A veces sueño con personajes que sin ser amigos anduvieron en mi vida, personajes secundarios que no escribieron ningún relato, no hubo historia alguna que contar pero aparecen como un catálogo de olvidados. Se trata de nodos desatendidos que aparecen en los sueños otorgándoles un sin sentido de absurdidad o de atemporalidad.
Son bastardos topologicos. Carreteras cortadas.
Podrías pensar los nodos desatendidos como personas que llegaron a ocupar una posición en nuestra red afectiva pero cuyo vínculo quedó abierto, abortado o sin actualización. No son necesariamente amores perdidos. Son también amistades que no prosperaron, encuentros fugaces, personas que estuvieron a punto de convertirse en alguien importante y después desaparecieron.
La imagen de las carreteras cortadas es especialmente buena: no sabemos dónde habrían llevado porque nunca llegamos a recorrerlas.
Y hay algo más interesante: un nodo desatendido no desaparece necesariamente. Puede quedar topológicamente activo aunque ya no forme parte de nuestra vida cotidiana. Basta con que alguna experiencia posterior lo reactive: una cara parecida, una ciudad, una canción, un olor, una frase. Entonces aquella carretera vuelve a aparecer en el mapa.
Podría convertirse en un catálogo casi cartográfico:
- Nodos desatendidos: personas que quedaron sin desarrollo.
- Carreteras cortadas: relaciones interrumpidas antes de alcanzar un destino.
- Desvíos: personas que nos condujeron hacia otra persona o hacia otra versión de nosotros mismos.
- Estaciones abandonadas: lugares o momentos donde pudo comenzar algo que finalmente no comenzó.
- Carreteras fantasma: vínculos que ya no existen pero siguen apareciendo en la memoria.
- Cruces imposibles: personas con las que hubo reciprocidad pero nunca coincidieron el tiempo, las circunstancias o el deseo.
- Nodos señuelo: personas que parecían conducir hacia algo y después descubrimos que solamente nos estaban aproximando a otro lugar.
Y quizá la idea central sería esta:
La biografía no está formada solamente por los caminos que recorrimos, sino también por aquellos que quedaron sin recorrer.
Esos caminos no transitados constituyen una especie de geografía contrafactual de la vida. La memoria conserva algunos como si fueran destinos posibles. Por eso, a veces, reencontrarnos con alguien después de veinte años produce una sensación extraña: no estamos recordando a esa persona, sino visitando una carretera que quedó cortada.
Incluso podríamos pensar un “Catálogo de carreteras cortadas» que incluiría todas aquellas historias que no pudimos escribir aunque recordemos algunos nodos en nuestros sueños.
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