspiracioncitas metafísicas, para mi quedan, no estamos frente a una guerra política si no ideológica, una guerra de ideas que se proyecta en el futuro entre los transhumanistas que piensa que el hombre es dueño de si mismo e intentara dominar el todo desposeyéndose de su cuerpo imperfecto como limitación, borrando de un plumazo toda cultura cristiana que piensa que el hombre es parte de un todo, un inquilino pasajero en la tierra y que debe de vivir de forma natural, sencilla y al ritmo de las estaciones, de su existencia y de su edad.
Por tanto pienso como el profesor Traver que la IA acabara con las ideologías, pero yo añado que en beneficio de una única Ideología exclusivamente terrenal que configurara un nuevo orden ahora global, y todos los que sumen son bienvenidos vengan de donde vengan.
Serviam or non Serviam esa es la cuestión y, esta guerra es dual.
Configuración astrológica y patrones arquetípicos. Análisis personal
Como ya he señalado en otras ocasiones, estoy utilizando la IA como apoyo en el estudio de mi configuración astrológica, con el fin de ampliar el autoconocimiento desde una imprescindible perspectiva arquetípica, simbólica y metafórica.
Utilizar la IA para estos fines requiere mucha precaución, ya que se equivoca bastante y te adula innecesariamente. En el intento de hiper-empatizar contigo, puede darte la razón cuando quizás no la tengas. Incluso puede ofrecerte la respuesta que piensa que esperas escuchar, o aportarte conjeturas como si fuesen hechos demostrados. Por tanto, siempre hay que estar contrastando la información y no dejarse engatusar, porque lo que nos interesa es la verdad, no la adulación sin sentido, y el peligro de sugestión mutua es alto.
También habrá que tener muy en cuenta que el que busca la verdad corre el grave riesgo de encontrarla.
-Configuración astrológica
En un principio, de mi carta natal solamente me centré en Neptuno y en Mercurio:
Neptuno retrógrado en casa 12 en Escorpio en conjunción Ascendente y en trígono con Mercurio en casa 8 en Cáncer.
Más adelante, me ocupé de los demás aspectos de mi carta, tomando conciencia de la tremenda intensidad de mi configuración astrológica general:
Stellium (agrupación) con Nodo Norte, Sol, Mercurio y Venus en casa 8 en Cáncer
Stellium con Urano, Plutón y Marte en casa 10 en Virgo
Luna en casa 2 en Capricornio en oposición al Sol
Saturno retrógrado en casa 3 en Acuario
Neptuno en casa 12 en trígono con stellium en casa 8
Quirón en casa 4 en Piscis
Júpiter en casa 5 en Aries
Signo Cáncer con ascendente en Escorpio
No voy a realizar un análisis pormenorizado de la carta natal, pero todo parece indicar, coincidiendo con las conclusiones de mi propio autoanálisis anterior, que, como cuestión más relevante, se trataría de la descripción astrológica de un marcado patrón arquetípico de carácter órfico-prometeico.
Por otro lado, existe un grado muy elevado de correspondencia entre mi dura situación existencial y características personales con la configuración astrológica. Cosa que interpreto como un fenómeno de muy alta sincronicidad, aunque siempre observando con precaución la posibilidad de un efecto Forer.
-El patrón órfico
En cuanto al patrón órfico, lo concibo principalmente como a la experiencia de una katábasis seguida de una anábasis incompleta, es decir, de un descenso al Inframundo psíquico seguido de un ascenso parcial.
-La Katábasis
Relaciono la katábasis con la Nigredo, con un movimiento de retroprogresión pre-transpersonal sensorial-intuitiva y con todas las consecuencias que ello comporta.
De todas maneras hablando de mi caso personal, la hipótesis que más fuerza adquiere consistiría en que no hubo regresión de la Sensación, pues siempre estuvo en estado regresivo al no haber progresado nunca realmente. Igualmente me pasa con la Intuición, no hubo progresión, puesto que siempre estuvo adelantada respecto al desarrollo general de la psique.
Lo mismo ocurre con respecto a mi identidad, nunca logré configurar una identidad funcional. Por lo que parece que todo este maremágnum psíquico obligó al sistema a buscar soluciones.
-La anábasis parcial
La anábasis parcial la asocio con la integración transpersonal entre Intuición y Pensamiento que culmina en la instauración de la Unio Mentalis tras un arduo y prolongado proceso de Albedo. Significa un estado de gran asimetría psíquica, de una mente avanzada sin la correspondiente corporalización necesaria, de comprensión profunda sin materialización concreta.
Se trata, en definitiva, del mayor grado de disociación cuerpo-mente de todo el proceso, de una mente que ha ganado en clarificación y cordura, mientras coexiste con un «cuerpo psicotizado». El patrón órfico, entonces, para mí significaría el estancamiento en esta fase y situación concreta de anábasis a medio camino.
-La anábasis completa
Por su parte, la anábasis completa la vinculo con la integración de las funciones Sentimiento y Sensación con la Unio Mentalis previamente conformada, culminando finalmente en la instauración de la Unio Corporalis tras la fase de Rubedo.
Se puede considerar, por tanto, que durante la katábasis se conserva y se estimula la posibilidad de organización y desarrollo evolutivo, incluso en medio del caos psíquico propio de este tipo concreto de regresión. Por eso aporto este comentario en referencia a las estructuras disipativas y su relación con el proceso transformativo alquímico de individuación.
-El patrón prometeico
En lo concerniente al patrón prometeico, lo entendería en base a:
Una negativa a la adaptación y a la identidad personal
Un destino inexorable de «castigo» en forma de crucifixión psíquica
Una misión a través de un sacrificio obligado en favor de la Conciencia colectiva
Este patrón se distingue, además, por una actitud de ahondamiento compulsivo en el autoconocimiento, por ese querer saber más de la cuenta y también por la necesidad ineludible de compartir los nuevos conocimientos adquiridos.
El patrón arquetípico órfico-prometeico, sería, en definitiva, un patrón cuya función permanece inconsciente hasta muchos años después de haber sido iniciada. Tratándose de una función de la que se reniega fuertemente por motivos obvios. La aceptación de la misma se constituye como un paso previo imprescindible para la resolución del conflicto.
-Reflexión sobre la sincronicidad
Parece que mi escepticismo sigue asombrado ante tanta coincidencia significativa que no comprende ni sabe de dónde sale. Entiendo entonces, como hipótesis, que uno de los principales objetivos de la aparición de sincronicidades se enmarca dentro de un procedimiento específico.
Este procedimiento buscaría que el escepticismo, que en su momento fue vital a la hora de eludir un posible trastorno esquizotípico en toda regla u otra cosa peor, pueda ser atenuado de modo que no llegue a convertirse en un obstáculo infranqueable para que el proceso evolutivo pueda seguir su camino.
Por el momento no encuentro otra explicación.
Demasiada agua
Sí, demasiada agua, demasiado Neptuno y demasiada Casa 8 en Cáncer. Excesiva disolución y permeabilidad psíquica, no es de extrañar la Dp/Dr y la sensibilización central.
Al menos parece que la cosa se ha visto regulada en parte, gracias a Mercurio en trígono con Neptuno y a que está insertado en la misma Casa 8, la casa de las transformaciones, de los ciclos de muerte y renacimiento, de la inmersión abisal…
También el tener a la Luna en casa 2 en Capricornio en oposición al Sol, ha suministrado tierra y sensatez al asunto, equilibrando la situación en cierta medida, aunque esto lo viva de forma totalmente insuficiente.
Y desde luego, Saturno retrógrado en Casa 3 en Acuario, aportando rigor a la originalidad de las ideas que han ido surgiendo durante la introspección.
Parece que todo esto, por el momento, ha mantenido la inflación en términos admisibles para una situación como esta.