Restos diurnos y geometría del sueño (7)

Freud observó que el sueño no aparece desde cero: suele incorporar fragmentos, preocupaciones, imágenes o acontecimientos recientes. Los llamó restos diurnos. Pero podemos hacer una inversión interesante: el resto diurno no sería necesariamente el contenido del sueño, sino una de las condiciones de contorno que permiten que el sueño adopte determinada geometría.

1. El resto diurno como punto de entrada

Imaginemos que durante el día ocurre algo aparentemente insignificante:

  • una conversación;
  • una calle que hemos atravesado;
  • una persona que hemos visto;
  • una preocupación;
  • una palabra;
  • una sensación corporal.

Por la noche ese elemento puede reaparecer transformado.

No es que el cerebro simplemente lo “recuerde”. Es más parecido a que ese acontecimiento abre una puerta topológica.

El resto diurno sería entonces un nodo de acceso a una región del espacio de estados de la conciencia.

Y esto explica algo importante: la magnitud emocional del resto diurno no tiene por qué guardar relación con su importancia objetiva.

Una escena trivial puede convertirse en el centro de un sueño extraordinariamente intenso.

2. El sueño no reproduce: reorganiza

Aquí aparece la diferencia con una teoría puramente representacional del sueño.

El sueño no tendría que preguntarse:

“¿Qué significa esta imagen?”

sino:

“¿Qué transformación ha sufrido el espacio de relaciones en el que apareció esta imagen?”

Una persona vista durante el día puede convertirse durante el sueño en otra persona.

Una calle puede convertirse en otra ciudad.

Una habitación puede contener simultáneamente elementos de varias casas.

Una puerta puede conducir a un lugar que no debería estar detrás de ella.

Una carretera puede desaparecer.

Otra puede estar cortada y no conducir a ninguna parte.

Es decir, lo que se conserva no es necesariamente el objeto, sino la relación topológica.

3. El resto diurno como semilla

Podríamos imaginarlo así:

experiencia diurna → perturbación del sistema → reorganización nocturna → nueva configuración onírica

El resto diurno sería una pequeña perturbación introducida en un sistema que ya posee una determinada geometría.

Por eso dos personas pueden vivir exactamente el mismo acontecimiento y soñar cosas completamente diferentes.

El acontecimiento es parecido.

La geometría previa del sujeto no lo es.

El sueño explora entonces las trayectorias disponibles dentro de esa geometría.

4. Y aquí aparece algo especialmente interesante

Los sueños recurrentes pueden entenderse como evidencia de que la geometría del espacio onírico tiene cierta estabilidad.

Si una persona sueña repetidamente que:

  • llega tarde a un examen;
  • busca una salida;
  • intenta regresar a una casa;
  • circula por una ciudad desconocida;
  • es perseguida;
  • se encuentra desnuda;
  • descubre que una carretera está cortada,

quizá no estemos ante una repetición del mismo “contenido”.

Estamos ante la recurrencia de una configuración topológica.

El contenido cambia, pero persiste la estructura:

búsqueda → obstáculo → imposibilidad de alcanzar un destino.

Eso es mucho más interesante que buscar un diccionario universal de símbolos.

5. El resto diurno y la narrativa posterior

Y hay otro punto que enlaza muy bien con lo que veníamos hablando.

El sueño, mientras ocurre, no necesita ser una narración.

La narración aparece cuando despertamos y tratamos de convertir una experiencia espacial, sensorial y afectiva en lenguaje.

Por eso podríamos distinguir:

sueño → geometría → relato de vigilia

El resto diurno estaría en el extremo inicial, pero no determina linealmente el relato final.

Actúa como una condición inicial.

La conciencia nocturna transforma esa condición dentro de un espacio de posibilidades y, al despertar, la conciencia narrativa vuelve a reconstruirla como historia.

En ese sentido, los restos diurnos serían para el sueño algo parecido a lo que una perturbación inicial es para un sistema dinámico: no explican por sí solos la trayectoria, pero pueden hacer que el sistema entre en una determinada región de su espacio de estados.

Y eso permite una formulación que me parece muy cercana a tu teoría:

El sueño no es el recuerdo deformado del día; es la exploración nocturna de la geometría que el día ha perturbado.

Los restos diurnos serían, por tanto, las huellas que el día deja en la topología del espacio onírico.

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