El concepto gnóstico De Dios

Si concebimos a Dios no como un individuo sobrenatural sino como una idea organizadora, entonces Dios deja de ser un ente para convertirse en un atractor: una estructura simbólica capaz de ordenar la conducta, generar instituciones, inspirar obras de arte, provocar guerras o fundar hospitales. Las ideas no son cosas, pero tienen efectos causales. En ese sentido son reales.

El gnosticismo, sin embargo, añade un matiz muy interesante. Para los gnósticos, la chispa divina no viene de fuera, sino que está aprisionada en cada ser humano. El problema del hombre no es el pecado, sino el olvido. La salvación no consiste en obedecer, sino en recordar quién eres realmente mediante la gnosis, el conocimiento interior.

Si unimos ambas perspectivas, podríamos decir que esa “divinidad interior” no sería un pequeño dios escondido en el alma, sino la capacidad de acceder a una forma superior de organización de la conciencia. La idea de Dios existiría como un patrón que puede actualizarse en una persona. No todos lo hacen. Algunos viven toda su vida en el nivel de las necesidades inmediatas; otros consiguen encarnar valores universales como la verdad, la compasión, la creatividad o la justicia. Esos valores, aunque sean ideas, producen realidad.

Desde una perspectiva compatible con la teoría del cerebro predictivo de Karl Friston, incluso podría decirse que “Dios” representa el modelo más amplio posible del mundo y de uno mismo: un horizonte regulador que minimiza el caos existencial y dota de sentido a la experiencia. No sería una entidad física, sino un principio de integración.

Aquí aparece una convergencia con Carl Gustav Jung. Jung afirmaba que la imagen de Dios es un arquetipo del Sí-mismo (Self), el principio que integra la personalidad. Cuando el individuo entra en contacto con ese centro experimenta algo que describe como trascendente. No significa necesariamente que haya encontrado un ser sobrenatural; significa que ha establecido contacto con la totalidad de su propia psique.

Quizá la formulación más radical sea esta: Dios no sería un ser, sino una propiedad emergente de la conciencia cuando alcanza un determinado grado de integración. La “chispa divina” de los gnósticos sería precisamente ese potencial de integración, creatividad y conocimiento que permanece latente en cada persona.

Esto también explica por qué los gnósticos desconfiaban tanto de las religiones puramente externas. Si Dios es una idea viva que debe realizarse en la conciencia, entonces ningún templo, ninguna iglesia y ningún dogma pueden sustituir la experiencia directa. El conocimiento de Dios no se recibe; se actualiza.

En ese sentido, la frase del Evangelio de Tomás cobra un significado muy profundo: “El Reino está dentro de vosotros y fuera de vosotros.” No describe un lugar, sino un modo de organización de la realidad. La divinidad no sería una persona escondida en el interior del hombre, sino la posibilidad de que la conciencia alcance una forma de orden capaz de transformar tanto al individuo como al mundo que habita. Esa posibilidad, aunque sea una idea, tiene consecuencias muy reales.

Por eso sé que Dios tiene un plan para mi.

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Conversación y debate

3 comentarios

La lectura continúa aquí: objeciones, matices, preguntas y cruces con otros textos.

    1. Face to Face

      El matiz interesante es que el concepto gnóstico de Dios lo sitúa como el pilar, el fundamento que sostiene la realidad y la organiza, tiene su propia ética y es lo que dota de sentido a la existencia. Como fundamento es el sustento indispensable para que todo exista y sea inteligible, además de poseer la capacidad para la integración y la creatividad inherente a si mismo.

      La Conciencia

      Este al que llamamos Yo, con su identidad, opiniones, creencias, cada noche se entrega a un suicidio voluntario, a su propia disolución. A pesar de ello algo continua, no se sabe bien que es, pero podemos llamarle vacío. Nada hay mas místico. Toda construcción personal se desvanece en la total vacuidad del olvido, sin ningún sentido trágico ni duelo necesario. Una especie de existir sin mi existencia o mobiliario psicológico, pero tb sin esa sensación de alguien observando detrás de nuestros ojos, como un testigo de nuestros pensamientos, es a lo que llamamos conciencia.

      El Reino de los Cielos.

      En tal reino solo entran los niños nos habla el mito, por que parecen existir dos reinos paralelos, los del Ego y el de los Cielos, esto es algo en el que coinciden todas las tradiciones espirituales, en la mística islámica la conocen como Fana, en la oriental Anatta y, Pable escribía «Ya no vivo en mi, mas vive cristo en mi».

      Un día de vigilia es un patrón fractal de toda una vida, una acaba en el olvido del sueño, la otra en la muerte, no es difícil inferir por tanto que acotar distancia a ese fundamental atractor no parece pasar por ningún conocimiento, si no por una ausencia de nuestra artificial identidad, dando paso únicamente al testigo o Conciencia a su imagen y semejanza, señalando que Dios emerge cuando el Yo desaparece.

      Lo que me lleva a pensar que la tal hipótesis Gnóstica lo que alcanza es el reino del ego con su árbol del conocimiento, su elitismo intelectual y con su secretismo, pues para que tal cosas existan alguien se las ha de apropiar.

  1. Esta perspectiva se une perfectamente con la teoría de la información integrada, donde Phi simboliza la máxima integración de un sistema. Así, la máxima integración de la conciencia, o lucidez, equivaldría un phi elevado. Es también interesante ver bajo esta misma perspectiva, el «collar de Indra», es decir, como corre la teoría de la información integrada en un conjunto de individuos, donde la phi elevado se construye a través de la integración de las partes.

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