Parece una perogrullada decir que cuando tenemos hambre no nos vamos a dormir sino que nos mantenemos despiertos y buscamos comida. De manera que existe cierta relación entre el hambre, la vigilia y el sueño.
Las orexinas (también llamadas hipocretinas) son probablemente uno de los descubrimientos más importantes de la neurobiología del sueño en los últimos treinta años. Han cambiado nuestra comprensión del sueño al demostrar que dormir no depende solo de activar o desactivar centros cerebrales, sino de mantener estable el paso entre vigilia, sueño NREM y sueño REM.
¿Qué son las orexinas?
Las orexinas A y B son dos neuropéptidos sintetizados por un pequeño grupo de neuronas situadas en el hipotálamo lateral. Aunque apenas hay entre 50.000 y 80.000 neuronas orexinérgicas en el cerebro humano, proyectan hacia casi todo el sistema nervioso central.
Sus principales funciones son:
- mantener la vigilia;
- estabilizar los estados de conciencia;
- modular la atención;
- regular la motivación y la recompensa;
- integrar metabolismo, estrés y sueño.
Podrían entenderse como el “pegamento” que mantiene despierto al cerebro.
La narcolepsia: la enfermedad de la orexina
La demostración más clara de su función procede de la narcolepsia tipo 1.
En la mayoría de estos pacientes desaparecen más del 90 % de las neuronas orexinérgicas, probablemente por un mecanismo autoinmune.
Como consecuencia aparecen:
- somnolencia diurna irresistible;
- ataques repentinos de sueño;
- cataplejía (pérdida brusca del tono muscular desencadenada por emociones);
- parálisis del sueño;
- alucinaciones hipnagógicas.
No es tanto que el paciente “tenga sueño”, sino que las fronteras entre vigilia y sueño REM se vuelven inestables.
La orexina actúa como un estabilizador que impide que el sueño REM irrumpa durante la vigilia.
Insomnio: el extremo opuesto
En muchos pacientes con insomnio ocurre casi lo contrario.
No presentan un déficit de orexina, sino una hiperactivación del sistema de alerta.
El denominado modelo del hyperarousal propone que el cerebro permanece excesivamente activado:
- mayor actividad simpática;
- aumento del cortisol;
- incremento del metabolismo cerebral;
- mayor activación de los sistemas monoaminérgicos.
Las neuronas orexinérgicas participan en esta activación.
Por ello, bloquear sus receptores facilita el sueño.
Los nuevos hipnóticos
Durante décadas los hipnóticos actuaban potenciando el sistema GABA:
- benzodiacepinas;
- fármacos Z.
Estos inducen el sueño “por inhibición”.
Los nuevos antagonistas duales de los receptores de orexina (DORA) funcionan de otra manera:
- no sedando el cerebro,
- sino apagando el sistema biológico de vigilia.
Entre ellos destacan:
- Suvorexant;
- Lemborexant;
- Daridorexant.
Suelen producir un sueño más fisiológico y con menos alteración de la arquitectura del sueño que muchos hipnóticos clásicos, aunque, como cualquier tratamiento, tienen indicaciones, contraindicaciones y posibles efectos adversos.
¿Qué ocurre en otros trastornos del sueño?
Apnea obstructiva del sueño
La orexina no es la causa principal, pero la fragmentación del sueño altera su funcionamiento.
Muchos pacientes presentan una vigilia excesivamente activada durante el día, paradójicamente acompañada de somnolencia.
Trastorno de conducta del sueño REM
Durante el sueño REM normalmente existe una atonía muscular.
En este trastorno esa inhibición desaparece y el sujeto representa físicamente sus sueños.
Aunque la orexina no es el mecanismo principal, participa en los circuitos que regulan la transición entre REM y vigilia.
Las orexinas parecen intervenir en dos aspectos:
Hipersomnias idiopáticas
Aquí el sistema orexinérgico suele estar conservado.
La fisiopatología parece diferente de la narcolepsia, aunque todavía no está completamente aclarada.
Más allá del sueño
Las orexinas conectan el sueño con muchas otras funciones:
- hambre y saciedad;
- conducta exploratoria;
- estrés;
- aprendizaje;
- memoria;
- recompensa;
- adicciones;
- regulación emocional.
Por eso se investigan también en:
- obesidad;
- depresión;
- trastornos de ansiedad;
- enfermedad de Alzheimer;
- enfermedad de Parkinson;
- trastorno por consumo de sustancias.
Una perspectiva integradora
Desde un punto de vista más sistémico, las orexinas pueden verse como un nodo integrador que responde a múltiples señales internas y externas: el estado energético, el ritmo circadiano, las emociones, el estrés y la relevancia del entorno. En lugar de “producir vigilia” de forma aislada, ayudan al cerebro a decidir cuándo conviene permanecer despierto y cuándo es seguro ceder al sueño.
Esta visión encaja con una concepción del sueño como un proceso dinámico de regulación de estados, donde la estabilidad depende del equilibrio entre varios sistemas neuromoduladores (orexina, histamina, noradrenalina, serotonina, acetilcolina y GABA). Cuando ese equilibrio se rompe, no solo aparecen trastornos del sueño, sino también alteraciones de la atención, la motivación y la regulación emocional. Para un psiquiatra, esta interconexión explica por qué los trastornos del sueño rara vez son un fenómeno aislado y suelen formar parte de una alteración más amplia de la organización funcional del cerebro.
Relación con el hambre y los atracones
Sí, muy estrechamente relacionadas. De hecho, las orexinas fueron descubiertas inicialmente por su papel en la regulación del apetito; el nombre orexina procede del griego orexis, que significa “apetito”. Más tarde se comprobó que su función principal no era tanto controlar la cantidad de comida como coordinar el estado de vigilia, la búsqueda de alimento y la motivación.
Las orexinas aumentan cuando el organismo interpreta que necesita energía. En ayunas o con restricción calórica, las neuronas orexinérgicas incrementan su actividad. Esto no solo despierta el apetito: también favorece la vigilia, la exploración y la conducta dirigida a conseguir comida. Desde un punto de vista evolutivo tiene mucho sentido: un animal hambriento no debería quedarse dormido, sino salir a buscar alimento.
¿Y los atracones?
Aquí la relación es más compleja.
Las orexinas parecen intervenir en dos aspectos:
Las neuronas orexinérgicas proyectan hacia el sistema dopaminérgico mesolímbico, especialmente al área tegmental ventral y al núcleo accumbens. Esto significa que pueden potenciar el valor de recompensa de la comida.
En algunos modelos animales, estimular el sistema orexinérgico aumenta la búsqueda compulsiva de alimentos muy palatables, incluso cuando el animal ya está saciado. Es decir, no aumenta solo el hambre, sino el “quiero seguir comiendo”.
Estrés, insomnio y atracones
Aquí aparece un círculo especialmente interesante.
El estrés activa las orexinas.
Las orexinas favorecen la vigilia.
La privación de sueño altera la regulación del apetito.
Y esa combinación puede favorecer los atracones, sobre todo nocturnos.
Muchas personas con insomnio crónico describen precisamente esta secuencia:
- dificultad para dormir;
- aumento de la activación mental;
- visitas repetidas a la cocina;
- consumo de alimentos dulces o ricos en grasa.
No es solo un problema de voluntad: existe una base neurobiológica que conecta la activación, el sistema de recompensa y la ingesta.
¿Qué ocurre en la anorexia?
Paradójicamente, algunos pacientes con Anorexia nerviosa presentan niveles elevados de orexina, probablemente como respuesta al ayuno prolongado. Sin embargo, la intensa restricción cognitiva y otros cambios neuroendocrinos terminan imponiéndose sobre esa señal de hambre. Es un ejemplo de cómo la conducta puede llegar a desacoplarse de las señales biológicas.
Una idea sugerente
Las orexinas parecen señalar algo más general que el hambre: la relevancia motivacional. Se activan cuando el organismo detecta que merece la pena movilizar recursos para conseguir un objetivo, ya sea comida, explorar un entorno, responder al estrés o perseguir una recompensa. En ese sentido, integran el estado energético con la motivación y la acción.
Esta perspectiva puede ser especialmente útil en psiquiatría. Los atracones no serían simplemente un exceso de apetito, sino la convergencia de varios sistemas: el estrés, la privación de sueño, la recompensa dopaminérgica, el control ejecutivo y las señales metabólicas. Las orexinas ocupan una posición estratégica porque enlazan todos esos procesos y ayudan a explicar por qué dormir mal, estar sometido a estrés y tener acceso a alimentos muy gratificantes aumenta tanto el riesgo de episodios de ingesta compulsiva.
¿Existe relación con los atracones?
Sí, muy estrechamente. De hecho, las orexinas fueron descubiertas inicialmente por su papel en la regulación del apetito; el nombre orexina procede del griego orexis, que significa “apetito”. Más tarde se comprobó que su función principal no era tanto controlar la cantidad de comida como coordinar el estado de vigilia, la búsqueda de alimento y la motivación.
Las orexinas aumentan cuando el organismo interpreta que necesita energía. En ayunas o con restricción calórica, las neuronas orexinérgicas incrementan su actividad. Esto no solo despierta el apetito: también favorece la vigilia, la exploración y la conducta dirigida a conseguir comida. Desde un punto de vista evolutivo tiene mucho sentido: un animal hambriento no debería quedarse dormido, sino salir a buscar alimento.
¿Y los atracones?
Aquí la relación es más compleja.
- El hambre homeostática, es decir, la necesidad fisiológica de comer.
- El hambre hedónica, el deseo de comer por placer, especialmente alimentos muy calóricos y ricos en azúcar o grasa.
Las neuronas orexinérgicas proyectan hacia el sistema dopaminérgico mesolímbico, especialmente al área tegmental ventral y al núcleo accumbens. Esto significa que pueden potenciar el valor de recompensa de la comida.
En algunos modelos animales, estimular el sistema orexinérgico aumenta la búsqueda compulsiva de alimentos muy palatables, incluso cuando el animal ya está saciado. Es decir, no aumenta solo el hambre, sino el “quiero seguir comiendo”.
Estrés, insomnio y atracones
Aquí aparece un círculo especialmente interesante.
El estrés activa las orexinas.
Las orexinas favorecen la vigilia.
La privación de sueño altera la regulación del apetito.
Y esa combinación puede favorecer los atracones, sobre todo nocturnos.
Muchas personas con insomnio crónico describen precisamente esta secuencia:
- dificultad para dormir;
- aumento de la activación mental;
- visitas repetidas a la cocina;
- consumo de alimentos dulces o ricos en grasa.
No es solo un problema de voluntad: existe una base neurobiológica que conecta la activación, el sistema de recompensa y la ingesta.
¿Qué ocurre en la anorexia?
Paradójicamente, algunos pacientes con Anorexia nerviosa presentan niveles elevados de orexina, probablemente como respuesta al ayuno prolongado. Sin embargo, la intensa restricción cognitiva y otros cambios neuroendocrinos terminan imponiéndose sobre esa señal de hambre. Es un ejemplo de cómo la conducta puede llegar a desacoplarse de las señales biológicas.
Una idea sugerente
Las orexinas parecen señalar algo más general que el hambre: la relevancia motivacional. Se activan cuando el organismo detecta que merece la pena movilizar recursos para conseguir un objetivo, ya sea comida, explorar un entorno, responder al estrés o perseguir una recompensa. En ese sentido, integran el estado energético con la motivación y la acción.
Esta perspectiva puede ser especialmente útil en psiquiatría. Los atracones no serían simplemente un exceso de apetito, sino la convergencia de varios sistemas: el estrés, la privación de sueño, la recompensa dopaminérgica, el control ejecutivo y las señales metabólicas. Las orexinas ocupan una posición estratégica porque enlazan todos esos procesos y ayudan a explicar por qué dormir mal, estar sometido a estrés y tener acceso a alimentos muy gratificantes aumenta tanto el riesgo de episodios de ingesta compulsiva.
En suma las orexinas regulan la saliencia del sueño.
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