Como fingir estar cuerdo

Hay una enfermedad -afortundamente rara- que consiste en una incapacidad congénita para sentir dolor. Naturalmente las personas que tienen esta enfermedad mueren jovenes pues son victimas de fracturas, quemaduras y daños corporales sin la posibilidad de evitarlos al no poder computar como peligrosos ciertos estimulos que acaban por llevarlos cerca de la muerte.

Hay otras posibilidades mas allá del dolor (pues el dolor no es solo una emoción sino también una sensación corporal). Me refiero a la incapacidad o incompetencia de algunas personas de sentir ciertas emociones. Existen emociones pro-sociales destinadas a navegar en entornos sociales, la culpa, la vergüenza, la empatía, la compasión, la pena, y el miedo. Estas emociones son conocidas con el nombre de sociales y señalan hacia la cooperación, una señal que viene a decir «Soy de fiar», otros autores las han llamado «emociones de desescalada» porque suponen una renuncia parcial de los intereses individuales sobre lo colectivo: una especie de renuncia o abdicación de soberanía. ¿Qué les sucede a las personas que por una razón u otra son incapaces de computar estas emociones?. Lo importante es comprender que sentir no es lo mismo que comprender. Ciertas personas pueden saber qué es la culpa, la vergüenza, a nivel teórico, pueden reconocerlas en otras personas, saben que existen, pero no pueden llegar a sentirlas.

Naturalmente quienes tienen esta incompetencia tienen muchos problemas, se trata de una situación poco adaptativa. Pero se trata de una inadaptación social, no es cognitiva, ni afectiva. Dicho de otra manera, el que padece este problema puede aparentar estar cuerdo, sin estarlo. Este tipo de personas suelen ser egoístas, inmorales y tramposos y sobre todo mentirosos. Suelen ser detectados fácilmente en pequeños entornos donde las transacciones entre individuos son frecuentes y repetitivas, pero son muy difíciles de detectar en entornos urbanos o en grandes espacios de interacciones. Al tramposo se le detecta con facilidad, por lo que tienen que cambiar frecuentemente de lugar, de trabajo, de pareja o de amistades. Solo se puede engañar a alguien una o dos veces pero no es posible vivir siempre del engaño. Por eso los embusteros son detectados con rapidez y por eso ellos suelen desplazarse a lugares donde sus embustes sean más difíciles de detectar. Y el lugar ideal es la política, donde el engaño se encuentra tolerado por los clientes, otros lugares son las organizaciones criminales, la empresa, las finanzas y las guerras.

Hay dos clases de mentiras, unas son para protegerse y otras están destinadas al engaño.

Los incompetentes para las emociones pro-sociales sin embargo no carecen de otras habilidades emocionales destinadas a la autopromoción o al brillo personal, disponen de la rabia y el odio, de la envidia, de la alegría (la alegría es una emoción transversal, puede ser pro-social o egoísta), la soberbia, el orgullo, la omnipotencia o la codicia. Dicho de otra manera, son competentes en esas emociones que llamamos narcisismo.

El narcisismo es un trastorno de personalidad que incluye siempre una incompetencia: la no computación corporal de las emociones pro-sociales en una u otra medida.

Huir hacia adelante.-

Este tipo de personas parece que sean vehículos sin motor de marcha atrás, al carecer de sentimientos que pongan a prueba su vulnerabilidad, no tienen más remedio que elaborar estrategias de un único sentido. Al carecer de culpa, no pueden admitir sus errores, al carecer de vergüenza no pueden desdecirse de sus mentiras, aun de las mas evidentes, y su sentido de grandiosidad les impide reflexionar, mas que en el sentido de la venganza o del rencor e implementar estrategias para salirse con la suya. Suelen reaccionar con rabia cuando son confrontados con algunas de sus trampas, pero curiosamente no sufren depresiones, ni neurosis. No he conocido nunca a un psicópata depresivo.

Todos los psicópatas son narcisistas pero no todos los narcisistas son psicópatas. Todos tenemos rastros sueltos de narcisismo pero no se es narcisista si no se cumplen determinados items del trastorno.

Nota: el psicópata es un metadiagnóstico, implica un grado extremo de narcisismo y de conducta antisocial y de crueldad, pero también hay psicópatas muy funcionales como comenté en este post.

Los objetivos de esta clase de personas son el sexo, el dinero y el poder; el brillo personal (transmitir o proyectar en los demás su propia autoimagen grandiosa), en suma la codicia.

De manera que este tipo de personas son bastante incompetentes para rectificar, tomar distancia o arrepentirse de algo. De manera que su estrategia preferida -la única que saben ejercer- es la huida hacia delante, es decir tapar con un error otro error anterior, una chapuza con otra, una mentira con otra. Así la mentira y los errores van creciendo de tamaño hasta ocupar todo el campo de visión sin posibilidad de rectificar, pues rectificar seria al fin y al cabo, una herida insoportable para su egocentrismo hipertrófico.

El problema que plantean estas personas que parecen cuerdos siendo como son, locos morales es el siguiente. ¿Son enfermos como los esquizofrénicos o los bipolares? ¿Y si no lo son qué son? Suele decirse que los trastornos de personalidad son patologías mitigadas, «maneras de ser» y por eso se llaman «trastornos» y no enfermedades. Este problema no es nuevo, ya el marqués de Sade planteó este dilema a la Psiquiatria de entonces. ¿Cárcel o manicomio? ¿Cual es el lugar para exiliar de la sociedad a este tipo de personas?

En algunos casos de ciertos gustos sexuales como la pederastia, el crimen o el asalto sexual se ha llegado a un consenso: la cárcel es el lugar, pero ¿qué sucede en los casos donde los delitos no son tan obvios? ¿Qué sucede cuando uno puede elaborar leyes para ocultar lo que ayer eran delitos? Retorcer la ley para adaptarla a sus andanzas parece ser la estrategia que usan los tiranos de una y otra orilla del espectro y para eso es necesario contar con muchas complicidades. Algunos lo logran, pero es precisamente la estrategia de huir hacia delante lo que debilita su posición.

Tarde o temprano, el psicópata acaba detenido, o es asesinado por un grupo rival, o es expulsado del gobierno por la oposición, el ejercito o una revolución ciudadana.

Pero muerto el perro no acabó la rabia ¿pues qué hacer con aquellos que sin ser psicópatas se beneficiaron de él, bien por dinero o bien por prebendas? ¿Qué hacer con la trama de complicidades que se tejieron y que debilitaron el sentimiento social de cooperación?

El agujero que queda en la sociedad, en la familia o en sus allegados, genera un vacío que tardará muchos años en curar.

No, no sabemos qué hacer con los psicópatas aunque lo cierto es que nosotros los psiquiatras somos capaces de detectarlos. Les llamamos perversos, una etiqueta que no tiene mucho valor en la psiquiatria actual pero que se encuentra perfectamente definida.

Propongo pues una reflexión sobre la perversión como una forma de patologíia psíquica distinta a lo mental y que se encuentra en la intersección entre la psiquiatría y lo jurídico:

El concepto de perversión ha tenido poco éxito en la Psiquiatría por razones históricas que no vale la pena recordar ahora. Lo importante es retener que solo el psicoanálisis recoge la tradición europea que fue la que transitó desde el antiguo régimen teocrático hacia lo naturalístico, en la consideración de que las enfermedades mentales tenían causas naturales del mismo modo que las enfermedades somáticas. Esta idea, fuera verdadera o falsa representó un hito en la concepción de lo mental si bien hoy parece haber alcanzado su propio limite tal y como vemos en la dirección biológica que han tomado las clasificaciones y las investigaciones en nuestra especialidad. La psiquiatría académica hoy se ocupa de las enfermedades mentales cognitivas o afectivas pero existe poca investigación sobre las locuras morales y ninguna sobre las enfermedades estéticas de las que hablé en anteriores post. En mi opinión tal cosa sucede por la dicotómica y falsa idea de que por una parte está la normalidad y por otra la patología, aunque Freud ya en 1900 había considerado que eso que llamamos normalidad es una forma de llamar a la neurosis. La normalidad no existe y se halla tan lejana de la cordura como de la locura. La dicotomía normal/patológico deja sin considerar los estados mentales intermedios que pueden estar presentes tanto en los casos extremos como en los casos más adaptados. Solo los psicoanalistas se ocupan hoy de teorizar sobre las locuras morales sobre todo desde la irrupción de la criminalística o la psiquiatría forense. Gracias a algunos de estos profesionales como Estella Welldon tenemos hoy una idea organizada y operativa sobre qué es una perversión.

Las enfermedades psíquicas no son siempre mentales, a veces son morales y quienes las sufren (o gozan) están locos (locura moral).

Su locura consiste en fingir estar cuerdos.

Bibliografia.-

Emociones de escalada y desescalada

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