Ahora que han nombrado a Kennedy Jr como ministro (o su equivalente) en Sanidad y que ya ha anunciado que va a impulsar estudios de salud publica para averiguar qué demonios pasa en EEUU con la salud de los americanos que se encuentran con altas tasas de cáncer, autismo, enfermedades mentales y enfermedades autoinmunes, he recordado una anécdota concreta:
Hace muchos años estaba yo en un congreso psiquiátrico (creo que en Barcelona) y en uno de los coffee breaks tuve ocasión de socializar con uno de los mandamases de cierto laboratorio que tenia entonces en promoción un antidepresivo nuevo. Hay que recordar que todos los congresos médicos son pagados por los laboratorios aunque los organicen otras sociedades médicas. En aquel encuentro el citado mandamás dijo o quizá se le escapó una frase que me dejó pensativo y preocupado. Aseguró que:
«La psiquiatría ya no la hacéis los psiquiatras, la hacemos los laboratorios».
¿Qué es hacer la psiquiatría?.-
La psiquiatría es un invento europeo, fundamentalmente de Alemania y Francia, los dos países que más contribuyeron en los finales del XIX y principio del XX en formalizar nuestra especialidad. Podríamos decir que todos los clásicos son o franceses o alemanes y su contribución fue la de acometer la tarea de clasificar las enfermedades mentales, aunque antes de nada hubo que abordar otro problema. ¿Son las enfermedades mentales similares o equivalentes a las enfermedades corporales? Una vez abordado este problema con la conclusión —nada intuitiva en aquella época— de que las enfermedades mentales seguian los mismos patrones de etiologia, fisiologia, evolución y tratamiento, las cosas estaban ya preparadas para abordar la siguiente etapa: ponerle nombre a las mismas, separar unas de otras y clasificarlas según las leyes de la taxonomía. Las mejores descripciones de las enfermedades mentales son de esa época, si bien el escaso desarrollo de otras disciplinas —necesarias para entenderlas del todo— hicieron imposible el proyecto médico-psiquiatrico de encontrar tratamientos y explicaciones razonables a las mismas.
Hasta que llegaron la clorpromacina (el Largactil) y la imipramina (el Tofranil), no hubo tratamientos eficaces para tratar las psicosis ni la depresión, las dos grades patologías —llamadas funcionales— que llenaban los psiquiátricos de entonces. Funcionales porque se suponía que no eran debidas a patologías groseras del cerebro, sino a disfunciones o desordenes de la mente. Por contra la sífilis cerebral ya se sabia que era una enfermedad causada por un germen— la espiroqueta— que no era nada mental sino algo biológico, algo corporal. Luego vino el litio y más tarde tantos otros, medicamentos sintéticos con patente prácticamente destinados a tratar depresión y esquizofrenia o psicosis en general. Con dos grandes grupos: los antidepresivos y los antipsicóticos.
Y volviendo al comentario que me hizo aquel mandamás en aquel congreso de Barcelona apuntaré ahora algunas cuestiones: la primera es que la industria ha reconceptualizado las clasificaciones en psiquiatría con esos manuales llamados DSM que tan poco nos agradan a los psiquiatras europeos. Han creado nuevos nichos nosológicos y han multiplicado los diagnósticos.
Un elefante en una cacharrería.-
No cabe duda de que la industria ha entrado en nuestra especialidad como un elefante en una cacharreria influyendo y metiendo la cuchara alli donde se forjan las nosografías, es decir alli donde se conceptualizan las enfermedades, fundamentalmente en la APA (asociacion de psiquiatría americana).
Le podemos llamar DSM a la versión americana o CIE a la version de la OMS europea pero ambas nosografias se encuentran penetradas por los intereses de la Industria que no son otros sino los de vender más medicamentos y por la misma razón, los más interesados en ampliar los nichos de actividad de los psicofármacos, tanto los que ya existen como los futuros.
Lo que explicaria la multiplicación de entidades en el eje I, cada vez se inventan más y más nichos nosográficos y ya el DSM-V amenaza con nuevas entidades, algunas de las cuales carecen de la suficiente validez empírica para ser considerados trastornos mentales. El problema es que en un momento determinado la frontera que delimitaba la enfermedad mental de los sufrimientos mentales banales sufrió un «barrido» importante de tal forma que hoy y con los manuales diagnósticos en la mano es tan posible ser diagnosticado de «enfermo» tanto si somos fumadores (adictos a la nicotina) como a la cocaina, sin que exista discriminación alguna en cuanto a la inadaptación que provoca una droga o la otra.
La paradoja es que con el DSM en la mano toda la población puede ser diagnosticada de uno u otro trastorno.
Naturalmente la multiplicación de las entidades interesa sobre todo a la industria por las razones que mas abajo expondré.
Sin embargo, no debemos rasgarnos las vestiduras ante este hecho: todas las empresas tratan de vender sus productos y de vender más, el beneficio empresarial consiste precisamente en eso, un hecho que todo el mundo conoce bien pero que pareciera que ciertas industrias debieran ser excepciones. Asi muchas personas creen que al vender cucharas es legitimo que exista un margen de beneficio y sin embargo con los medicamentos la moral de los ciudadanos cambia al pretender que los que investigan o fabrican productos medicamentosos mantuvieran sobre todo una actitud beatífica.
No, los fabricantes de medicamentos pretenden vender más medicamentos, eso es lo que hay que esperar de ellos. Pero para vender más medicamentos es necesario que existan nichos de actividad para esos mismos medicamentos. Y hay que recordar ahora que los psicofármacos se hallan mucho más emparentados con la idea de bienestar y felicidad que cualquier otro medicamento, de modo que es lógico que exista un marketing de la felicidad del mismo modo que existe un marketing de la literatura de autoayuda.
Psicofarmacologia cosmética.-
Dicho de otra manera: es necesario que existan diagnósticos, conceptualizaciones sobre los malestares mentales o las adversidades corrientes de la vida bien definidas y operativas. Un medicamento (parece una perogrullada decirlo) solo puede patentarse si tiene actividad frente a una enfermedad (o trastorno) aceptada como tal por los manuales y los consensos.
Lo que identifica a nuestra especialidad sobre otras especialidades médicas es que nuestra nosología ha sido construida casi integramente por la industria, son ellos los autores verdaderos de los sucesivos DSMs, algo que sucede y se explica no por teorias conspiranoicas sino por la debilidad epistemológica y gnoseológica de la psiquiatría, sobre todo de la debilidad de la psiquiatria europea que sufrió en su dia la misma colonización que sufre hoy geopoliticamente.
Un medicamento, un nicho nosográfico, ese es el objetivo y la razón por la que existen tantos trastornos mentales y aun así sucede que determinados medicamentos quedan huérfanos, si no es posible encontrar para ellos una indicación concreta. Por ejemplo un determinado medicamento puede haber sido sintetizado como un posible antidepresivo pero al alcanzar ciertas fases de la investigación se observa que sus efectos antidepresivos no son los esperados aunque quizá se tratara de un buen fármaco para regular el apetito.
Pero regular el apetito no es una indicación médica, el medicamento en cuestión debe demostrar que es útil para tratar una enfermedad: en este caso la obesidad. Muchos medicamentos pierden la posibilidad de llegar a ser comercializados debido a esta falta de indicaciones concretas a pesar de la abundancia de diagnósticos.
Lo sintético frente a lo natural.-
Para que un fármaco pueda ser patentado es preciso que sea una molécula sintetizada y patentada por su propietario, pero no crean que esto es demasiado dificil pues estos diseños de moléculas los realizan los ordenadores. No hay que olvidar que sólo pueden patentarse las moléculas sintéticas (o los procesos industriales de elaboración de sustancias naturales), de manera que toda la investigación de la industria farmacéutica va destinada a conseguir moléculas nuevas que puedan llegar a patentarse, con lo que se descuida la atención a las sustancias que nos brinda la naturaleza como alternativas a los farmacos sintéticos.
El ejemplo más conocido es el caso del hipérico (hipericum perforatum) o hierba de San Juan que tiene una efectividad similar a la imipramina y que sin embargo se usa muy poco en ambientes profesionales y del que se habla aun menos (aunque Malo, Uriarte y Medrano le dedicaron una monografía interesante en 1999 en Aula Medica), ni siquiera para decir que no está exento de efectos secundarios y que su precio es demasiado alto por tratarse de un principio activo «natural».
Lo curioso de los productos naturales es que tienen precios casi similares a los sintéticos a pesar de que no ha habido gasto alguno en su investigación. Pero aqui no termina la lista de problemas: se encuentran mal dosificados al contener no el princpio activo sino la planta entera de la que se desconoce su pureza y los contenidos reales de sustancia activa eficaz. Todos estos hechos hacen que el mercado de productos naturales sea poco fiable junto con el hecho de que nadie se gasta el dinero en una molécula que no puede patentar.
Algo parecido sucedió con la melatonina; ya conté en este post, las dificultades que esta sustancia tuvo para encontrar padrino en nuestro pais, y sin embargo aparecer como una prometedora senda de investigación. Al final algunos laboratorios la han comercializado por fin (Circadin) pero otros optaron por sintetizar una molécula que actuaba sobre los receptores melatoninérgicos, me refiero a la agomelatina que despertó muchas esperanzas al tratarse de un antidepresivo que regulaba el sueño por la via melatoninérgica (natural). Sin embargo el mejor conocimiento de esta molécula nos ha llevado hacia la decepción: no es tan eficaz como los antidepresivos convencionales y no es un buen inductor al sueño. Aunque lo cierto es que en nuestro país está dosificada a unas cifras que la dejan en un complemento alimentario mas que en un fármaco para conciliar el sueño.
Otros principios activos naturales como el gingseng, el eleuterococo no son buenos antidepresivos pero son buenos energizantes y se les conoce como adaptógenos, es decir facilitan la adaptación de los organismos a situaciones de sobredemanda. No deben usarse como medicamentos pero podrían resultar eficaces para mantener un buen tono vital o tratar las astenias que no necesariamente precisan tratamientos convencionales. Lo mismo sucede con el ginkgo biloba que se encuentra comercializado con el nombre de Tanakene y que tampoco goza de buena reputación (ni está financiado en España), en entornos convencionales habiéndose descrito efectos secundarios graves en observaciones puntuales y la sensación de que se trata de un placebo, no obstante no existe investigación respecto a él por las razones antes apuntadas: no hay beneficio.
Lo curioso del efecto placebo es que es más posible encontrarlo descrito en la literatura si no hay beneficio de que si se trata de un fármaco convencional a los que se les supone una acción superior al placebo solo por el hecho de haber pasado los controles pertinentes. Aqui mismo hay un grafico que correlaciona los distintos antidepresivos y el efecto placebo:

Como puede verse las relaciones de los antidepresivos con el placebo no son homogeneas sino que cada molécula se relaciona con el placebo de forma diferente.
El rechazo y la aversión de todo efecto psicoativo es otro de los tabúes en que se fundamenta la psicofarmacología «políticamente correcta». Si un medicamento huele a que pueda tener algún efecto de este tipo es inmediatamente rechazado, tal y como le sigue sucediendo al cannabis y sus derivados, un reservorio natural de especialidades médicas de interés tal y como comenté en este post y cuyo destino parece seguir al de la LSD (en este caso una sustancia de síntesis) que hubiera podido aportar sendas de investigación interesantes si no hubiera sido demonizada y prohibida. Hay que señalar que la LSD llegó a comercializarse por los laboratorios Sandoz hasta que su paso a la calle como droga recreativa llevó al fabricante a dejar de producirla. Los laboratorios de medicamentos no quieren que les relacionen con drogas psicoactivas. Una especie de moralismo woke.
Y sin embargo el futuro de la psiquiatria se encuentra en esas drogas psicoactivas.
Los psiquiatras woke y los laboratorios siguen en sus trece, y no dan su brazo a torcer, pues su beneficio no está en la innovación sino en seguir los rastros de lo antiguo.
En síntesis, muchas veces hace falta inventar una enfermedad para encajar un determinado fármaco, pero no siempre es así, a veces es necesario inventar «normalidades», es decir normalizar ciertas condiciones francamente patológicas para seguir vendiendo fármacos, véase el ejemplo de los bloqueadores de la pubertad.
Bibliografia.-
El articulo citado de Medrano, Uriarte y Malo sobre el hipericum en pdf:
Cuando termines el artículo:
Sé que se está trabajando con psilocibina y psicoactivos para TEPT y Depresiones mayores,pero es algo que aún está en pañales.Hoffman defendía ese enfoque.
La psilobicina es un gran antidepresivo
Bueno, lo que sucede es que no está comercializado, pero si que existe mucha investigación sobre ello. Aqui en este post hablé de eso.
Nuestra sociedad esta dominada por las corporaciones y los egos con sus narrativas. En su día el tabaco estuvo recomendado por médicos y la lobotomia fue celebrada como una cura milagrosa pese a las dudas sobre las bondades de ambos tratamientos.
En la actualidad también tenemos muchos medicamentos y operaciones de dudosa bondad, pero que proporcionan pingues beneficios.
Inventar enfermedades y normalidades con sus consiguientes tratamientos por intereses, que incluso pueden ser bondadosos, es algo difícilmente evitable.
Solo la perspectiva que da el paso del tiempo pone las cosas en su lugar. Para hacer tortillas hay que romper huevos, y a veces las tortillas se queman dejando un desagradable olor a batería cortocircuitada.
Nuestra sociedad tiende a cortocircuitar a las personas inventando necesidades, enfermedades y normalidades, como nichos de actividad para vender todo tipo de artículos y actividades de consumo. Ni la medicina, ni mucho menos la farmacopea, han escapado a ser fagocitadas por el feroz mercantilismo liberal.
Mientras tanto siempre nos quedaran los hongos mágicos como consuelo.
«Y sin embargo en el futuro de la Psiquiatría se encuentra en esas drogas psicoactivas «.
Una entrevista a Josep Maria Fericla
Atiende a pacientes desde hace cuarenta años.
Y no tengo ni uno solo de más de 30 años que el origen de su trastorno no sea la falta de vida espiritual, de sentido de la vida.
¿De dónde saca que la vida tenga sentido?
El sentido está en la búsqueda. Lo de buscar la mejor versión de ti mismo me parece una payasada; el único cambio real que puede hacer un ser humano es aceptarse a sí mismo.
¿Aceptarse es una decisión?
No, es un trabajo diario porque el tono emocional cambia a menudo. La gran enfermedad contemporánea es preguntarse el porqué en lugar de para qué estoy aquí.
¿Qué entiende por trascendencia?
La experiencia de que hay algo más allá de las apariencias.
¿La ha tenido?
La primera vez fue a los 15 años, meditando en la naturaleza. Sentí un estado de paz increíble, vi mi cuerpo tendido en la hierba, y allí descubrí que no todo se limita a la percepción sensorial. Aquello marcó mi vida.
…
A partir de ahí tuve claro que me iba a dedicar a investigar ese estado y tratar de repetirlo; primero lo intenté estudiando música, luego psicología, pero fue la antropología la que me permitió investigar las experiencias extáticas, chamánicas y el uso de sustancias psicoactivas.
Y se fue a la Amazonia 15 años.
Sí, a hacer un trabajo de campo con la sociedad que más sustancias psicoactivas ingiere y con más frecuencia, los shuar, a los que llamamos jíbaros. No me redujeron la cabeza.
¿Se la ampliaron?
Me llamó la atención la poca expresión afectiva que vi entre los indígenas, se ríen mucho pero no se tocan ni halagan. Cuando tomé ayahuasca lo entendí.
¿Qué entendió?
La experiencia de la trascendencia a través de esta sustancia une a las personas más allá de lo cotidiano, no necesitan reafirmar sus lazos afectivos porque ya lo saben todos y con una gran profundidad.
¿Cuál es su cosmovisión, doctor?
En estados expandidos de conciencia he descubierto que todo es energía y que la materia es ilusión tal y como afirman los físicos cuánticos, y los seres humanos tenemos la función de generar consciencia, que es capacidad de conocimiento.
¿Y qué tal lo hacemos?
Vivimos alienados en el hacer, pero la acción válida sale de la no acción; cuanto más movimiento más aletargamiento, menos contemplación, menos conciencia, menos toma de decisión reflexionada y menos unidad. Mi imagen del mundo es una manada de caballos galopando hacia el abismo.
¿Cuáles son los mayores enemigos de la vida humana?
El olvido. Yo pensaba que Occidente tardaría un poco más en olvidar lo que fue la Segunda Guerra Mundial, pero estamos volviendo a caer en lo mismo. La única asignatura seria para madurar es educar la atención. La atención es nuestra energía vital. Donde pongo mi atención estoy poniendo mi energía.
¿Mucha dispersión?
Hay un montón de especialistas en robarte tu atención y transformarla en dinero. Mantener la atención de acuerdo con tu intención requiere entreno, y es trabajoso.
Indaguemos un poco más.
Tradiciones herméticas muy serias, de 3.000 años de antigüedad, insistían en dividir la atención: una parte está puesta fuera, en mi entorno, y otra dentro, para observar qué está sucediendo. Ahora mismo le estoy escuchando a usted y estoy escuchándome a mí para saber qué me produce su presencia.
¿La trascendencia es como el palo y la zanahoria?
Es una búsqueda permanente que consiste en aprender a amar, a estar conmigo, a aceptarme; requiere tiempo y esfuerzo, uno no se arregla con un taller de fin de semana.
Dice que la ayahuasca es la medicina que puede curar la neurosis de Occidente.
La neurosis es la pérdida del sentido de la vida, por eso en Occidente estamos todos inevitablemente neuróticos, porque no sabemos para qué vivimos.
Habrá quien se salve.
No es algo personal, esa pérdida de sentido viene dada por el modelo social.
¿Y qué hace por nosotros la ayahuasca?
Bien tomada nos conecta con nuestra parte más profunda, es un psicointegrador.
Puede que el sentido de la vida sea una manera de hacer.
Es lo único que podemos cambiar, la actitud con la que hacemos las cosas. La mayor parte de problemas psicológicos derivan de la falta de amor en la infancia, y eso se cura con amor a uno mismo y a ese todo que somos.
Por amor se cometen atrocidades.
Eso no es amor; de una forma simple diría que amor es una energía unitiva, la energía que une, sin ella el universo no existiría.