El hospital de la transfiguración

El hospital de la transfiguración

Quien haya trabajado en un manicomio ya sabrá a estas horas que por si mismo esta reclusión -pues de reclusión se trata- cambia la personalidad de sus habitantes. Está demostrado que este entorno perjudica gravemente la salud mental de sus usuarios o dicho de otra manera: los pacientes empeoran durante una larga reclusión y viajan a formas de locura más graves y primitivas que las que presentaban en su vida anterior no institucional

Porque ciertas instituciones son totalitarias,

Que es transfiguración

Transformar es cambiar algo.
Transfigurar es hacer que algo aparezca bajo una figura nueva.

El hospital de la transfiguración es una de las novelas menos conocidas y, a la vez, más reveladoras de Stanisław Lem. Publicada originalmente en polaco en 1955, pertenece a una etapa anterior a la gran literatura de ciencia ficción por la que acabaría siendo conocido. Y quizá por eso resulta especialmente interesante: Lem todavía no ha viajado al espacio, pero ya ha descubierto uno de sus territorios fundamentales: la imposibilidad de comprender del todo al ser humano.

El argumento

La novela transcurre durante la ocupación alemana de Polonia, en un hospital psiquiátrico aislado. Su protagonista, Stefan Trzyniecki, acaba de terminar sus estudios de medicina y comienza a trabajar allí. Lo que inicialmente parece una oportunidad profesional se convierte progresivamente en una experiencia de encierro.

El hospital es un pequeño mundo separado del exterior. Dentro conviven médicos, enfermos y personal sanitario; fuera se encuentra una realidad histórica cada vez más amenazadora. La frontera entre ambos mundos empieza a desdibujarse.

Y ahí aparece una de las grandes intuiciones de Lem: ¿qué significa estar cuerdo cuando el mundo exterior se comporta de manera demencial?

El hospital no es simplemente un escenario. Es un modelo reducido del mundo.

La enfermedad como problema filosófico

Lo más interesante de la novela es que Lem no utiliza la enfermedad mental simplemente como tema clínico. La utiliza para cuestionar nuestras categorías de normalidad.

Los médicos clasifican a los pacientes, elaboran diagnósticos y buscan explicaciones racionales. Pero el lector descubre progresivamente que esas categorías tienen algo de provisional y arbitrario.

El loco es aquel que se encuentra fuera de una determinada geometría de lo real.

Pero ¿quién decide cuál es esa geometría?

Esta pregunta anticipa buena parte de la obra posterior de Lem. En sus novelas de ciencia ficción, los seres humanos se encontrarán repetidamente con inteligencias, mundos y formas de existencia que no pueden comprender. En El hospital de la transfiguración, esa alteridad todavía está dentro del hospital y dentro de nosotros mismos.

El hospital como atractor

Desde la perspectiva de mi Geometría del alma, hay una lectura particularmente fértil.

El hospital funciona como un atractor psíquico y social.

Una vez que alguien entra en él, su mundo empieza a reorganizarse alrededor de determinadas coordenadas: diagnóstico, enfermedad, médico, paciente, normalidad, desviación. El hospital genera su propia topología.

Pero simultáneamente existe otro atractor mucho más poderoso: la guerra.

La historia exterior comienza a penetrar en el espacio clínico hasta convertirlo en otra cosa. Lo que parecía un espacio dedicado a curar termina sometido a una lógica política y militar que redefine quién merece vivir, quién es considerado inútil y quién tiene derecho a existir.

Y ahí la novela adquiere una dimensión terrible.

La transfiguración

El título es extraordinariamente ambiguo.

La “transfiguración” puede ser la transformación del enfermo, pero también la transformación del hospital, del médico y de la realidad misma.

Lo que se transforma no es solamente el individuo enfermo.

Se transforma la definición de realidad.

El hospital pasa de ser un lugar de tratamiento a convertirse en un lugar donde se decide el valor de las vidas humanas. La medicina, que aparentemente debería permanecer al margen de la política, queda atrapada en ella.

Lem introduce así una cuestión que reaparecerá muchas veces en su obra: el conocimiento no es necesariamente emancipador.

Saber clasificar a una persona también puede proporcionar el lenguaje necesario para excluirla.

Stefan: el médico ante el abismo

Stefan es un personaje especialmente interesante porque todavía conserva cierta ingenuidad profesional. Está entrando en la medicina y cree, en cierta medida, que el mundo puede ser comprendido mediante categorías racionales.

Pero el hospital va destruyendo esa confianza.

Su aprendizaje no consiste tanto en aprender medicina como en descubrir los límites de la medicina.

Y también los límites de su propia posición moral.

No basta con saber qué es una enfermedad. Hay que decidir qué hacer con quien la padece. Y esa decisión nunca es puramente científica.

Lem introduce aquí una tensión extraordinariamente moderna:

diagnosticar es también construir una realidad.

La guerra como enfermedad colectiva

Quizá sea éste el aspecto más poderoso de la novela.

Lem invierte la perspectiva habitual. No tenemos simplemente una sociedad cuerda que contiene a unos enfermos mentales.

Tenemos una sociedad que está entrando en una forma extrema de irracionalidad y que, sin embargo, conserva intactas sus instituciones, sus funcionarios, sus procedimientos y su lenguaje administrativo.

La barbarie no necesita parecer loca.

Puede presentarse perfectamente organizada, burocrática y racional.

Por eso el hospital se convierte en una especie de laboratorio del totalitarismo: muestra cómo una determinada concepción de la normalidad puede transformarse en una tecnología de poder.

El verdadero terror de Lem

No es una novela de terror convencional. Lo inquietante procede de otra parte.

Lem descubre algo que desarrollará magistralmente en obras posteriores:

el ser humano puede encontrarse ante algo que no comprende y, en lugar de admitir que no comprende, inventar una explicación que le permita seguir funcionando.

Esto sucede con la locura, pero también con la política, la ciencia, la religión y la propia conciencia.

En Solaris, el océano será incomprensible.

Aquí, el incomprensible es el hombre.

Una novela imperfecta pero fundamental

Hay que decir también que El hospital de la transfiguración no tiene todavía la perfección literaria de Solaris o Edén. En algunos momentos resulta discursiva, episódica y excesivamente cargada de personajes y conversaciones.

Pero precisamente sus imperfecciones permiten ver el nacimiento del Lem filosófico.

Aquí están ya algunas de sus obsesiones fundamentales:

  • los límites del conocimiento;
  • la fragilidad de la razón;
  • la arbitrariedad de nuestras categorías;
  • la imposibilidad de comprender completamente al otro;
  • la relación entre ciencia y poder;
  • la transformación de la realidad mediante el lenguaje;
  • y la posibilidad de que aquello que llamamos “normalidad” sea simplemente un atractor colectivo.

Mi valoración

8/10 como novela; 9/10 como pieza fundamental para comprender a Lem.

No la recomendaría como primera aproximación a su obra. Para eso Solaris sigue siendo mucho más contundente. Pero sí la recomendaría a alguien interesado en la genealogía intelectual de Lem.

Y, especialmente, creo que tiene una conexión muy profunda con Geometría del alma: el hospital puede leerse como una geometría institucional de la psique, un espacio que no solamente contiene determinadas subjetividades sino que las produce, las clasifica y las hace gravitar alrededor de determinados atractores.

La pregunta final que deja Lem podría formularse así:

¿y si la locura no fuera solamente una desviación respecto de la realidad, sino una determinada forma de habitarla?

Ahí empieza, en cierto sentido, el Lem que después inventará planetas enteros para demostrar que quizá el problema nunca haya sido que no sabemos suficiente sobre el mundo, sino que nuestra mente está construida para comprender solamente una pequeña región de lo posible.

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