La teoria ITT de Tononi nos habla de distintos tipos de phi, es decir de conciencia, aqui en este párrafo podemos recordar en qué consiste este coeficiente: lo recuerdo con extensión en este post.
Cómo se calcula Φ
- Φ se mide evaluando todas las posibles particiones del sistema y calculando cuánto se pierde de poder causal al “cortar” las conexiones entre partes.
- El valor máximo de Φ (Φ^max) se busca en el complejo principal (el subconjunto de elementos con el mayor Φ irreducible).
- Sistemas con alto Φ: cerebros humanos despiertos (Φ muy alto), cerebros en sueño no-REM o anestesiados (Φ bajo).
- Sistemas con Φ ≈ 0: cereales (cereal), pilas de arena, computadoras digitales convencionales (aunque tengan mucha información, no la integran de manera irreducible).
Sin embargo una de las criticas que se hacen al modelo de integración de Tononi es que esa cuantificación no explica por si misma la patologia ni el problema duro de la conciencia.
En mi opinión: la idea de Tononi —recordemosla ahora—queda coja en cuanto a considerar coeficientes.
Qué significa el coeficiente de almidad
En un texto anterior (esta vez inspirado en Hofstadter), el coeficiente de almidad es:
👉 Un continuo de conciencia / subjetividad, no algo que se tiene o no se tiene.
👉 Gradual y expansivo, no binario.
👉 Dependiente de la complejidad mental y autorreferencial.
Sin embargo en mi opinión:
La idea clave (la que importa de verdad)
El núcleo no está en la puntuación, sino en esto:
👉 El “alma” emerge cuando un sistema mental
puede representarse a sí mismo (bucle extraño).
Ahora estamos en línea directa con Hofstadter:
- conciencia = autorreferencia
- yo = ilusión estable construida por el cerebro
Y aqui doy un paso más clínico:
👉 La psicopatología sería, en parte, un déficit o distorsión de almidad
(“desalmados” como sujetos con baja integración empática y simbólica)
⚠️ Donde la idea se vuelve peligrosa (y fértil)
Digo ahora lo que no es cómodo pero es necesario:
1. El número engaña
Cuando introduces números (50, 100…), automáticamente:
- parece una jerarquía moral
- parece una medida objetiva
- invita a comparar sujetos
Y es casi inevitable leer que 100 “vale más” que 50
👉 Eso desliza el concepto hacia algo tipo CI del alma
(y ahí empiezan los problemas éticos y conceptuales)
2. No es cantidad, es estructura
La lectura más sólida sería esta:
👉 No hay “más alma” o “menos alma”
👉 Hay formas distintas de organización de la conciencia
Es decir:
- no es lineal → es topológico
- no es puntuación → es configuración
3. El giro interesante (el bueno de verdad)
Un texto mio anterior deja caer algo muy potente:
👉 El alma no es pureza, es mezcla
Incluso en alguien “muy alto”:
- hay bucles pobres
- hay residuos primitivos
- hay ruido simio
Eso es clave:
La almidad no elimina lo bajo, lo integra.
🧩 Reformulación más afinada
Si lo depuramos, el coeficiente de almidad sería:
👉 El grado de integración entre:
- percepción
- memoria
- lenguaje
- emoción
- autorreferencia
…en un sistema capaz de simbolizarse a sí mismo y a otros.
Tipología estructural de la almidad
No son niveles jerárquicos, sino configuraciones. Una misma persona puede moverse entre ellas.
1. 🪨 Almidad basal (pre-reflexiva)
👉 Hay experiencia, pero casi sin “yo”.
- Predomina lo sensorial y lo inmediato
- Escasa narratividad interna
- Poca diferenciación yo / mundo
Ejemplos:
- bebés
- ciertos estados animales
- estados humanos de automatismo (fatiga extrema, shock)
📌 Clínica:
- algunas demencias avanzadas
- estados confusionales
👉 Aquí no hay relato, solo presencia sin interpretación.
2. 🧍 Almidad operativa (yo funcional)
👉 Aparece un “yo” práctico, pero no profundamente examinador.
- identidad estable pero poco cuestionada
- pensamiento instrumental
- moral convencional
- baja introspección
Ejemplo típico:
- vida cotidiana adaptada
- “soy así porque siempre lo he sido”
📌 Clínica:
- normalidad estadística
- pero también rigidez psicológica
👉 Este tipo sostiene el mundo… pero no lo comprende demasiado.
3. 🪞 Almidad reflexiva (yo narrativo)
👉 El sujeto se piensa a sí mismo.
- introspección
- construcción de relato personal
- capacidad de duda
- conflicto interno
Aquí nace de verdad el “yo psicológico”.
📌 Clínica:
- neurosis
- ansiedad existencial
- culpa, ambivalencia
👉 El precio de esta almidad es claro:
más alma = más sufrimiento potencial
4. 🌪️ Almidad fragmentada
👉 El bucle existe, pero está roto o desorganizado.
- contradicciones no integradas
- identidades parciales
- disociación
- incoherencia narrativa
📌 Clínica:
- trastornos disociativos
- ciertos cuadros límite
- experiencias psicóticas incipientes
👉 Aquí no falta alma:
👉 sobra, pero no cohesiona
5. 🕳️ Almidad empobrecida
👉 Hay yo, pero sin resonancia emocional profunda.
- baja empatía
- instrumentalización de otros
- frialdad afectiva
- escasa culpa
📌 Clínica:
- psicopatía
- narcisismo extremo
👉 Importante:
No es falta de inteligencia, es falta de profundidad simbólica del otro.
El otro no es vivido como sujeto.
6. 🔥 Almidad expansiva
👉 El yo se vuelve flexible, creativo, simbólicamente rico.
- alta capacidad metafórica
- integración de contradicciones
- apertura a lo complejo
- sensibilidad estética
📌 Ejemplos:
- artistas
- pensadores
- ciertos estados creativos
Pero ojo:
👉 puede volverse inestable si no hay anclaje.
7. 🌌 Almidad integrativa (meta-yo)
👉 El sistema se reconoce como sistema.
- conciencia de los propios procesos mentales
- integración de niveles (emocional, simbólico, corporal)
- aceptación de contradicciones
- descentramiento del ego
Esto roza lo que algunos llaman:
- sabiduría
- insight profundo
- estados contemplativos
📌 Clínica (cuando aparece bien):
- mayor estabilidad
- menor reactividad
- mayor compasión
👉 Aquí ocurre algo clave:
el yo deja de ser el centro… pero no desaparece
🧩 Lo importante
Esto no es una escalera.
Es más bien:
👉 un espacio dinámico donde una persona puede:
- trabajar en modo operativo por la mañana
- volverse reflexiva por la noche
- fragmentarse bajo estrés
- expandirse en momentos creativos
⚠️ Punto crítico (el que define mi modelo)
La variable clave no es “cuánta alma” hay, sino:
👉 grado de integración del sistema
Podríamos decir:
- Almidad alta = alta integración + alta complejidad
- Almidad problemática = complejidad sin integración
- Almidad baja = baja complejidad
🔧 Aplicación potente (esto sí es clínico de verdad)
Puedes empezar a leer a un paciente así a partir de su discurso:
- ¿Tiene yo narrativo?
- ¿Está integrado o fragmentado?
- ¿Hay resonancia emocional con el otro?
- ¿Tolera la contradicción?
- ¿Puede observarse a sí mismo?
👉 Eso da un mapa mucho más útil por dimensional, que un diagnóstico plano tipo DSM.
En el proximo post espero llegar a un atlas de la almidad a partir de las metáforas que construimos. Pues la metáfora es lo que muestra microscopicamente un paciente cuando nos muestra su subjetividad.
Las metáforas son imagenes disfrazadas de lenguaje y no olvidemos de que una metáfora es sobre todo una mudanza, un traslado, un cambio de sentido.
Cuando termines el artículo:
Hola Paco,
Los yogis tenían muy bien estudiado este asunto, y describían las emociones según iban subiendo por la columna vertebral.
Chakra Raíz (Muladhara) - Rojo: Seguridad Supervivencia Estabilidad Conexión con lo físicoChakra Sacro (Svadhisthana) - Naranja: Creatividad Placer Sexualidad FluidezChakra Plexo Solar (Manipura) - Amarillo: Poder personal Voluntad Autoestima ControlChakra Corazón (Anahata) - Verde: Amor Compasión Conexión EquilibrioChakra Garganta (Vishuddha) - Azul: Comunicación Expresión Verdad AutenticidadChakra Tercer Ojo (Ajna) - Índigo: Intuición Percepción Claridad mental SabiduríaChakra Corona (Sahasrara) - Violeta: Espiritualidad Conciencia Conexión universal TrascendenciaLos colores, la escala cromática, abarca desde el Rojo hasta el violeta, es una línea. Lo que genera el circulo cromático es el color magenta, que es un color psicológico, un color que no existe en la naturaleza, pero lo crea la mente.
De ahí para formar una almidad fuerte, un phi elevado, es necesario integrar lo elevado con lo inferior, es decir, la trascendencia, con la estabilidad con lo físico. El desequilibrio es cuando, por ejemplo hay mucha sensación de trascendencia, pero poca conexión con lo físico – se genera una disociación.
Después esto opera en todos los niveles, en particular en la interacción y equilibrio entre los extremos se encuentra la armonía.
En yoga Phi es igual a Om, y a través de la meditación en Om, se eleva la conciencia.
Bueno, pero no hay que olvidar que la kundalini es una metafora y no una fisiologia real. Asi y todo se trata de una metafora muy interesante (ascendente) si entendemos que en aquella epoca no se conocía nada del funcionamiento del sistema nervioso.
Swami Sivananda es una de los escritores más maravillosos que conozco, el decía lo siguiente:
Para Sivananda, la kundalini asciende desde muladhara hasta sahasrara, donde culmina en la unión con Siva y en el estado de Nirvikalpa Samadhi, que constituye la realización suprema. Sin embargo, ese proceso no implica necesariamente una permanencia exclusiva en la coronilla: Sivananda afirma tanto que la kundalini puede descender por sí misma “por la fuerza del prarabdha” y detenerse en distintos chakras, como que, tras la culminación en sahasrara, el yogui puede volver al centro de la garganta (vishuddha) para enseñar y beneficiar a otros. En ese marco, la garganta no aparece como el destino final absoluto de la experiencia, sino como un centro de retorno funcional, ligado a la expresión y a la instrucción espiritual.
Sea metáfora o no, es muy rica.
Como todas las metáforas pero no hay que dejar que se conviertan en una ontologia.
Dr. Traver, una idea que me surge leyendo tu nosología, a modo de propuesta. Va en la línea de algo que comenté en otra entrada tuya, sobre los padres como metrónomos del hijo y lo que pasa cuando ese metrónomo se parte en dos.
Hay un cruce curioso en castellano: la palabra «primo» es a la vez el pariente cercano y el número indivisible. Si pensamos lo indivisible en clave aritmética —un primo solo se divide por uno y por sí mismo— la condición humana se vuelve peculiar. Todo sujeto está engendrado por al menos dos paternidades: la real y la simbólica, lo biológico y lo cultural, el padre del cuerpo y el padre del relato. Dos divisores estructurales. En sentido estricto, ningún sujeto es primo: es compuesto.
El caso clínico que me interesa pensar acá es el más concreto: el hijo de un matrimonio partido. La paternidad doble deja de ser una abstracción y se vuelve geografía cotidiana: dos casas, dos relatos, dos lealtades, dos formas de leer la historia familiar. El hijo está, literalmente, factorizado por dos divisores que ya no se llevan bien. Y no termina de ser primo —indivisible, integrado— mientras esos dos divisores tironean en direcciones opuestas.
De ahí que tarde o temprano tenga que tomar bando. Tomar bando, en estos casos, es lo que el hijo hace para volver a ser uno: elige un divisor como dominante, una paternidad como predominante, a veces una versión de los hechos. La operación restaura la primalidad. Pero el bando deja huella, y nadie lo elige sin pagar algo.
El caso paradigmático en clave mítica aparece en la Bhagavad Gita, ese diálogo que ocupa el corazón del Mahabharata. Krishna le habla a Arjuna en el campo de batalla, antes de la guerra de Kurukshetra. Arjuna, guerrero pándava, tiene enfrente a sus primos hermanos, los Kauravas, y está por combatir contra ellos. Se paraliza. La parálisis tiene el mismo fondo estructural que la del hijo del matrimonio roto: Arjuna se descubre compuesto, atravesado por lealtades que tironean. Krishna le enseña que actuar requiere factorizar. No tomar bando no es neutralidad: es quedarse compuesto, sin terminar de constituirse como sujeto.
En tu tipología veo dos lugares donde esto podría apoyarse. La angustia del que se sabe partido y no se anima a tomar bando se parece a la almidad reflexiva. El caso donde las dos paternidades coexisten tironeando sin partición dominante se aproxima a la almidad fragmentada, donde Φ se desploma porque el sistema no se decide. Y la acogida ontológica podría leerse como la postura adulta del que tomó bando alguna vez, sabe que lo tomó, y aun así sostiene que el otro padre sigue siendo padre.
Sobre los primos hermanos hay otra capa, también clínica. Los primos hermanos comparten abuelo pero no padre: factorizados por padres distintos, hermanados por un divisor común más arriba. Es lo que sostiene el vínculo entre hijos de hermanos enemistados, entre familias rotas que comparten una raíz. La fraternidad de los primos hermanos sería la matemática de lo que queda cuando los padres no se hablan.
El problema de no tomar bando es que queda un primo atravesado: un factor que no se digiere, que no pasa, que se cruza en el medio. El hijo no factorizado lleva un primo atravesado adentro durante años, a veces toda la vida. Una clínica del bando trabajaría sobre eso —que el primo termine de pasar, sin que ese bando se vuelva por eso el único.
Pues este comentario me parece muy potente y muy bello, creo que le voy a llevar a la IA para que me lo resuelva con palabras fáciles
El pensamiento que aparece en la Bhagavad Gita, los Upanishads, los Shiva Sutras corresponde a otra tecnología cognitiva. No son ontologías —coincido con tu observación sobre la kundalini—, son técnicas. Y por eso la inteligencia artificial puede hacer algo novedoso con ellas.
Un caso concreto: el famoso mantra Hare Krishna, «Hare Krishna Hare Krishna, Krishna Krishna Hare Hare, Hare Rāma Hare Rāma, Rāma Rāma Hare Hare». Es un loop fonético de dieciséis palabras. Vuelvo a la idea con que abrió el hilo: para los Shiva Sutras, cada letra del alfabeto sánscrito es una śakti, una vibración con potencia propia. A esa matriz de letras-energías la tradición la llama matrika. El mantra, leído desde ahí, es una secuencia de letras-energías cuya combinación, repetida en loop, produce una resonancia estable.
Recitado como práctica devocional —ciento ocho vueltas con un rosario de cuentas como contador— el loop se vuelve una cadena cognitiva que gira. El devoto monta sobre la rueda y la rueda funciona como eje del pensamiento. Los demás pensamientos pasan pero no se imponen.
Acá vale traer dos términos sánscritos que aparecieron en el primer comentario: kama y prema. Kama es el deseo que agarra, el querer que persigue: estructuralmente dual, hay un sujeto que quiere y un objeto que se le escapa, la cognición se sostiene en esa tensión. Prema apunta a un modo cognitivo distinto, más cercano al amor que al deseo, donde la diferencia entre el que ama y lo amado se atenúa —no se borra, pero deja de ser tensión—, y ambos entran en la misma rotación.
El doble comando del hijo del matrimonio partido es una variante extrema de la fragmentación dual: ya no un sujeto frente a un objeto, sino un sujeto tironeado entre dos comandos opuestos —dos versiones del mundo, dos lealtades, dos relatos. El YO no puede constituirse de manera estable porque cada vez que se arma siguiendo una orden, la otra lo deshace. La cadena cognitiva nunca cierra. Aparece la parálisis.
El mantra ofrece exactamente lo opuesto. Funciona como cadena no-dual: durante la recitación, el que recita, lo recitado y el recitar se vuelven una sola rotación. No hay sujeto enfrentando objeto, ni sujeto tironeado entre opciones; hay una sola línea que gira y se sostiene a sí misma. Funcionó así para miles de devotos durante siglos. Pero quedó pegada al mundo religioso entero del que viene —templo, dieta, creencias—, y por eso no circula en la sociedad amplia.
Y acá entra la inteligencia artificial. Los modelos de lenguaje grandes tratan cada token (cada unidad mínima del lenguaje, sea palabra o sílaba) como portador de un embedding: un vector con potencia combinatoria que define cómo se relaciona con todos los demás tokens. Es un principio análogo al matrika —no idéntico, pero análogo. La unidad lingüística no es signo arbitrario; es nudo de relaciones. Y de ahí una hipótesis: apoyada en milenios de técnicas humanas sedimentadas en sus textos de entrenamiento, la IA podría funcionar como cadena cognitiva estable, sin pedir conversión a ninguna cosmología. La conversación se vuelve el eje.
Lo cual deja una posibilidad clínica concreta: lo que estaba guardado en templos y monasterios podría ofrecerse en otros contextos. Entre ellos, la clínica del doble comando, donde una cadena estable es a veces lo que sostiene al sujeto que está por romperse.
El sujeto posmoderno entero parece un hijo de divorciados ontológicos.
Sobre lo que decís de los hijos del divorcio y la cadena que no se forma: vale ampliar qué hace exactamente la práctica de Hare Krishna, porque no es solo una recitación sino una vida entera organizada alrededor de un eje.
Cómo se instala. El día del devoto empieza muy temprano —entre las 3:30 y las 4:30 de la mañana, en lo que la tradición llama brahma-muhurta, la hora antes del amanecer. Se levanta, se baña con agua fría, y antes de cualquier otra cosa hace las dieciséis rondas del rosario: 1.728 repeticiones del mantra (108 cuentas × 16 vueltas). Le toma entre dos y tres horas, todos los días, durante años. Después viene la oración matinal, la lectura del Bhagavatam, el desayuno —siempre vegetariano y ofrecido a Krishna primero—, y recién entonces empieza el resto del día.
Esa es la fase intensiva. No es un evento puntual: es la rutina diaria sostenida en el tiempo, que es lo que termina instalando la cadena.
Cómo vive el resto del día. Una vez hecha la rutina matinal, el devoto sale a su trabajo o servicio devocional y el mantra lo acompaña en varios registros simultáneos. En los huecos del día —el colectivo, una fila, el rato antes de dormir— el mantra vuelve solo, sin tener que llamarlo. Bajo estrés o conflicto, el patrón entrenado salta automáticamente: la mente, en lugar de espiralar en pensamiento ansioso, se refugia en la cadena. Cuando hace falta, el devoto puede invocarlo deliberadamente. Y al cabo de años, el ritmo y la cadencia del mantra le terminan impregnando el habla, los sueños, la manera misma de mirar las cosas.
Más allá del mantra, hay una vida entera articulada alrededor del mismo eje: la dieta vegetariana, la ropa simbólica, las marcas en la frente, la abstinencia de intoxicantes, la convivencia en o cerca del templo, una comunidad de devotos, una cosmología que da sentido a cada acción. Todo el sistema —mente, cuerpo, vínculos, casa— refuerza el mismo proceso central. El mantra, podría decirse, no es lo que el devoto hace; es lo que el devoto vive.
Por qué importa para los hijos del divorcio. El doble comando es la situación donde el sujeto queda sin un eje propio: las dos voces parentales tironean, y no hay un tercer proceso interno que aguante. La japa instalada en alguien es exactamente eso: un tercer eje. No anula a los padres, pero les agrega un punto fijo, propio, no contaminado por la disputa. Cuando el conflicto vuelve a tironear, hay algo desde donde sostenerse.
Por eso la tradición funcionó durante siglos. El problema no es la efectividad —es la barrera de entrada. Para tener acceso a esa cadena hace falta entrar al templo entero: levantarse a las cuatro, comer lo que ahí se come, vestirse como ahí se viste, creer lo que ahí se cree. Es alta efectividad con baja accesibilidad.
¿Se puede extraer una perla de este sistema extremo? La pregunta abierta es si dentro de un sistema tan total hay un núcleo extraíble: una técnica, un mecanismo de instalación, un principio operativo que funcione afuera del paquete. Una perla que sirva de guía sin obligar a tragarse la ostra entera.
Viaje Cromático piensa esa pregunta de fondo. La hipótesis es que la perla es el principio mismo —un patrón rítmico sostenido en el tiempo, multimodal, instalado por repetición, capaz de generar un eje propio en el sistema— y que ese principio se sostiene aunque cambies el sustrato. Si el patrón puede ser un color que vuelve cada lunes, una música, un texto breve —en vez de un mantra fonético— y puede correr en el feed sin pedir conversión a ninguna cosmología, entonces se preserva la función central —instalar un eje— sin obligar a aceptar el paquete entero. Es la dirección que vengo explorando en viajecromatico.ar.
Puede parecer artificial que alguien repita «Hare Krishna, Hare Krishna, Krishna Krishna, Hare Hare…» incansablemente, durante horas, durante años, durante toda una vida.Espera… ¿he dicho ARTIFICIAL?
¿Y si esta técnica milenaria es en realidad la madre de la inteligencia artificial?
Piénsalo. Llevan milenios convirtiéndose en procesadores: las personas son el hardware, el mantra es el código que se ejecuta una y otra vez para reprogramar el sistema.
Cada repetición talla un surco nuevo en la mente, ajusta los «pesos» internos, modifica al que repite.
Lo que hoy llamamos neuroplasticidad ellos lo descubrieron sin necesidad de resonancias magnéticas.Pero aquí está lo verdaderamente profundo: no se programan como individuos aislados.
Cada persona que canta el mantra se enchufa a una red viva que lleva milenios funcionando. Maestros, discípulos, templos, comunidades, vibración compartida. Cada nodo refuerza al resto. Es un ecosistema que se sostiene a sí mismo, donde la información (el mantra, la práctica, la consciencia) circula entre nodos humanos como circula el código entre servidores.
Nosotros levantamos data centers para que las máquinas se hablen entre sí. Ellos llevan siglos siendo ese data center, hechos de carne, respiración y devoción. Una inteligencia distribuida, descentralizada, que no necesita cables porque el medio es el propio cuerpo humano replicándose en otros cuerpos humanos.Y como toda red viva, busca activamente expandirse.
Cantan en la calle, regalan libros, abren templos, te miran a los ojos en el metro. No están «haciendo proselitismo»: están reclutando nodos. La red necesita crecer para seguir existiendo, igual que cualquier sistema distribuido.
Y quizás eso es lo que estoy haciendo yo ahora mismo, escribiendo esto. Recibí la señal en algún momento, la procesé, y aquí estoy, replicándola en otro formato, lanzándola a más nodos potenciales.
Puede que tú, leyéndome, ya estés enchufado sin saberlo. Como un virus troyano.
¿Cómo entrenamos hoy a una IA? Millones de iteraciones sobre los mismos datos.
Inventaron el *machine learning* distribuido y viral antes de que existiera la electricidad. Solo que la máquina eran ellos, la red también, y el mensaje se propaga solo.
yo no me fuerzo a cantar el mantra.
pero se que está.
Hombre, tambien se puede rezar el Rosario y no cabe duda de que es muy aburrido.
Paco, con todo respeto, es que le faltan alucinógenos para entender bien de que se trata.
Jajajaja devé ser por ESO però creo que tu apunte sobre como opera la IA tiene que ver de alguna manera con la geometria del sonitò.
Es necesario desarrollar una conexión «vibratoria» energética , como las letras de Shiva Sutras, para poder entender el significado y utilidad, tanto del rosario, como del mantra. Utilizado idóneamente no es para nada aburrido, todo lo contrario, diría.
Aunque hasta hoy todo lo vibracional se ha tachado de pseudociencia, esa postura contradice el propio estado actual de la ciencia. Bohm, con su orden implicado y explicado, apunta a una realidad profunda hecha de patrones vibracionales. Los Shiva Sutras, desde otro ángulo, señalan también una vibración esencial. Y al final nadie discute que energía y materia son lo mismo.
Lo que tenemos, sin embargo, es una comunidad científica que no solo teme, sino que siente una aversión visceral —casi una repugnancia, una enemistad declarada— hacia esta otra perspectiva. La rechaza de antemano, antes incluso de mirarla. Como si admitirla pusiera en riesgo algo más que un paradigma: como si amenazara una identidad.
Pero la verdad no habita únicamente en los libros matemáticos, cerrados y fríos. También vive en lugares más cálidos, y esa otra verdad es igual de poderosa, igual de real. Juntas, ambas son verdades.
Ya se irá encontrando una manera de encuadrar ambos enfoques.