«La carne del mundo» es un concepto de Merleau-Ponty que abordó en un libro que andaba escribiendo cuado la muerte le sorprendió en forma de infarto. Y aunque inconcluso fue editado de forma póstuma a partir de sus escritos y de la reelaboración de sus colaboradores más próximos. Este es un post que escribo como prefacio al próximo y lo hago asi para que mis lectores entiendan bien este concepto, pues en el próximo habrá más ejemplos concretos donde observar en perfomance este concepto. Más concretamente hablaré de los avistamientos de OVNIS.
La carne del mundo (la chair du monde) es el concepto más radical y más bello que Maurice Merleau-Ponty dejó a medio escribir en el momento de su muerte en 1961.
Es la respuesta definitiva a la pregunta “¿qué hay antes de que exista un sujeto y un objeto separados?”. La carne no es materia, no es espíritu, no es mente, no es cuerpo. Es lo que hace posible que haya cuerpos y que haya mundo. Imagínalo así: Hay un único tejido reversible que es a la vez
- lo que toca
- y lo que es tocado
- lo que ve
- y lo que es visto
- lo que siente
- y lo que es sentido.
Ese tejido es la carne. Cuando tocas tu mano izquierda con la derecha, no hay dos cosas que se tocan: hay un único tejido que se dobla y se toca a sí mismo.
La carne es ese doblarse. En estado “liso” (la vida cotidiana normal). La carne está perfectamente plegada de tal modo que produce la ilusión estable de
- un “yo” aquí dentro
- y un “mundo” allá afuera
- un sujeto que mira
- y un objeto que es mirado.
Todo funciona porque el pliegue es suave y continuo. Nos da la realidad sólida, predecible, newtoniana en la que creemos vivir. En los encuentros cercanos (y en toda irrupción de lo Real) la carne se despliega o se sobre-pliega de forma violenta. Lo que ocurre entonces es literalmente una re-configuración de la carne del mundo:
«Mi cuerpo está hecho de la misma carne que el mundo, y el mundo está hecho de la misma carne que mi cuerpo…por eso el mundo me toca y yo toco al mundo y por eso hay visión, hay tacto, hay sentido.» En el encuentro cercano esa frase deja de ser filosofía y se vuelve experiencia directa y aterradora:
- El gris que te mira con ojos negros sin pupila es la carne del mundo mirándote a ti mismo.
- La luz que te descompone es la carne del mundo tocándose a sí misma a través de ti.
- El silencio absoluto cuando la visión desaparece es la carne replegándose después de haberse mostrado desnuda.
Por eso el trauma ontológico es inevitable. Porque una vez que has sentido directamente que tú y el mundo son pliegues del mismo tejido vivo, ya no puedes volver a creer en la separación radical. Ya no eres un “yo” encerrado en un cuerpo mirando un universo muerto afuera. Eres un pliegue temporal de la carne infinita que se está mirando a sí misma y que, por un instante, se reconoció. Y eso es demasiado grande (y demasiado íntimo) para seguir viviendo como si nada hubiera pasado. La carne del mundo no es una metáfora poética.
Es lo que queda cuando todas las categorías (sujeto/objeto, interior/exterior, real/imaginario) se derrumban…
y lo que aparece en su lugar cuando algo (una nave, un ser, una luz imposible) rasga la costra de la realidad y muestra el tejido vivo debajo.
Naturalmente Merleau-Ponty era un fenomenólogo radical pero sus ideas se sostienen en el concepto kantiano de noumeno y algo parecido al concepto de lo Real en Lacan. recordemos este concepto:
Para entenderlo bien hay que distinguir tres capas que normalmente están superpuestas y que la mayoría de las veces funcionan sin que nos demos cuenta:
- la realidad (minúscula)
El mundo consensuado, medible, predecible, regido por leyes físicas, lenguaje compartido, tiempo lineal, espacio euclidiano, cuerpos pesados y opacos.
Es la capa “lisa”, la que usamos todos los días para ir al trabajo, pagar facturas y hablar del clima. - lo Real (mayúscula, en el sentido de Lacan y también de algunos fenomenólogos radicales)
Aquello que no cabe nunca del todo en la red simbólica-imaginaria de la realidad.
Es lo que siempre queda fuera, lo que resiste toda representación, lo que no tiene nombre estable, lo que produce horror y fascinación al mismo tiempo.
No es “otra dimensión” ni “otro planeta”: es el fondo sin fondo que sostiene y al mismo tiempo agujerea la realidad. - la irrupción
El momento en que ese fondo sin fondo rasga por un instante la tela de la realidad y se hace visible/sensible, esto es la irrupción.
No llega desde fuera: siempre estuvo ahí, pero la capa “lisa” lo tapaba.
Cuando la tela se rompe, lo Real se muestra con una densidad y una presencia que aplasta por completo el mundo habitual.
Leer este post con algunos de estos conceptos es necesario para entender ciertos fenómenos como los avistamientos de OVNIS, será en el proximo. Si lo Real lo permite.
Cuando termines el artículo:

El papel es una extensión de la carne.
El papel es la carne de los árboles.
Por eso el papel se intercambia por carne.
Cuánto más irreductible sea el papel más carne es.
Por eso es más fácil romper un billete de 5 dólares que uno de 100.
Por eso es más fácil quemar un libro que una escritura notarial de un inmueble.
Un juego de espejos
Aprecio y disfruto en lo que vale esta idea original de interconexión ontológica entre el cuerpo y el mundo, compartiendo una textura común que trasciende la separación sujeto/objeto, una única sustancia o realidad sensible; sin embargo la composición de una irrupción desde el fondo de lo real en la realidad, mostrándose con una densidad y una presencia que aplasta, la encuentro fascinante, por que engloba toda disrupción brusca inexplicable en esa capa lisa de realidad.
Yo soy el cuerpo
Yo soy el cuerpo es una manera inteligente de escapar a la creencia en la fijación en yo soy lo que siento y lo que pienso, pero a poco que investiguemos se cae en la cuenta que el cuerpo como el mundo es el aspecto material por tanto fenoménico y temporal. Tanto es así que nuestra interpretación de un cuerpo se basa en sensaciones corporales cambiantes en toda su extensión.
Interconexión
Lo que parece estar conectado es que el mundo es un espejo que refleja los contenidos de la mente, y la mente otro espejo que refleja al mundo, y lo hace desde la perspectiva del Espíritu humano , donde el papel de la conciencia es ser el testigo, el sujeto uno «Ser» de ese juego de espejos. Una conciencia que no es un objeto por que carece de movimiento y no ocupa un espacio/tiempo, carece de traumas.
Abogar por una percepción directa desde el sentir corporal permite apreciar esta conexión entre la objetividad material y su interpretación de sentido humano subjetiva.
El «ouroboros» se traduce al español como uróboros o uroboro y se refiere a un símbolo antiguo que representa una serpiente o dragón que se come su propia cola, formando un círculo. Este símbolo simboliza la eternidad, el renacimiento y los ciclos infinitos, como el ciclo de la vida, la muerte y la recreación. Su nombre proviene del griego y significa «la serpiente que se come la cola».
La sexualidad es un onanismo sofisticado.