En el Bhagavad Gītā aparece varias veces una idea muy cercana a la de la matriz universal (yoni), aunque el término adquiere toda su potencia cuando se lee junto con las Upaniṣad y el Sāṃkhya.
En el capítulo XIV, Krishna dice:
“Mi gran Brahman es el gran vientre (mahad brahma); en él deposito la semilla, y de esa unión nacen todos los seres.” (Bhagavad Gītā 14.3)
Y añade inmediatamente:
“En cualquier especie en que nazcan los seres, el gran Brahman es su matriz (yoni), y yo soy el padre que deposita la semilla.” (14.4)
Este pasaje merece una lectura muy atenta.
Occidente ha leído casi siempre este texto como una cosmología religiosa: Dios fecunda la Naturaleza. Pero, desde la perspectiva que propongo encierra una intuición ontológica mucho más profunda.
La realidad necesita una matriz.
No basta con una causa eficiente, con un creador o con una voluntad. Hace falta además un espacio capaz de recibir el ser. El universo no aparece únicamente porque exista una semilla; aparece porque existe una hospitalidad primordial.
El término sánscrito yoni significa simultáneamente útero, origen, fuente, matriz y lugar de nacimiento. No designa sólo un órgano anatómico, sino el principio mismo de la receptividad creadora.
Aquí la tradición india se separa radicalmente de buena parte de la metafísica occidental.
Mientras Aristóteles privilegia la forma y el acto, y el cristianismo enfatiza la creación por un Dios trascendente, la India conserva la idea de que toda manifestación necesita un principio materno previo. Incluso cuando ese principio no es una diosa, funciona como matriz de la existencia.
Esto enlaza con el Sāṃkhya.
En esta escuela filosófica, Prakṛti —la naturaleza primordial— no crea activamente; más bien gesta. Es una potencia infinita de transformación que contiene en estado latente todas las formas posibles. Puruṣa, la conciencia pura, no actúa sobre el mundo como un artesano, sino que su mera presencia pone en movimiento esa matriz originaria.
No es difícil advertir la analogía.
Semilla y matriz.
Conciencia y hospitalidad.
Forma y acogida.
Sin la matriz, la semilla permanece estéril.
Es una idea extraordinariamente cercana al concepto de hospitalidad ontológica.
Incluso el tantrismo llevará esta intuición todavía más lejos.
La yoni deja de ser simplemente el órgano femenino para convertirse en símbolo de toda creatividad cósmica. El universo entero es concebido como un inmenso proceso de gestación. Todo nace, madura, muere y vuelve a ser gestado. La creación deja de entenderse como un acto instantáneo para convertirse en un proceso continuo de alumbramiento.
Resulta llamativo que esta imagen apenas haya penetrado en la filosofía europea, quizá porque el pensamiento occidental ha privilegiado siempre el modelo del arquitecto sobre el de la madre. Dios construye el mundo como un ingeniero; Krishna lo hace fecundando una matriz preexistente.
La diferencia es enorme.
El ingeniero domina la materia.
La madre la hospeda.
Y ahí aparece, una vez más, la intuición central de este libro: la hospitalidad no es un fenómeno moral posterior a la existencia. Es una estructura constitutiva del ser. No existe creación sin acogida. No existe novedad sin un espacio que la reciba. No existe nacimiento sin una matriz.
Sin embargo, conviene introducir una precisión importante. El Bhagavad Gītā no identifica esa matriz con la mujer concreta. La yoni es un principio cosmológico, no una reivindicación antropológica de lo femenino. El paso que propongo en este libro consiste precisamente en volver desde la cosmología a la fenomenología. Mostrar que la experiencia corporal de la mujer constituye la manifestación más inmediata y verificable de esa estructura universal. Dicho de otro modo, el cuerpo femenino no simboliza la matriz cósmica; la encarna.
Creo que este diálogo entre la India y Occidente puede convertirse en uno de los capítulos más originales del libro. Porque permite mostrar que la hospitalidad ontológica no es una ocurrencia moderna, sino una intuición que aparece, con distintos lenguajes, en tradiciones muy alejadas entre sí: la chôra de Platón, la yoni del Bhagavad Gītā, la Prakṛti del Sāṃkhya, la natalidad de Arendt, el holding de Winnicott y la alteridad de Levinas. Todas parecen señalar hacia una misma verdad: antes de toda acción, antes de toda identidad y antes de toda libertad, hay una matriz que hace posible que algo llegue a ser. Esa convergencia da a esta tesis una profundidad filosófica que trasciende el debate contemporáneo sobre la maternidad y la sitúa en el terreno de una ontología comparada.
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