El subjuntivo y los mundos posibles (4)

Hay una conexión muy profunda entre subjuntivo e irrealidad,, pero conviene formularla con precisión: el subjuntivo no es simplemente «el modo de lo irreal». Es, más bien, el modo de aquello cuya existencia no queda afirmada por el hablante.

Podríamos decir:

El indicativo instala algo en el mundo; el subjuntivo lo mantiene en el espacio de lo posible.

1. El indicativo afirma

«Juan está en casa.»

La frase presenta un estado de cosas como perteneciente al mundo que el hablante está describiendo.

«Juan estaba en casa.»

Incluso en pasado, la existencia del acontecimiento queda afirmada: ocurrió o se presenta como ocurrido.

2. El subjuntivo abre un espacio

«Quiero que Juan esté en casa.»

Aquí «Juan esté en casa» no afirma que Juan esté allí. Lo coloca en un espacio intencional: lo deseado.

Y podemos recorrer diferentes modalidades:

  • Deseo: «Ojalá esté en casa.»
  • Duda: «No creo que esté en casa.»
  • Temor: «Temo que esté en casa.»
  • Posibilidad: «Es posible que esté en casa.»
  • Necesidad: «Es necesario que esté en casa.»

En todos estos casos aparece algo interesante: el mundo se bifurca.

Está el mundo de lo que es y, alrededor de él, otros mundos:

lo que deseo que sea
lo que temo que sea
lo que podría ser
lo que debería ser
lo que imagino que podría haber sido.

El subjuntivo es, en cierto sentido, la gramática de esos mundos alternativos.

3. La forma más pura: el contrafactual

Aquí la relación con la irrealidad se hace especialmente evidente:

«Si hubiera llegado antes, lo habría encontrado.»

Tenemos dos mundos:

Mundo real: llegó tarde / no lo encontró.

Mundo contrafáctico: hubiera llegado antes → lo habría encontrado.

El subjuntivo permite introducir una realidad que no ocurrió, pero que podemos explorar mentalmente.

Y esto es extraordinariamente importante para una teoría de la mente: el ser humano no vive solamente en el mundo actual. Vive simultáneamente en una arquitectura de mundos posibles.

4. El subjuntivo como operador ontológico

Esto conecta directamente con lo que estábamos elaborando sobre una psicopatología ontológica.

Podríamos considerar el subjuntivo como un operador que hace algo muy particular:

suspende provisionalmente la existencia de un estado de cosas sin eliminarlo del campo de lo pensable.

Por eso:

Indicativo:

«Es.»

Subjuntivo:

«Que sea.»

Condicional:

«Sería.»

Contrafactual:

«Hubiera sido.»

Son distintas relaciones entre lenguaje y existencia.

Y hay algo todavía más interesante:

«Es» pertenece al mundo.
«Que sea» pertenece al espacio de lo posible.
«Sería» pertenece al espacio de lo virtual.
«Hubiera sido» pertenece al espacio de lo perdido.

Esto último tiene enormes consecuencias para una fenomenología del sufrimiento.

5. La melancolía podría pensarse gramaticalmente

Imagina:

«Si hubiera…»

La existencia se desplaza hacia un pasado alternativo.

«Si hubiera estudiado medicina…»

«Si no hubiera conocido a aquella persona…»

«Si hubiera tomado aquella decisión…»

El sujeto construye un mundo contrafáctico y compara continuamente el mundo actual con él.

La melancolía podría describirse, desde esta perspectiva, como una hipertrofia del mundo subjuntivo: demasiada energía psíquica invertida en aquello que podría haber sido.

Y la ansiedad podría presentar el movimiento inverso:

«¿Y si ocurre…?»

Aquí el subjuntivo proyecta mundos posibles hacia el futuro.

Por eso podríamos establecer una primera cartografía:

Tiempo psíquico Operador Ejemplo

Actualidad

Indicativo

«Es.»

Posibilidad

Subjuntivo

«Que sea.»

Deseo

Subjuntivo

«Ojalá sea.»

Temor

Subjuntivo

«Temo que sea.»

Futuro virtual

Condicional

«Sería.»

Pasado alternativo

Pluscuamperfecto subjuntivo.

Hubiera sido

Y aquí aparece una idea que creo que encaja extraordinariamente bien con tu Geometría del alma:

La conciencia humana no habita un único espacio ontológico. Habita un espacio ramificado de actualidades, posibilidades, deseos, temores y contrafactuales. El subjuntivo es uno de los mecanismos lingüísticos que permiten recorrer esa geometría.

Incluso podríamos llamar a esto la topología modal del lenguaje: el estudio de cómo el lenguaje permite desplazarse entre lo real, lo posible, lo deseado, lo temido y lo contrafáctico.

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