La locura es el precio que paga el hombre por la adquisición del lenguaje (T. Crow)
La hipótesis de Crow es una gran metáfora bien construida… pero además tiene estructura científica suficiente para no ser solo poesía. Y ahí es donde engancha: une evolución, lenguaje, cerebro y locura en un mismo eje explicativo.
Voy a desmenuzarlo sin adornos.
1. La intuición central (y por qué seduce tanto)
Crow plantea algo muy potente:
La esquizofrenia no es un “fallo”, sino el coste evolutivo de aquello que nos hizo humanos: el lenguaje.
Eso responde a una paradoja real:
- La esquizofrenia es parcialmente genética
- Reduce la reproducción
- Entonces… ¿por qué no desaparece?
Su respuesta: porque la misma variación genética que permite el lenguaje también genera vulnerabilidad psicótica
Es decir:
👉 lo que te permite simbolizar… también puede desorganizarte.
2. El núcleo técnico (lo que le da “peso”)
Crow no se queda en lo filosófico. Apunta a tres mecanismos:
a) Lateralización cerebral
El lenguaje humano depende de que:
- un hemisferio (generalmente el izquierdo) domine
- haya una asimetría funcional clara
En esquizofrenia:
👉 esa dominancia falla o se vuelve inestable
b) Separación entre significante y significado
Crow usa implícitamente una idea casi saussuriana:
- El cerebro separa “palabra” (significante) y “sentido” (significado)
- Luego los coordina
En la psicosis:
👉 esa coordinación se rompe
Resultado:
- asociaciones aberrantes
- lenguaje extraño
- delirio como intento de recomponer sentido
c) El problema de la “indexicalidad”
Esto es brillante y poco comentado:
El lenguaje necesita distinguir:
- “yo”
- “tú”
- “lo que digo”
- “lo que oigo”
En esquizofrenia:
👉 esa frontera se borra
Las metáforas en la esquizofrenia.-
Hay una idea que se repite en psiquiatría como un lugar común: que los locos no comprenden las metáforas. Se dice casi con condescendencia, como si la psicosis implicara una especie de empobrecimiento del lenguaje, una caída hacia lo literal, hacia lo plano, hacia lo sin doblez. Y sin embargo, cada vez que uno escucha de verdad a un paciente delirante —no para corregirlo, sino para entenderlo— la impresión es exactamente la contraria.
No es que falten metáforas. Es que sobran.
O, mejor dicho, es que ocurre algo más inquietante: la metáfora pierde su condición de “como si” y se convierte en ser. Deja de ser un puente entre dos órdenes de sentido para volverse una afirmación ontológica. Ya no dice “esto es como aquello”, sino “esto es aquello”. Y en ese desplazamiento, aparentemente mínimo, se juega toda la diferencia entre la cordura y la locura.
Porque una metáfora, en condiciones normales, exige distancia. Exige un espacio intermedio donde el sujeto sabe —aunque no lo piense explícitamente— que está operando en un plano figurado. La metáfora es, en ese sentido, un juego serio: permite decir más de lo que se dice, pero sin quedar atrapado en ello. Es reversible. Uno puede entrar y salir.
El delirio, en cambio, no permite salida.
Cuando alguien afirma que lo controlan mediante ondas, o que es observado por fuerzas invisibles, o que posee una misión trascendental, no está produciendo un sinsentido. Está produciendo sentido en exceso. Un sentido que ha perdido sus amortiguadores, sus márgenes, su ironía. Un sentido que se ha solidificado.
En este punto, conviene invertir la fórmula clásica: el psicótico no es alguien que no comprende metáforas, sino alguien que no puede dejar de creer en ellas.
Y eso obliga a replantear muchas cosas. Porque si el delirio es una metáfora que ha colapsado sobre sí misma, entonces la psicosis no es simplemente un déficit —no es solo un fallo— sino también una forma extrema de funcionamiento del lenguaje. Un lenguaje que ha perdido su capacidad de diferir, de desplazar, de simbolizar sin encarnar.
Dicho de otro modo: el problema no es la metáfora, sino la pérdida de su estatuto.
Esto encaja mal con ciertas visiones neurocognitivas que insisten en la literalidad del paciente esquizofrénico. Sí, es cierto que hay dificultades para entender metáforas convencionales, refranes o ironías. Pero quizá eso no indique una incapacidad metafórica, sino una alteración más profunda: la imposibilidad de manejar distintos niveles de realidad semántica al mismo tiempo.
Como si el sistema colapsara hacia un único plano.
Y en ese plano único, todo se vuelve verdadero.
Por eso el delirio es tan resistente a la argumentación. No porque sea irracional, sino porque está construido desde una lógica distinta: una lógica donde la representación ha sido sustituida por la presencia. Donde el signo ya no remite a otra cosa, sino que coincide con ella.
En ese sentido, el delirio no es una metáfora fallida, sino una metáfora triunfante.
Demasiado triunfante.
Tal vez por eso nos inquieta tanto. Porque en el fondo revela algo que preferimos no mirar: que nuestra relación con el lenguaje es más frágil de lo que creemos. Que el “como si” que sostiene nuestra realidad no es una garantía, sino un equilibrio precario.
Y que basta con que ese “como si” se rompa para que el mundo deje de ser interpretable y pase a ser, de golpe, indiscutiblemente real.
Quizá la psicosis no sea otra cosa que eso: la caída de la metáfora en el ser.
Pero aqui falta algo: la función de la alucinación acústica en los esquizofrénicos. Por qué las voces que afectan a estos pacientes son casi siempre ordenes que se obedecen a ciegas, porqué los insultos, las imprecaciones.
Naturalmente no todas las alucinaciones acústicas son malévolas, ni siquiera son patognomonicas de la esquizofrenia, parece que son más frecuentes de lo que suponiamos segun investigaciones de Jim Van Os . Las conversaciones que tienen los niños con su amigo invisible son un ejemplo de esta benevolencia, y tambien algunas ideas como esta de Machado:
Converso con el hombre que siempre va conmigo
quien habla solo espera hablar a Dios un día;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.
Antonio Machado
Lo que diferencia precisamente las voces de los esquizofrénicos de las voces corrientes es precisamente el lugar de donde procede, Imaginate que el lenguaje no es solo una función de los humanos, piénsalo como un ser vivo. Y piénsalo como un ser vivo que puede haber evolucionado desde el salvajismo hasta el amaestramiento. Las voces que oye el esquizofrénico no son indicativas, sino imperativas porque no son pensamiento sino lenguaje emacipado de su autor. Al perder su anclaje en el Yo el lenguaje adopta la forma más primitiva y jerárquica de lo social: la orden o el insulto. Ordenes que pueden impulsar al sujeto hasta el crimen, hacia la culpa o la agresión, pues estas son las formas del mandato violento.
La tesis de Crow necesita una pequeña corrección: la esquizofrenia no es el precio que pagamos por el lenguaje sino el colapso de la metáfora que sostiene la realidad.
Bibliografia.-
Van Os, J., Hanssen, M., Bijl, R.V. & Ravelli, A. (2000). Strauss (1969) revisited: a psicosis continuum in the general population? Schizophrenia Research, 45, 11-20.
Cuando termines el artículo:
Excelente.
La metafora faltante es como un barrilete que se ha volado, y está en el aire, volando cerca del sol. La tarea a realizar es recoger el barrilete, y recuperar la metafora. El vacío es lo que reemplaza a la metafora. La locura es una expresión del vacío.
gracias!
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En la siguiente frase, que me impresiona como incompleta, cual es el significado del «porque»…los insultos imprecaciones
«Por qué las voces que afectan a estos pacientes son casi siempre ordenes que se obedecen a ciegas, porque los insultos, las imprecaciones.»…
Porque el lenguaje se ha emancipado del Yo y opera desde un lugar salvaje y profundo.