¿Por qué las chicas se suicidan?

Recientemente dos niñas en la provincia de Jaen aparecieron muertas en un parque de la ciudad mediante un metodo raro en las chicas: el ahorcamiento. Todavia se investiga si una de ellas indujo a la otra al suicidio (lo que se conoce con el nombre de suicidio empático), algo que no me sorprenderia porque existe un mimetismo en esta clase de actos y de ahi el titulo de sindrome o efecto Werther, sobre lo que en este momento no voy a hablar y lo doy por sabido.

Tambien doy por sabido que la causa de muerte más frecuente entre la población entre 14-19 años es el suicidio. Y tambien que el suicidio (en todas las edades) es mas frecuente en los hombres. Pero hay una contradicción, las mujeres hacen más intentos de suicidio que los hombres, algo que llamamos parasuicidio. La explicación de esta dicotomia es que parece que está relacionado con la elección de metodos poco letales en las chicas. La novedad es que las chicas han aprendido nuevas formas de quitarse la vida, formas más seguras, agresivas y masculinas. Formas letales.

¿Qué les pasa a las chicas?

La primera cuestión que comparten chicas y chicos de esa edad es que su lobulo frontal aun no está maduro del todo, son por ello más influenciables, más crédulos y más facilmente sugestionables y sobre todo: los jovenes no pueden visualizarse a sí mismo en el futuro. No saben que existe el futuro y creen que su experiencia en el presente es lo unico que hay. Es muy dificil visualizarse en el futuro y hasta cierta edad (coincidiendo con la maduración completa) no se establece esta posibilidad. Piense en usted cuando tenia 14 o 15 años ¿creia en el futuro?

Pero hay más, esta inmadurez del lóbulo frontal correlaciona con una identidad a medio hacer, una identidad frágil y que toma como muleta al grupo como sostén de esa condición de déficit. Necesitamos más al grupo cuando nuestra identidad es mas frágil, solo con el tiempo y cuando nuestra identidad ya está asentada podemos prescindir del mismo.

Para un joven la socialización es vital, para un viejo un engorro.

Y cuando digo vital quiero significar que todas las exclusiones del grupo son verdaderos traumas, causantes de dolor y estigmatización. Hablamos entonces de dolor social, un dolor similar al que sentiria una muchacha al ser violada. La verdad es que todos los médicos que conozco y tambien la sociedad entera puede compartir el dolor de una violación pero sin embargo conozco pocos galenos, profesores o familiares que den importancia a la exclusión social de sus hijos. Una exclusión que no siempre viene acompañada de violencia sino que es en cierta forma insidiosa, una especie de invisibilización de la victima. Una invisibilización que a veces viene acompañada de insultos, humillaciones y habladurias, eso que hoy llamamos acoso escolar o bullyling.

Algo que siempre es minimizado por todo el mundo «Son cosas de crios», «Hoy te insultan y mañana insultas tu» «no sabiamos que estaba sufriendo acoso» «estaba perfectamente», etc. Son las voces de los profesores, ajenos al drama que se cierne sobre esos niños. Es normal, porque ese abuso insidioso tampoco es percibido por la familia y a veces el bullyling se sufre en la misma familia, en forma de invisibilidad. Ni los médicos lo consideran asi cuando hacen una anamnesis, de ser algo doloroso —piensan— es tan sutil que no puede objetivarse.

Los médicos piensan que para hablar de trauma es necesario haber identificado un estresor lo suficientemente intenso, pero ha habido novedades en los criterios de clasificación como mas abajo veremos.

Otro de los problemas que deben enfrentar las jóvenes de hoy y que de alguna forma explica el aumento de casos de este grupo de población es la sexualización precoz. Es posible afirmar que la sexualización aparece más temprano que la propia sexualidad y cuando aún no puede gestionarse afectivamente. Y que la asexualidad y la homosexualidad es una forma de disimular, «si fuera chico no me pasaria esto». Hay como un tsunami de imágenes que invaden la cotidianiedad (algo que hemos llamado hiperrealidad) todo ello complicado con la pornografia y las redes sociales. Es necesario —para socializar y no ser excluido— sumarse a esta vorágine de imagineria sexual colectiva o convertirse en una remilgada o una estrecha pusilánime. El caso contrario —y el insulto preferido entre ellas— es «puta», lo que indica que tan perseguido es ser ñoña como puta. Hay que estar siempre en las medianias, no destacar en nada.

Las niñas estan enjauladas entre la necesaria socialización con sus iguales y sometidas al mismo tiempo a la competencia intrasexual que llegó demisiado pronto. El margen de maniobra es bastante estrecho.

El trastorno de estrés postraumatico complejo.-

Judith Herman es una psiquiatra de Harvard de orientación feminista que en 1992 escribió un libro que divide la historia de los diagnósticos psiquiátricos en dos partes, antes y después de Judith Herman. Describió lo que ella llamó trastorno de estrés postraumático complejo. Hace años escribí un post en mi serie sobre el trauma que está aqui. Y le titulé luz de gas, porque Herman explora en su libro los casos de maltrato doméstico crónico y sus consecuencias a largo plazo en las victimas de un poder totalitario que extiende a otras condiciones como a los cautivos y presos de guerra. Sin embargo pone el enfasis en las mujeres maltratadas por sus maridos o sometidas a condiciones de vida asfixiantes o humillantes, con o sin maltrato fisico aparente. Cuando lei este libro me pareció que estaba asistiendo al nacimiento de un nuevo diagnóstico a pesar de que yo mismo habia escrito una monografia sobre la historia del trauma que podeis encontrar aqui en pdf.

La novedad que aporta Judith Herman es la eliminación del criterio A, es decir la de que podamos identificar un evento lo suficientemente intenso para justificar el TEPT. Ya no es necesario:

Judith Herman propone que los diagnósticos actuales se quedan cortos para comprender los cuadros clínicos que se derivan de la cautividad doméstica o aquellos traumas continuados que suceden en la infancia o la adolescencia y es por eso que propone un nuevo diagnóstico: El trastorno por estrés postraumático complejo, que comprendería.

(1) Alteraciones en la regulación de los impulsos afectivos. Incluye dificultad para modular la rabia y las conductas autodestructivas. Este síntoma indica déficit en la regulación emocional y el autocontrol e incluye las adicciones y comportamiento autolesivo, que son, paradójicamente, a menudo, usadas como salvavidas.

(2) Alteraciones en la atención y la consciencia, tales como embotamiento, lentitud de procesamiento, dificultades atención y concentración, amnesias, episodios disociativos y despersonalización. Se considera que la disociación tiende a ser un mecanismo de defensa ante el abuso interpersonal prolongado y severo ocurrido durante la infancia.

(3) Alteraciones en la autopercepción, así como un sentido crónico de culpabilidad y de responsabilidad personal, que cursa con sentimientos de intensa vergüenza. Los individuos abusados crónicamente, a menudo interiorizan el abuso como una forma de autovaloración (Courtois, 1979a, 1979b; Pearlman, 2001).

(4) Alteraciones en la percepción del maltratador. Incluye aceptación, dependencia e incorporación de su sistema de creencias. Estas características organizan las relaciones complejas, el sistema de creencias y posibilitan los abusos premeditados que continúan de forma repetitiva a manos de los cuidadores primarios, en caso de menores.

(5) Alteraciones en las relaciones con los otros. Dificultades para confiar e intimar, desarrollo de fuerte sensación de vulnerabilidad y peligro cuando inician nuevas relaciones afectivas en la medida que se hacen más intensas e intimas. Perciben que las personas con las que se relacionan afectivamente pueden utilizarlos y dañarles sin respeto y consideración de sus propias necesidades.

(6) Somatización y/o problemas médicos. Estas reacciones somáticas y condiciones médicas pueden explicar directamente el tipo de abusos sufridos y algún daño físico, o bien puede ser más difusa y aparecer como somatizaciones.

(7) Alteraciones en el sistema de significados. Los individuos abusados crónicamente, a menudo sienten una gran desesperanza acerca del mundo y del futuro. Así mismo creen que no encontraran a nadie que les entienda o entienda su sufrimiento. Mantienen un gran conflicto interno, con niveles de angustia altos, e intentan encontrar a alguien que les ayude a recuperarse de su angustia psíquica.

Podríamos considerar que algunos de estos síntomas tratar de organizar el significado del mundo y de las relaciones en un proceso de aprendizaje patológico, que está siendo legitimado por el resto de personas consentidoras. De esta manera, los síntomas disociativos proporcionan una respuesta protectora natural a la arrolladora experiencia traumática, que surgen como una respuesta automática al estrés, en este sentido aparecen como reacciones disociativas primarias el olvido, la fragmentación y el embotamiento emocional (Kisiel y Lyons, 2001), precediendo o acompañando a la despersonalización, desrealización y amnesia. Si es complicada la evaluación del TEPT en la infancia, más difícil resulta encontrar instrumentos de evaluación adecuados y psicométricamente fiables para analizar los diferentes síntomas del trastorno por estrés postraumático complejo.

Algunos autores consideran que las tendencias suicidas, las conductas de riesgo, la revictimización, la labilidad emocional, la impulsividad y la inestabilidad afectiva, generada como respuesta al estrés grave, coinciden con las características del trastorno límite de la personalidad y también encajan con las personas que han sufrido de forma crónica maltrato doméstico.

Que Judith Herman describe con este ítem en sustitución del criterio A:

A.- El sometimiento a un poder totalitario en un periodo de tiempo prolongado (de meses a años) Los ejemplos incluyen rehenes, prisioneros de guerra, supervivientes de campos de concentración e incluyen a aquellos sometidos a sistemas totalitarios en la vida sexual y doméstica, abusos en la infancia y explotación sexual organizada.

Y yo añadiria la exclusión social y el concepto que hoy entendemos como bullyling.

Herman incluye un listado de síntomas abigarrado y completo que abarca toda la psiquiatría y aquí se encuentra precisamente su punto más débil. Parece aceptar el hecho de que cualquier síntoma psiquiátrico puede derivar de una situación traumática lo que convierte las descripciones sintomáticas en un bucle que parecen buscar su causa.

Para finalizar el trastorno de estrés postraumático complejo es un buen nicho nosotáxico para encajar los síndromes continuados de maltrato en la infancia más que el síndrome de maltrato doméstico y hay que sospecharlo en aquellos casos que los diagnósticos psiquiátricos son múltiples y diversos o incluyen, trastornos de personalidad (sobre todo el TLP), las dificultades de los niños para relacionarse con sus iguales y con sus educadores, el consumo de drogas, la disregulación del humor y las dificultades para regular los impulsos, así como los trastornos de la conciencia y los trastornos de la autopercepción.

Conclusiones.-

A lo largo de mi vida profesional y sobre todo en los ultimos tiempos (coincidiendo con la explosión de las redes sociales) he tenido oportunidad de ver numerosos casos de estrés complejo y de asistir a veces a suicidios incomprensibles de muchachos y muchachas muy jóvenes. Tambien he visto casos en no tan jóvenes donde puede rastrearse la evolución de este complicado sindorme a lo largo de los años. Y muchas veces el bullyling no está solo en la escuela sino en el hogar. La incomprensión, la falta de empatia, la banalización de los cuidadores no solo es patrimonio de los enseñantes sino muchas veces de la propia familia. Creo que tener una enfermedad y que nadie sea capaz de visualizar ese sufrimiento es la causa de ciertos suicidios, sobre todo cuando uno es tambien incapaz de explicarla.

Mi propuesta es —y esto va dirigido a los profesionales— que sean capaces de percibir o sospechar este sindrome cuando se encuentren con conductas inexplicables en un adolescente aunque no cumpla criterios completos de TEPT.

Hemos de acostumbrarnos a pensar fuera de la caja, pues la complejidad ha venido para quedarse.

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Después de leer

Conversación y debate

7 comentarios

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  1. Debía tener entre 10 y 12 años. Estaba viendo la TV con mi hermano mayor. No recuerdo hacia dónde derivó la conversación pero sí éste para mí incomprensible comentario: » mamá me preguntó si eras afeminado y le tuve que decir que no»!! Pueden imaginarse lo que para un chaval de esa edad supone averiguar q su madre piensa eso de él? Sobre todo pq ni yo mismo tenía claro a q se refería ( a nada bueno, eso sí). Con el paso de los años «comprendí» q mí madre siempre quiso «la parejita» y proyectaba sobre mí su secreto deseo ( a través de su primogénito destinado a otros «menesteres»). Comprendí el «reproche» a la «masculinidad» de su marido/mí padre. Y la profunda ambivalencia de «solidaridades» en mi hermano. Pero a mí nadie me quitó el trauma de considerarme «un homosexual de 10 años»!! Hoy no tendría «problema»: mí mamá, cualquier mamá, obtendría la «solidaridad» de la Irene montero de turno q me habrían ayudado a salir de un armario en el q habría sido encerrado sin mi consentimiento. Pq esa era la «locura» de fondo…


      1. poco estudiado ? A mí no me lo parece…en cualquier caso ha sido vivido y «estudiado» por el único al que ha afectado «directamente»: yo mismo

  2. Sentirse excluido de la supuesta realidad que muestra la hiperrealidad de la sociedad del espectáculo en el presente, y vislumbrar pocas o ninguna posibilidad de inclusión en el futuro, es un bullying permanente producto de la intromisión audiovisual que somete a condiciones de vida asfixiantes o humillantes por comparación con la virtual sociedad del espectáculo.

    Sentirse cautivo social y maltratado por un supuesto poder totalitario globalista, es un trauma vital continuado que da lugar al ‘trastorno de estrés postraumático complejo’ que definió Judith Herman.

    Parafraseando se podría decir que: El proceso de aprendizaje patológico, legitimado por la sociedad consentidora, es el resultado de ‘la banalización del mal’, que como en la rana en la olla, permite alteraciones en la percepción de los maltratadores. Incluye aceptación, dependencia e incorporación de su sistema de creencias. Estas características organizan las relaciones complejas, el sistema de creencias y posibilitan los abusos premeditados que continúan de forma repetitiva a manos de los dirigentes sociales.

    Sabemos que algo anda mal, pero como los avestruces escondemos la cabeza. Las palabras del filósofo Jiddu Krishnamurti resuenan con fuerza: «No es una buena medida de la salud estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma».

    Los jóvenes son inmaduros, rebeldes, inadaptados, saben que algo anda mal y buscan soluciones al estrés social complejo. Lamentablemente la banalización social del problema conduce a ciertas soluciones personales drásticas con resultados trágicos.

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