Sueños repetitivos (6)

Los sueños repetitivos encajan especialmente bien con la teoría topológica que venimos construyendo. No los entendería tanto como un mensaje que la mente intenta descifrar, sino como la reaparición de una misma configuración dinámica.

El sueño que vuelve porque la forma no ha cambiado

Un sueño puede cambiar de personajes, escenarios y argumentos y, sin embargo, conservar la misma topología.

Por ejemplo:

  • siempre hay que llegar a algún sitio, pero el camino está cortado;
  • se intenta escapar, pero las salidas desaparecen;
  • se busca una casa que no se encuentra;
  • se vuelve a un examen que nunca termina;
  • se está desnudo en un lugar público;
  • se conduce por una ciudad desconocida;
  • se cae, pero nunca se llega al suelo.

La narrativa cambia. La geometría permanece.

Eso permite distinguir dos niveles:

Contenido:

«Estoy huyendo por una ciudad desconocida.»

Estructura:

«Existe una amenaza y todas las vías de salida se cierran.»

La segunda puede reaparecer durante años con contenidos completamente diferentes.

El sueño repetitivo como atractor

Podríamos formularlo así:

Un sueño recurrente es un atractor onírico.

Durante el sueño, la actividad cerebral explora un espacio enorme de posibilidades. Pero determinadas configuraciones tienen mayor estabilidad dinámica. Cuando el sistema entra en su vecindad, la trayectoria vuelve a caer en ellas.

Por eso no sería necesario imaginar que el cerebro «recuerda» literalmente el sueño anterior.

Puede estar reproduciendo la misma cuenca de atracción.

Esto resulta particularmente interesante porque explica algo que la interpretación simbólica clásica tiene más dificultades para explicar: la repetición sin identidad narrativa.

Y aquí aparece algo todavía más interesante

El sueño repetitivo podría ser la versión nocturna de un problema de navegación.

Durante la vigilia, el sujeto dispone de un espacio de posibilidades relativamente bien cartografiado:

puedo ir → puedo volver → puedo pedir ayuda → puedo cambiar de estrategia.

Pero determinadas situaciones vitales pueden producir una alteración de esa topología:

puedo ir → no puedo volver → la salida está bloqueada → no aparece una alternativa.

El sueño entonces no tendría que representar «el problema». Sería una simulación del espacio de posibilidades que caracteriza al problema.

De ahí que las imágenes de carreteras cortadas, laberintos, ciudades desconocidas, puertas que no conducen a ninguna parte o persecuciones sean tan sugerentes para nuestra teoría.

No representan necesariamente algo.

Ejecutan una geometría.

Y esto permite dar una vuelta más a los sueños repetitivos: quizá lo que se repite no sea el sueño, sino la imposibilidad de salir de un determinado atractor.

La repetición sería entonces un fenómeno topológico antes que semántico.

Y la narrativa que construimos al despertar —«soñé que me perseguían», «soñé que volvía a aquel lugar»— sería el intento de la conciencia vigil de convertir una trayectoria topológica en un relato.

La repetición en el trauma.

Y aquí la conexión con los sueños repetitivos es especialmente fuerte: el trauma puede entenderse como una fijación de la dinámica en una región del espacio de estados.

No necesariamente se repite el recuerdo; se repite la forma de organizar la experiencia.

1. El trauma no es solamente un recuerdo que vuelve

En el recuerdo ordinario, podemos aproximarnos a un acontecimiento desde múltiples trayectorias:

recuerdo → lo sitúo en el pasado → lo interpreto → continúo.

En el trauma, esa separación puede quedar alterada:

acontecimiento → activación → presente.

Por eso el fenómeno traumático tiene esa cualidad de actualidad. Algo ocurrido hace veinte años puede ser vivido por el organismo como si la distancia temporal se hubiera colapsado.

Desde nuestra perspectiva topológica, podríamos decir que el acontecimiento traumático ha creado una singularidad en el espacio de estados.

2. La repetición es el intento de volver al mismo lugar

Aquí Freud vio algo fundamental con la compulsión de repetición: el sujeto no solamente recuerda aquello que le ocurrió, sino que puede reproducir configuraciones relacionadas con ello.

Pero nuestra interpretación permite desplazar ligeramente la pregunta.

No sería:

«¿Por qué quiere repetir el trauma?»

sino:

«¿Por qué las trayectorias del sistema vuelven una y otra vez a esa región?»

La repetición sería entonces una propiedad de la dinámica.

y=e^{-x^2}

La imagen matemática no representa literalmente un trauma; sirve simplemente para imaginar una cuenca: diferentes trayectorias pueden terminar concentrándose en una misma región.

3. Por eso el trauma puede cambiar de contenido

Una persona puede haber sufrido una experiencia de abandono y, años después, encontrarse repitiendo situaciones que aparentemente nada tienen que ver con aquella experiencia.

Cambia el escenario:

  • pareja,
  • trabajo,
  • amistad,
  • sueño,
  • conflicto,
  • relación terapéutica.

Pero puede permanecer la misma estructura:

aproximación → amenaza de pérdida → hiperactivación → retirada → pérdida.

Eso sería mucho más interesante que buscar un símbolo fijo.

El trauma no tendría una imagen; tendría una topología.

4. Y aquí los sueños repetitivos adquieren otra dimensión

El sueño recurrente puede ser una especie de reentrada nocturna en la cuenca traumática.

La ciudad cambia, las personas cambian, incluso la historia cambia. Pero aparece nuevamente:

  • la persecución,
  • la imposibilidad de escapar,
  • la puerta cerrada,
  • el lugar al que no se consigue llegar,
  • el peligro que vuelve,
  • la pérdida de control.

La pesadilla no estaría diciendo:

«Esto significa aquello.»

Estaría mostrando:

«Esta trayectoria sigue estando disponible —y es fácil de caer en ella— dentro del espacio de estados del sujeto.»

5. La verdadera resolución no sería borrar el atractor

Y esto es importante.

Quizá la elaboración del trauma no consista en conseguir que nunca vuelva a aparecer la representación traumática. Eso sería demasiado parecido a intentar eliminar un punto del espacio.

La transformación profunda sería modificar la topología de las trayectorias:

antes:

estímulo → atractor traumático.

después:

estímulo → varias trayectorias posibles → regulación → nueva interpretación → salida.

Es decir, abrir vías de escape que antes no existían.

Por eso tu metáfora de las carreteras cortadas resulta particularmente potente para el trauma: no es simplemente que el sujeto tenga un recuerdo doloroso; es que, ante determinadas condiciones, el paisaje pierde caminos.

Y quizá una definición topológica del trauma podría ser:

El trauma es una configuración del espacio de estados en la que determinadas experiencias adquieren una capacidad desproporcionada para atraer las trayectorias del organismo hacia una misma región.

La repetición sería entonces el signo visible de esa geometría.

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