Limpiando estanterias y tratando de desprenderme de los ácaros que acampaban en ella, he encontrado diversos cuadernos de apuntes sobre antiguos pacientes que he tratado a lo largo de mi vida profesional, cartas, libros dedicados y otros archivos de interés. Naturalmente más que limpiar me he detenido en leer mis notas sobre ellos, así volví a recordar a Rosetta, una paciente que seguí durante años por su fibromialgia, una forma grave que evolucionó de forma tórpida durante años sin que su estado físico mejorara salvo las fluctuaciones que esta enfermedad opera en su evolución, temporadas mal y temporadas peor, siempre a merced de un nuevo o viejo dolor, de la fatiga inexplicable y otros síntomas añadidos como el colón irritable.
Corría la década de los noventa cuando conocí a Rosetta (nombre imaginario) y me fue derivada por su médico de cabecera. Por entonces, su enfermedad ya tenia nombre (fibromialgia) pero nadie sabía a ciencia cierta su causa ni que especialista era el competente para su tratamiento. Había una sospecha de causa psicológica o psiquiátrica, así fue que durante cierto tiempo los psiquiatras acogimos a aquellas mujeres doloridas que parecían depresivas o al menos que «somatizaban» el dolor por alguna causa psicológica.
Pacientes que solo parecían responder a la amitriptilina (Triptizol) un viejo antidepresivo tricíclico que nosotros los psiquiatras conocíamos muy bien y que parecía el único fármaco para mejorar los trastornos del sueño que usualmente acompañan a estas pacientes a la vez que aliviaban algo el dolor y mejoraban el estado de ánimo. Rosetta ya llevaba el Triptizol cuando su médico de cabecera nos la remitió y no parecía haber mejorado demasiado.
Los psiquiatras solemos hacer una o varias entrevistas exploradoras para encontrar causas de estrés, averiguar algo sobre la vida intima de nuestros pacientes, saber cómo se desenvuelven en el trabajo, en la familia, etc. Y sobre todo encontrar alguna causa que pudiera desencadenar aquella enfermedad misteriosa de aparición epidémica en los 90, que parecía afectar a varios sistemas (musculo-esqueletico sobre todo) pero que también afecta al sueño. al aparato digestivo, a la sensorialidad (hiperosmia), a la boca en forma de aftas y cómo no, al psiquismo. Ansiedad y depresión vienen colgando de este paquete de síntomas y -como sabemos ahora- a consecuencia de una vida con dolor e invalidez y no como causa de ella.
Cuando encontré ese cuaderno en mi estantería y lo volví a leer (ahora se más que entonces) caí en la cuenta de la penosa vida de Rosetta, no en el sentido de traumas con T como el que conté en mi post anterior sino una forma sutil de traumatización crónica (es decir un trauma que dura mucho tiempo) pero que se escribe con t. Lo que le hace pasar muchas veces inadvertido para el clínico.
Rosetta era una mujer de mediana edad (46 años) que llevaba enferma desde hacia poco más de un año. Su grado de incapacitación era severo y pasaba gran parte del día acostada en la cama pues era e lugar donde encontraba mejoría a su dolor de brazos, muslos, omoplatos, trapecios e incluso pies. tenia todos esos puntos gatillo que se nombran en la fibromialgia pero su dolor no se limitaba a ellos. Además el dolor iba acompañado de una enorme fatiga inexplicable y su sueño era recortado y no reparador.
Era una mujer despierta, competente, que había trabajado de higienista dental (que había perdido debido a su estado físico) y que estaba casada tenia dos hijos, y no tenia ningún problema digno de mención en su vida actual. De manera que traté de averiguar cómo comenzó su calvario doloroso. ¿Había habido algún incidente digno de mención que la paciente relacionara con el inicio de su enfermedad? Esta pregunta hipocrática es muy importante hacerla porque la mayor parte de los pacientes consiguen atribuir el comienzo de de su enfermedad a algo, un evento, una mala noticia, una pérdida, lo que hoy llamamos un estrés especifico. Más abajo volveré sobre este estrés específico, pero antes debemos ir un poco más atrás y conocer algo de su crianza y de su sensibilización original.
Rosetta era una chica que se crió en un pueblo cercano a la capital, era de una familia corriente, sin extremos pero que sufrió -cuando Rosetta tenia 14 años- una perdida importante: el padre, que era el sustento de la familia murió y dejo viuda a su mujer y huérfanas de padre a ella y a su hermana pequeña. Este antecedente de perdida precoz de uno de los padres es de una enorme importancia, no tanto por la perdida en sí sino porque modifica el paisaje social de cualquiera. Efectivamente, la madre tuvo que ponerse a trabajar en el negocio de su hermano (el tío de Rosetta) y la propia Rosetta tuvo que aplazar sus proyectos de irse a estudiar a la capital como otras muchas amigas de su pueblo.
Esto le hizo distanciarse primero de su entorno social y más tarde perder una a una todas sus amistades, no tanto por problemas con ellas sino porque Rosetta en este momento estaba en otro «mundo» e hizo nuevas amistades derivadas de su actividad obligada. Así y todo con el tiempo consiguió -después de terminar el Bachiller por libre- hacer el curso de higienista mental y a los 21 años estaba ya trabajando en la consulta de un dentista, si bien continuaba viviendo con su madre a la que sobreprotegía desde que quedó viuda.
Si me preguntaran sobre el carácter de Rosetta diría que era una mujer abnegada, entregada, perfeccionista y competente. Fue así como lo debió entender su actual marido cuando le pidió matrimonio, ella tenía 25 años cuando se casó y fue su primer y único amor. Enseguida vivieron los hijos y una emancipación de su madre que siguió viviendo en el pueblo mientras ellos se instalaron en la capital como otros muchos.
La pareja progresó durante algunos años hasta que en una crisis económica el marido fue despedido de su trabajo. Un despido que fue bastante traumático y judicializado durante mucho tiempo con esos pleitos que se alargan y que no hay más remedio que admitir si buscamos alguna indemnización a un despido injusto.
Esta fue la segunda traumatización: una situación de incertidumbre. ¿Qué vamos a hacer? ¿De qué vamos a vivir? Las situaciones de incertidumbre son muy frecuentes en la vida de las personas pero en algunas de ellas -sobre todo en aquellas que han sufrido una sensibilización precoz inducen estados de confusión, catastrofismo, ansiedad, preocupación y sobre todo una actualización del trauma del primer tiempo.
Naturalmente el trauma del primer tiempo fue la situación que se generó en su familia tras la perdida del padre. Una muerte que vino a perturbar el orden que en esa familia se había logrado establecer. Obsérvese que no es un trauma con T, no hay abusos, ni maltrato ni negligencia. Lo que hay es una ruptura biográfica que recae sobre una persona de 14 años que todavía está en formación y que aun no ha logrado establecer una identidad segura. Además su carácter la lleva a hacerse cargo emocionalmente de su madre en el sentido de que la madre fue la más afectada por la perdida de su padre e incluso tuvo que someterse a un tratamiento psiquiátrico por ello.
Y que encima no puede seguir su proyecto vital con la perdida social correspondiente. Rosetta perdió su circulo social al cambiar de intereses.
Lo interesante es comprender que la exclusión sea por expulsión o por necesidad de un circulo social tiene consecuencias sobre la salud de las personas sobre todo en esa edad donde los iguales son tan importantes para establecer alianzas e identificaciones. No es que Rosetta perdiera a sus amigas sino que sus amigas -aunque mantuvieron formalmente la amistad- no estaban en el mismo circulo. Rosetta había sido desplazada, excluida.
Y la exclusión social provoca una sensibilización al dolor porque es dolor.
Y en el próximo post hablaremos de la teoría de la superposición del dolor, que en mi opinión es la clave de bóveda para entender la sensibilización al dolor que acompaña al trauma con T y al trauma con t. Y porqué un evento psicológico antiguo aparece actualizado en forma de dolor físico.
Cuando termines el artículo:
Entiendo que esta sensibilización es una adaptación patológica a nivel físico y somático que hace el propio cuerpo de modo automático como respuesta a un trauma y que a veces pueden identificarlo y a veces no.¿Es posible que sea respuesta a un estrés postraumático no tratado y no identificado?🤔
No, el TePT es un desarrollo patológico distinto a la sensibilización a largo plaxo
Lo de la abnegación sumisión y entrega,ya lo he escuchado más veces en pacientes con fibromialgia,sobre todo mujeres.
También se ha hablado de la mayor frecuencia en mujeres y de la escasa instrucción.