Crear comunidad 5

Decía J. L. Borges que la amistad es preferible al amor porque no necesita frecuencia. Y es verdad, probablemente el amor romántico es la relación humana que consume más recursos si descontamos ese otro amor —nepotista— que llamamos amor por nuestros hijos. En realidad existen unas pocas variedades o formas de establecer viículos sociales con los otros. Señalaré unas cuantas formas:

— El altruismo reciproco, probablemente es la primera interacción con objetivos de cooperación. Hay que recordar ahora que el «tit for tat» ( el toma y daca) es la estrategia que sale mejor parada entre las relaciones de intercambio.

—El amor romántico, es la estrategia de emparejamiento más conocida de entre todas y quizá la más estudiada, de modo que no requerirá de mí, mayor inversión a la hora de describir sus pros y sus contras.

— La amistad, también llamada «amor compasivo» por los psicólogos evolucionistas, aquí en este post hablé sobre este vinculo.

En este post me propongo ir un poco más allá de la amistad, me propongo escarbar en eso que ha venido en llamarse comunidad. Un concepto en franca retirada desde que vivimos en ciudades superpobladas y hemos abandonada las tradicionales comunidades que nos servían de apoyo cuando las cosas no salían del todo bien. ¿Qué clase de comunidades existen hoy?

Para ir despejando el camino de mi razonamiento habrá que comenzar por definir a qué me refiero cuando hablo de comunidad.

Una comunidad es un conjunto de individuos que se encuentran unidos por afinidades e intereses, sean politicas, religiosas, científicas o de conocimiento en general. En este sentido un partido politico es una comunidad de intereses y también un lobbye.

Pero yo voy a referirme en este post a otro tipo de comunidades espontáneas que se forman merced al avance de ciertas tecnologías como las redes sociales. Voy a referirme a las comunidades que se generan —bien de forma transversal o bien por mediación de un líder— alrededor de afinidades diversas (no adscritas a ninguna etiqueta) y dispersas que podríamos llamar afinidades intelectuales o simplemente conocimiento ampliado. ese que se logra a través de escribir diariamente en redes, vehiculizando ideas, opiniones o preguntas. Asi se crea una red.

Pero no escribo este post para enseñarle a nadie cómo se crea una red social en X o en Facebook. Lo que me interesa es saber las diferencias que existen entre esas redes y la amistad o el amor convencional. ¿Son mis seguidores en X mis amigos? Y si no lo son ¿qué les diferencia de ellos, los amigos verdaderos?

Tenemos, un numero finito de amigos (según Dunbar unos 150) que podríamos considerar nuestra red social original. Pero existen relaciones de amistad muy diferentes, por un lado nuestros amigos de la infancia, con los que compartimos pupitres o universidad, muy resistentes a la extinción pues —como decía Borges— no necesitan frecuencia, aparecen y desaparecen a tramos y lo que nos une a ellos es un cariño especial, un estado afectivo que se sostiene a pesar del paso del tiempo a pesar de que en su mayoría no cumpla ese criterio de afinidad que en mi opinión define la red social, la comunidad ciber.

Por otra parte están los amigos del trabajo (de la época laboral), esos que nos acompañan en los trayectos mas difíciles de la vida, generalmente vinculados por intereses, modos de vivir, hijos de la misma edad o compartidores de desvelos académicos o laborales. Dado que estas relaciones están presididas por el interés y también por la competencia, suelen entrar y salir a veces para siempre de nuestro campo de amistades relevantes. es posible afirmar que a los 70 años y ya jubilado me quedan muy pocos amigos de esa época, quizá algunos discípulos agradecidos pero la edad es un dique insalvable y es poco probable que viejos y jóvenes sean amigos, es más probable seguir siendo un tutor o algo así desteñido de cierta influencia antigua.

La casa XI del horóscopo.-

Parecemos condicionados a traducir la casa XI como “la casa de los amigos” en términos de aquellos con quienes compartimos entretenimiento y fraternidad, un pasado al que le debemos fidelidad o un hacer en el mundo. Es decir, significados que resultan reducciones a lo que la casa XI no es. La casa XI no contiene -al menos necesariamente- a “los compañeros de banco de la escuela” (casa III), ni a amistades sostenidas en la memoria de experiencias vividas (casa IV), ni a los colegas de profesión (casa X). Esas relaciones serían de casa XI sólo si compartiéramos con ellos presente e intuiciones creativas. Es la diferencia entre el convergente vínculo de John, Paul, George y Ringo antes de grabar “Love me do” y el aura divergente de la gestación de “Let it be”: un estimulante encuentro de creatividades individuales que se potencian (casa XI) convertido en contractual compromiso entre individuos talentosos (casa X).

A partir de lo que no es, podemos definir las cualidades de los vínculos de casa XI: no esfuerzo, no compromiso, no reproche, no exigencia, no reproducción, no conocido (es decir a menudo desconocidos). Tienen el color de las apariciones fugaces y significativas, capaces de estar presentes (incluso dejar marcas) sin permanecer. Vivas relaciones con virtud de rayo: súbitos e iluminados.

Aunque parezca un juego de palabras, no se trata de «vínculos amorosos que se viven con libertad», sino del surgimiento espontáneo de espacios vivenciales (no premeditados, no ajustados a plan) de libertad para amar, de hacer contacto sin apego, de nítido encuentro sin continuidad. Relaciones en las que la distancia no es sentida como ausencia, ni vivida con culpa. La casa XI propone la abismal experiencia de un encuentro humano que respeta el vacío de forma, contacto significativo y revelación incondicionada.

Los vínculos de la casa XI abren visiones y claridad sin exigir acuerdo a modelos o ajustes institucionales. Estimulan nuestra capacidad de registrar la hiperconectividad del universo: toda la información necesaria está disponible en este momento, si establezco vínculo pleno con el presente, con lo que es aquí y ahora más allá de toda comparación con lo que debe (pasado) o debería (futuro) ser.

La casa XI favorece la conciencia de red y, por eso, la circulación libre y espontánea de la información de la vida. Es la actitud existencial de dar paso. No como “gentileza”, sino como prevalencia del conjunto por sobre la ventaja individual (la casa V como opuesto). Asistimos a una escena de casa XI cuando, por ejemplo, un automovilista cede el paso en un cruce de calles para que el tránsito detenido cobre fluidez; o cuando en el circunstancial desayuno en un hostel de una tierra desconocida, un extranjero -que nunca vimos y que nunca volveremos a ver- nos sugiere la visita a un lugar que habrá de provocar una revelación en nuestra vida.

Las relaciones de casa XI tienen un potencial de iluminación. Nos permiten ver sin contraer carga. Tienen el carácter de la espontaneidad sin adherencias, de crédito sin deuda. Es el reino de las sincronicidades, de la relevancia incausada, del efecto significativo de un evento, de una convergencia de destino que se presenta casual, no premeditada, emergente de un espacio existencial desconocido que se actualiza.

Los encuentros de casa XI son una cita con nuestras potencialidades inéditas, con la dote del futuro. Y, por eso, suelen generar conflicto con nuestras costumbres, con nuestros hábitos de reconocimiento. Nos invitan a confiar en dejar de ser “yo» y advertir un “nosotros”, a descubrir el beneficio de que nuestra vida opere en red y que pugne por la fluidez. Como pájaros angustiados golpeando el vidrio de una ventana que, de pronto, sin que sepamos cómo ni por obra de quién, se abre y nos libera al mundo. (Alejando Lodi, en su blog).

Conclusiones.-

Las afinidades de la red social construidas bajo las tecnologías de Internet, nos permiten establecer que estas relaciones y vínculos se parecen mucho a la amistad, solo que no tienen sus lastres, no hay competencia, ni rivalidad. No hay exposición del cuerpo y por tanto no pueden haber problemas con la edad, ni con el rechazo de esas señales que solemos percibir en los cuerpos ajenos, no hay amor romántico ni por tanto exigencias, ni celos. Las afinidades están más cerca de la paideia que de la terapia o la tutoría-mentoría. De la inspiración que de la cognición, de compartir que de establecer. Y además las salidas y entradas del campo de afinidades es un camino que se recorre sin culpa y presidido por la discontinuidad.

¿Cuantos «amigos» de Internet has abandonado o te han abandonado sin mención alguna de las razones?. Aquí el verbo abandonar necesita encontrar un sinónimo mas de acuerdo con las redes. se puede abandonar un amigo o un amante pero no a un afín.

Y no necesitas tener 100.000 afines, basta con una minoría significativa.

Las relaciones que establecemos en las redes sociales (si hemos sido capaces de construir una red significativa) nos permiten aprender de otra manera, no convencional y a veces obtener insights significativos a partir de una idea-fuerza que por alguna razón apareció en nuestra vida creando un antes y un después. Dicho de otra forma se parece mucho a la paideia griega. Nos permiten aprender a pensar y a crear a partir de ideas diseminadas de aquí y allá y que carecen de autor o de patente.

Crear comunidad es un acto revolucionario que cambia el mundo propiciando intercambios entre individuos sin los peajes de los adoctrinamientos o la enseñanza tradicional. Crear comunidad es crear futuro.

La finalidad y el propósito es compartir. Solo compartir.

Y marcar territorio.

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Conversación y debate

5 comentarios

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  1. Durante muchos años jugué al «World of Warcraft»,un juego online con el que compartías lo que más nos gusta a los humanos «el ludos». Te escuchabas,te leías,llorabas reías,colaborabas…sí,eran amigos y de hecho bastantes lo seguimos siendo siendo;es la mente lo que compartes,sin el prejuicio del físico o la edad.También por redes como esta de Bloguer@s😁.
    La verdad es que a mí me gusta mucho esta manera de «crear comunidad» ☺.

  2. Efectivamente toda comunidad origina sinergias, incluso diría que un egregor; y todo este marasmo de energías psíquicas dispersas por doquier, tan característico de las comunidades virtuales, también puede ser capaz de cambiar los sistemas de creencias de los individuos, y con ello, aumentar la masa critica hasta lograr el efecto del centésimo mono.

    Pero la cuestión aquí, como en la educación y los mas-media, es a donde y quien dirige las creencias del ‘mono desnudo’ como nos calificaba el etólogo Desmond Morris.

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