El déjà vu y el espacio adyacente (5)

En la teoría topológica, el “déjà vu”podría entenderse no como un recuerdo defectuoso, sino como una experiencia de vecindad.

El déjà vu como irrupción del espacio adyacente

Cuando reconocemos algo, normalmente suponemos que el cerebro está haciendo una operación bastante simple:

«Esto ya ocurrió antes».

Pero el déjà vu tiene una peculiaridad: aparece el reconocimiento sin que aparezca el recuerdo.

Sabemos que conocemos la escena, pero no podemos localizar cuándo ni dónde la conocimos.

Desde una perspectiva topológica podemos formularlo de otra manera:

El presente ha entrado en contacto con una configuración que pertenece al espacio adyacente de la conciencia.

No tiene por qué ser una escena idéntica. Basta con que conserve una estructura.

Por ejemplo, puedo entrar en una ciudad que jamás he visitado y experimentar súbitamente:

«Ya he estado aquí».

Sin embargo, si intento reconstruir el recuerdo, no encuentro nada. Lo que se ha reconocido quizá no sea el lugar, sino una determinada configuración:

  • la disposición de las calles;
  • la relación entre los edificios;
  • una determinada profundidad espacial;
  • mi posición respecto a otras personas;
  • una atmósfera afectiva;
  • una expectativa;
  • incluso una determinada posición del propio sujeto dentro de la escena.

Es decir, no se reconoce un contenido: se reconoce una geometría.

El espacio adyacente

Podemos imaginar la conciencia como un espacio de estados.

Cada estado actual no está aislado. Tiene alrededor una serie de estados posibles, próximos aunque no sean accesibles directamente.

Algo parecido a esto:

estado actual A → estados vecinos B, C, D…

En condiciones normales permanecemos en A.

Pero determinados estímulos pueden activar simultáneamente elementos pertenecientes a A y a alguno de sus vecinos.

Entonces aparece una experiencia extraña:

«Esto está ocurriendo ahora, pero tiene la textura de algo que ya ocurrió.»

El déjà vu sería precisamente esa superposición momentánea entre el estado presente y uno de sus estados adyacentes.

Y esto explica algo muy característico del fenómeno: su enorme certeza subjetiva acompañada de una extraordinaria pobreza mnésica.

No tengo el recuerdo porque quizá no estoy recuperando un recuerdo.

Estoy percibiendo una proximidad topológica.

El error estaría en la interpretación

La conciencia despierta necesita convertir esa anomalía en una explicación narrativa.

Por eso dice:

«Esto ya lo viví».

Pero quizá la afirmación correcta sería:

«Esto se encuentra muy cerca de algo que ya forma parte de mi espacio de estados».

La memoria episódica intenta entonces encontrar un acontecimiento correspondiente y fracasa.

De ahí esa sensación tan peculiar del déjà vu: certeza sin evidencia.

Es casi como si el cerebro dijera:

«No sé dónde está el recuerdo, pero sé que este lugar está al lado de algo conocido».

Y aquí aparece algo todavía más interesante

El sueño podría desempeñar un papel fundamental.

Durante el sueño se construyen configuraciones que no tienen por qué corresponder a acontecimientos reales. Son paisajes topológicos: ciudades imposibles, casas que no existen, habitaciones conectadas de maneras extrañas, carreteras que se interrumpen, lugares que parecen conocidos pero no podemos localizar.

Cuando posteriormente la vigilia encuentra una configuración suficientemente próxima, puede producirse una especie de resonancia entre dos regiones del espacio de conciencia.

El sujeto no recuerda necesariamente el sueño.

Pero reconoce su topología.

Esto permitiría formular una hipótesis fuerte:

El déjà vu podría ser, en ocasiones, el reconocimiento de una configuración previamente generada en el espacio onírico, sin recuperación consciente de su contenido.

No sería entonces:

presente → recuerdo → sensación de familiaridad

sino algo más parecido a:

presente → proximidad topológica → familiaridad → búsqueda retrospectiva de un recuerdo.

Y esa inversión es importante.

La narrativa del recuerdo podría ser posterior a la experiencia de reconocimiento, exactamente igual que hemos venido planteando que la narrativa del sueño se construye retrospectivamente durante la vigilia.

Una frase para tu teoría

Podría quedar condensado así:

El déjà vu no sería necesariamente el recuerdo de haber estado allí, sino la percepción fugaz de estar ahora junto a un lugar ya recorrido en el espacio de la conciencia.

Y esto abre una posibilidad todavía más sugerente: que el déjà vu sea una experiencia liminar, un pequeño desplazamiento de la conciencia hacia su espacio adyacente. No cruzamos realmente a otro estado, pero durante unos instantes percibimos la vecindad entre el estado en el que estamos y otro estado posible.

En ese sentido, el déjà vu sería una especie de visión topológica del tiempo: el pasado deja de aparecer como algo que está detrás de nosotros y aparece como una región adyacente al presente.

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