Aquellos que sigan este blog saben ya que las patologías mentales siguen patrones culturales, que los síntomas psiquiátricos están incrustados en lo que se llama la patoplastia que significa que dependen de la subjetividad humana y de los controles sociales, y que el Zeitgeist de cada momento histórico regula y se encarga de conceptualizar qué es patológico y qué cosa no lo es. Pero lo cierto es que este fenómeno no se explica tan solo por la participación de la moda o cualquier otra cuestión mimética de este tipo sino que obedece a algo más profundo.
Y ese algo más profundo es la distancia que existe entre lo que está cercano y lo que está lejano al equilibrio social, es pues una cuestión de entropía en la linea del pensamiento de los sistemas caóticos de Prigogine y le podemos llamar espacio liminar.
Asi hay trastornos clásicos que siempre aparecen mas o menos iguales o parecidos, como la esquizofrenia, el trastorno bipolar o el TOC, mientras otros trastornos parecen a medio camino entre ellos, la anorexia mental, la fibromialgia o el trastorno limite o borderline de la personalidad son ejemplos de patologías liminares. Y lo son porque no es ni una cosa ni la otra.
Patologías liminares que aparecen en épocas liminares, alli donde se están produciendo cambios, donde lo viejo parece desvanecerse ante lo nuevo, en esos momentos de cambios sociales es donde aparecen estos nuevos malestares desconocidos por los clásicos.
Y podemos además unir los puntos entre ambas para dibujar lineas causales. Por ejemplo todo parece indicar que las patologías clásicas tienen que ver con un equilibrio forzado por creencias y conductas uniformes y donde la deseabilidad social —el contrato social—coexiste por el orden polííico y teológico: es entonces y solo entonces cuando las leyes de la causalidad se revelan como más sencillas. Un orden teológico, político y cívico que podemos observar en las sociedades cohesionadas, esos lugares donde todo el mundo parece estar de acuerdo en las normas, las leyes, las creencias religiosas e incluso en la buena urbanidad. Las patologías clásicas están bien representadas en esas circunstancias donde las cosas parecen discurrir por un orden bien señalado y observado.
Un orden que se venga de los individuos provocándoles problemas diversos y malestares profundos. Pensemos en como se siente un homosexual que vive en un pequeño pueblo donde no hay nadie con quien compartir sus gustos. Podríamos decir que las patologías mentales clásicas se sitúan en un punto cercano al equilibrio y que en cierta forma son los intereses que cobra el orden a los individuos comunes.
Sin embargo, en condiciones alejadas del equilibrio suceden otras cosas bien distintas. Si bien estas condiciones no liquidan las patologías clásicas —pues en el caos existen islas de orden— lo cierto es que aparecen otras patologías nuevas o casi nuevas que se establecen de forma pandémica afectando a grandes grupos de población como los adolescentes o las niñas con más frecuencia. No es que la anorexia mental no existiera en siglos anteriores al XX, pero su casuística se limitaba a ciertos entornos. No se trataba de algo que preocupara sobremanera a los médicos de entonces, sin embargo hoy es una verdadera plaga, tanto la anorexia mental como los trastornos alimentarios en general y los asociados a la impulsividad tan característica de algunos de ellos.
En mi opinión los síntomas psiquiátricos se transforman, sufren deformaciones cuanto más lejanos del equilibrio nos situemos. Lejanos al equilibrio significa inestabilidad, un lugar donde coexisten lo nuevo y lo viejo y la amenaza de que estamos a punto de entrar en una bfurcación: bien en forma de colapso o bien en forma de cambio, un cambio que no podemos predecir. Otra de las características del desorden que sucede en los espacios lejanos al equilibrio es la dificultad para establecer separaciones entre la patología somática y la patología mental. Lo que antes se conocía con el nombre de trastornos psicosomáticos y nos parecía como la influencia de lo mental sobre lo psíquico, hoy nos aparece como una nueva realidad clínica, como si una nueva enfermedad hubiera aparecido con un cortejo de síntomas fisicos y mentales que corre el riesgo de quedar huérfana pues la medicina esta orientada a las especialidades y cada especialista solo sabe de lo suyo. ¿A que especialista le tocaría asistir a la fibromialgia? ¿Al reumatólogo, al neurólogo, al psiquiatra, al fisioterapeuta? ¿Si no es una enfermedad reumática, ni neurológica, ni psiquiátrica, entonces qué es?
Todo pareciera que las entidades se hayan revelado.
Es una enfermedad liminar, que precisa de un nuevo enfoque: la psiquiatría liminar que se transforma desde algo natural, la queja y la disconformidad.
La disconformidad. Saber más.
Un sintoma clásico: la queja.-
La queja es un síntoma clásico, un síntoma mayor de la distimia, hubo un tiempo en que la mayor parte de las consultas ambulatorias de psiquiatría eran distimias, más conocidas como «neurosis del ama de casa». Pero como veremos más tarde la queja ha evolucionado, si se quiere se ha pervertido, en cualquier caso se ha modificado transformándose en otra cosa,
Ser ama de casa es una situación de gran estrés (quizá por eso las mujeres de hoy prefieren trabajar fuera de casa que en ella) y lo es porque se trata de tareas repetitivas, tareas inacabables, que se llevan a cabo en un entorno de deprivación social. Ser ama de casa no tiene incentivos, pues los incentivos proceden de aquello que la sociedad en su conjunto considera incentivos y aunque la tarea del ama de casa sea socialmente muy importante en el mantenimiento de la familia, lo cierto es que las amas de casa —por lo general— no se encuentran satisfechas de serlo. Ser ama de casa sólo, es decir sin ningún tipo de «escapada » social es muy estresante pues las mujeres necesitan hablar con otras personas distintas a su familia, obtener algo así como una identidad social satisfactoria. Lo característico clínicamente de este tipo de personas eran el estado de ánimo disfórico ansiedad e irritabilidad) y quejas. Quejas del marido, de los hijos, de los padres, de los hermanos o de la mala suerte, la falta de dinero, la incomodidad por esto o lo otro y así.
Actualmente las amas de casa parecen haber desaparecido, al menos ya no se ven tanto como en los años 70-80.
Ahora bien, la queja (y me refiero sobre todo a las quejas femeninas) tienen un sentido bien distinto a las quejas masculinas. Es una cuestión adaptativa, los hombres que se quejan tienen poco atractivo para las mujeres y ninguno para los hombres. Ser hombre y quejoso es una mala estrategia social y uno acaba cayéndose de la jerarquía masculina.
La queja en el hombre es inadaptativa, pero en la mujer es adaptativa y es capaz de conseguir recursos cuando se ejerce en las personas adecuadas..
Las mujeres y sus cuerpos seguirán quejándose eternamente sea cual sea el lugar que ocupen en el mundo. Pues es en la queja donde las mujeres se entienden, dónde se socializan y dónde forman los colectivos de ayuda que precisan.
De manera que la queja no es patológica si no se convierte en algo que dominara todo el campo de interacción social, y debe verse siempre en esa clave social y no tanto comunicativa. La mujer que se queja busca apoyo, consuelo y ayuda. Sirve como vinculo social, por eso hay damas en apuros y no caballeros apurados.
Pero la queja se pervierte cuando nos encontramos en ese espacio lejano del equilibrio, en territorio liminar, es decir cuando pierde su carácter adaptativo y se convierte en: el activismo político, la rebeldía, el victimismo y el nosotros-ellos.
Es un ejemplo que nos permite visualizar las transformaciones que lleva a cabo el Zeitgeist en los individuos concretos y como un fenómeno útil en un determinado contexto —al separarse de él— se transforma en otra cosa que lleva ya inscrita la patologia del totalitarismo.
Cuando termines el artículo:
El Cuarto Mono «Sabio».
El instinto lucha por sobrevivir, pero además hay algo que pregunta a lo Camus – Para Que?; veamos que una vez resuelta la supervivencia, eso que pregunta o, estructura racional mental pasa hacerse cargo desde su peculiar perspectiva lineal temporal e intenta dar una respuesta con sentido.
Esta búsqueda de sentido desde la estructura racional liberada del Origen y habiendo trascendido lo Arcaico, lo Mágico y lo Mítico, por primera vez se encuentra en total soledad sin participación con el todo o patología mental raíz, ni las sincronicidades reconoce; son los estragos de la autoconciencia y sus diferentes bifurcaciones través de la historia desde la unidad indiferenciada hasta la separación diferenciada, ahora libre del origen y pagando un precio enorme, descubre que frente a el se planta el vacío existencial.
Se hace obvio que mas allá de los cambios culturales que impone la perspectiva mercantil racional, la verdadera bifurcación se ha producido al nivel de la conciencia, su estado previo liminar lo podemos situar alrededor del siglo XVI que empieza a debatirse entre la incertidumbre cultural del paradigma del pensamiento religioso que apuntaba a disfrutar del mundo y adorar a Dios y, el avance de las universidades que tomaban la dirección de aprehender y dominar los misterios de la naturaleza; es el origen de la ciencia asentada en la estructura racional mental.
Con todo ello lo que intento explicar es que en la medida que nos alejamos del Origen nos alejamos del equilibrio natural, llegados al punto que cumples expectativas o te enfrentas al vacío de tu propia soledad y separación. Que podría salir mal?, mayor desequilibrio, mas inestabilidad e incertidumbres. Si ha eso le añadimos que esta confrontación entre expectativas y la realidad ha acabado afectando a los mas jovenes que lo viven como una crisis existencial, el aumento de las patologías corporales y mentales están servidas.
La buena noticia es que si seguimos el hilo de la historia, las bifurcaciones en la Conciencia y sus espacios liminares nos ha llevado a una mente que reduce su atención a enfocarse en los detalles de la experiencia en vez de participar con todo. Simbólicamente yo lo representaría como el cuarto mono «sabio», posando con la atención atrapada en una pantalla, esto nos da una idea de donde estamos. Y es buena noticia en la medida que tocaremos fondo, lo que permitirá otra bifurcación de la conciencia hacia el origen, pero esta vez conscientemente.