Ontología de la locura 1

Ontología de la locura

(o las formas en que la metáfora se rompe y rehace el mundo)

El ser humano no habita la realidad.
Habita una red de metáforas estabilizadas.

“Yo”, “cuerpo”, “amor”, “otro”, “mundo”…
no son cosas: son operaciones simbólicas que funcionan como si fueran cosas.

Enloquecer no es perder esas metáforas.
Es que dejan de operar como mediación.

Y entonces aparecen distintas ontologías —distintos modos de ser—.


1. Cuando la metáfora se literaliza → ontología delirante

Aquí la mediación colapsa.

La metáfora ya no señala: afirma.

El sujeto no interpreta el mundo.
El mundo le habla directamente.

No hay distancia entre signo y cosa.

La metáfora cae sobre lo real como un peso.

Esto produce certeza.
Pero una certeza inhabitable.


2. Cuando la metáfora invade → ontología paranoica

Aquí la metáfora no se fija en un punto:
se expande por todo el campo.

Todo significa, todo apunta, todo está dirigido.

No hay exterior neutro.

El sujeto queda atrapado en una red total de sentido.

No es que haya una verdad:
es que todo confirma la misma verdad.


3. Cuando la metáfora no se constituye → ontología ordinaria

Aquí no hay caída espectacular.

Lo que falla es más básico:
la metáfora no llega a consolidarse.

El mundo funciona, pero sin espesor simbólico.

El sujeto se sostiene con:

— rutinas
— identificaciones
— pequeñas invenciones

No hay delirio, pero tampoco hay suelo.

Es una ontología precaria:
no se rompe, pero tampoco se estabiliza.


4. Cuando la metáfora se encarna → ontología corporal

Aquí el fallo no se juega en las ideas,
sino en el cuerpo.

La metáfora no se piensa:
se siente, se padece, se goza.

El cuerpo deviene escenario:

— dolor sin causa
— excitación fijada
— sensaciones intrusas
— fenómenos de extrañeza corporal

El cuerpo ya no representa:
es el lugar donde la metáfora ocurre.


5. Cuando la metáfora se vacía → ontología melancólica

Aquí no hay exceso ni invasión.

Hay caída del sentido.

Las palabras siguen ahí,
pero ya no significan.

El mundo pierde consistencia.

No es que algo sea falso.
Es que nada logra ser verdadero.

El sujeto no delira.
Pero tampoco puede sostener el valor de nada.


6. Cuando la metáfora se sustituye → ontología protésica

Aquí aparece una solución contemporánea.

Cuando la metáfora falla,
se la reemplaza por dispositivos externos:

— diagnósticos
— identidades cerradas
— sistemas de creencias
— algoritmos de conducta
— estilos de vida rígidos

No hay simbolización interna suficiente,
así que se importa desde fuera.

Esto estabiliza.
Pero al precio de cierta artificialidad.


7. Cuando la metáfora se vuelve autorreferencial → ontología reflexiva extrema

Aquí el sujeto no pierde la mediación.

Hace algo distinto:
queda atrapado en ella.

Piensa sobre pensar, siente sobre sentir,
se observa viviendo.

Todo pasa por un exceso de reflexividad.

La metáfora no cae.
Se repliega infinitamente sobre sí misma.

Y eso también puede ser una forma de locura:
una sin ruptura, pero sin descanso.


Lo decisivo

Todas estas formas no son “tipos clínicos”.
Son modos de relación entre tres cosas:

— lo real
— lo simbólico (metáfora)
— el cuerpo

Y en cada forma, lo que cambia es:

cómo (o si) la metáfora logra hacer de puente.


Y el punto incómodo

No hay una frontera clara entre cordura y locura.

Lo que llamamos “normalidad”
no es más que una metáfora suficientemente estable,
compartida, flexible.

Pero:

— si se rigidiza → delirio
— si se expande → paranoia
— si falla → vacío o precariedad
— si invade el cuerpo → síntoma
— si se sustituye → prótesis


Cierre

Enloquecer no es salir de la condición humana.

Es mostrar su estructura.

Somos animales metafóricos.
Y la locura es el momento en que
esa maquinaria se desajusta
y deja ver sus engranajes.


Cuando termines el artículo:

Después de leer

Conversación y debate

1 comentario

La lectura continúa aquí: objeciones, matices, preguntas y cruces con otros textos.

  1. La ruptura es Óntica

    No somos una conciencia abstracta, si no un cuerpo/sujeto, aquí el objeto cuerpo y la conciencia son inseparables, por que mi cuerpo esta en el mundo, es decir percibimos por que somos parte del mundo. No existe una conciencia vacía, siempre se es conciencia de algo y, viceversa, el objeto o fenómeno solo tiene sentido para una conciencia que la percibe y la piensa.

    Al tocar algo nos sentimos tocados, la conciencia esta encarnada, no es un espectador externo, esto rompe la idea de que el mundo esta allá afuera, si no algo que habitamos y que nos responde. No soy un Yo pensante a lo descartes, si no que el Yo es un cuerpo/sujeto, no pienso luego existo, percibo luego existo.

    La ontología melancólica la encontramos en la rotura del equilibrio y conexión entre el cuerpo y el mundo, es una perdida ontológica, en tanto la conciencia sigue existiendo, pero el objeto mundo deja de tener sentido, volviéndose ajeno e irreal., donde el sujeto sobrevive pero el mundo que lo sostenía y le daba identidad ha desaparecido; el mundo deja de significar. El delirio seria el intento de reconstrucción de significado con una visión personal de la realidad.

    A donde quiero llegar por supuesto no es a la clinica, lo que encuentro interesante es como se produce y afecta esta fragmentación entre el cuerpo/sujeto y el mundo y, su perdida tanto de participación y significación que aparece en nuestro tiempo, dando paso a un cierta ontología melancólica por la falta de sentido, y a un delirio recurrente de reconstruirla con visiones impuestas por los que tienen el poder de introducirlas.

    Factores claves

    Tecnología digital, a través de la misma el mundo es un interfaz, el cuerpo ya no habita el espacio, opera sobre el. Encontramos tb la supremacía de la utilidad, las cosas dejan de ser, de significar, de ser metáfora, para solo servir utilitariamente. La sobre estimulación y la velocidad impiden contemplar, eliminando a la metáfora que nace del silencio y, por ultimo el dualismo extremo, un cuerpo separado de la mente, el entorno se vuelve un escenario ajeno.

    Esta ruptura que se introduce lentamente que acaba con la unidad cuerpo/sujeto con el mundo que era ontológica, nos arroja a lo Óntico u, objetos aislados, fragmentados y sin Alma, cosas no significados.

Deja un comentario

Descubre más desde neurociencia neurocultura

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo