Los sueños según Freud (8)

Con especial relevancia al sueño de la revolución francesa o el sueño de la guillotina.

En La interpretación de los sueños, Freud insiste en que el sueño no debe leerse como una escena cuyo significado esté contenido directamente en sus imágenes. Hay que reconstruir el camino desde el contenido manifiesto hasta los pensamientos latentes.

El procedimiento freudiano

En este sueño, la Revolución Francesa constituye el contenido manifiesto: el soñante se encuentra inmerso en una situación histórica extraordinariamente intensa.

La pregunta freudiana no sería:

«¿Qué significa para este hombre la Revolución Francesa?»

sino:

«¿Qué pensamientos, deseos y experiencias recientes han sido condensados en esta representación?»

Aquí aparecen los restos diurnos.

Para Freud, el sueño tiene algo parecido a un trabajo de montaje. Materiales procedentes de diferentes fuentes se reúnen y forman una única escena. Por eso una figura del sueño puede representar simultáneamente a varias personas, y una situación puede condensar varios acontecimientos.

La condensación

La Revolución Francesa funciona como una especie de escenario condensador.

No es necesariamente «la Revolución Francesa» lo que interesa al inconsciente.

Es la posibilidad de reunir bajo una misma imagen diferentes cadenas asociativas:

  • revolución;
  • violencia;
  • ruptura del orden;
  • peligro;
  • cambio;
  • persecución;
  • enfrentamiento;
  • caída de una autoridad.

Una única escena histórica puede contener muchas cosas que, durante la vigilia, estaban separadas.

Eso es exactamente lo que Freud llama Verdichtung, condensación.

El desplazamiento

El segundo mecanismo fundamental es el desplazamiento.

Aquello que posee mayor importancia afectiva en los pensamientos latentes puede no aparecer como lo más importante del sueño.

La energía psíquica se desplaza.

Por eso el sueño puede presentar como protagonista algo que aparentemente carece de importancia, mientras que lo verdaderamente conflictivo queda escondido detrás de esa representación.

La Revolución Francesa puede ser, en este sentido, una enorme fachada histórica detrás de la cual se encuentra un conflicto mucho más próximo al soñante.

Y aquí aparece el deseo

Para Freud, todo este trabajo tiene una finalidad fundamental: la realización disfrazada de un deseo.

El sueño no reproduce simplemente aquello que ocurrió durante el día. Utiliza los restos diurnos para construir una situación que permita satisfacer, aunque sea de manera deformada, un deseo inconsciente.

Por eso el resto diurno es tan importante.

Freud lo compara, en cierto modo, con el material que permite construir el sueño, pero la fuerza que pone en marcha la construcción procede de otra parte.

Podríamos esquematizarlo así:

restos diurnos → pensamientos latentes → trabajo del sueño → contenido manifiesto

Y el trabajo del sueño transforma los pensamientos latentes mediante:

condensación + desplazamiento + figurabilidad + elaboración secundaria.

Lo interesante para la teoría topologica

Aquí es donde yo separaría a Freud de este planteamiento.

Freud piensa fundamentalmente en términos de representaciones y asociaciones.

Mi hipótesis introduce otra dimensión:

quizá el sueño no solamente transforma representaciones; transforma la estructura espacial de las relaciones entre ellas.

El sueño de la Revolución Francesa sería entonces especialmente revelador.

Freud pregunta:

¿Qué pensamientos están condensados en esta escena?

Mi teoría podría añadir:

¿Por qué esos pensamientos necesitan convertirse precisamente en una escena histórica, espacial y navegable?

La Revolución deja de ser solamente un símbolo y se convierte en un espacio de estados.

El soñante no contempla una representación de la revolución desde fuera. Está dentro de ella.

Ese «estar dentro» es precisamente lo que una teoría puramente semántica del sueño tiene más dificultades para explicar.

Y quizá aquí esté una buena fórmula para conectar a Freud con mi propuesta:

Freud explica de dónde procede el material del sueño; la geometría del sueño intenta explicar cómo ese material se convierte en un mundo.

Esa diferencia es pequeña en apariencia, pero permite conservar la genial intuición freudiana sobre los restos diurnos sin tener que aceptar que el sueño sea simplemente un texto cifrado que espera ser descodificado.

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