Hagas lo que hagas te equivocarás (Platón)
Esta es la respuesta que Platón da en el Banquete a su amigo Alcibiades que le pregunta sobre qué hacer. Su duda era una elección sentimental. ¿Qué debo hacer, irme con mi amante o quedarme con mi esposa?
La respuesta que le da Platón es difícil de pillar, pero significa algo así, ¿cómo saber si nos hemos equivocado cuando tomamos una decisión? Solo podemos saberlo «a posteriori», cuando ha pasado el tiempo y podemos hacer un balance de su resultado. No podemos saber qué impacto tendrá nuestra decisión en el medio o largo plazo, de manera previa a tomarla. No somos adivinos ni estamos cableados para pronosticar las idas y venidas de las circunstancias. Por lo tanto partimos de una ignorancia, ese no saber qué pasará.
Hoy sin embargo sabemos alguna cosa más que está explicada en este articulo y este hilo de @Umberto León y alguna cosa más que no aparece en el mismo. Lo que aparece es que en la toma de decisiones hay dos módulos cerebrales implicados, uno puramente sensorial y externo, podriamos decir pensamiento rápido o bien «fase de deliberación», el segundo modulo al que llamaremos modulo ejecutivo es interno y lento y es el que en ultima instancia toma la decisión fáctica, después de agitar bien las deliberaciones pasadas.
En la fase de deliberación, las trayectorias neuronales son altamente variables y se superponen entre opciones opuestas. Es un periodo de integración de información sin un sesgo consolidado. Es un verlas venir, por asi decir. Luego, en la fase ejecutiva, las trayectorias neuronales divergen abruptamente, consolidando un estado estable en el que la decisión ya está tomada. Un cambio clave en la dinámica del sistema.
Dicho de otra manera cuando entra la fase de ejecución en escena la decisión ya está tomada. Podríamos decir que en esta fase evaluamos el resultado de la misma.
Los autores del estudio usaron un modelo computacional basado en circuitos neuronales. Este mostró que la transición entre fases se debe a un cambio: de un estado dominado por la sensory-driven state a otro regido por la actividad del intrinsic circuit dynamics. Un «sensory-driven state» es cuando la actividad cerebral depende principalmente de la información sensorial del entorno (visión, sonido, tacto, opiniones ajenas). En este estado, la percepción y la respuesta neuronal están moduladas por los estímulos externos o dicho de otra forma: estamos influidos por otras cosas no racionales sino por los estímulos externos.
Sin embargo los «intrinsic circuit dynamics» se refieren a patrones endógenos de activación en una red neuronal, que modulan su actividad sin depender de estímulos externos. Es un proceso emergente de interacciones neuronales recurrentes.
Durante la deliberación, la actividad neuronal en el área parietal de los macacos está guiada por la evidencia sensorial. Pero conforme avanza el proceso, la actividad se vuelve más autónoma y menos dependiente de estímulos externos. pero en las tareas de toma de decisiones, se requiere la integración de distintas fuentes de información en un único sistema neural que permita diferenciar las diferentes opciones de respuesta. Lo que explicaría la prioridad de las emociones o de las tripas en la elección de una respuesta que como mínimo ha de ser relevante y coherente y no solo parecer guiada por preferencias, caprichos o mimetismos.
Lo importante es comprender que las decisiones se toman en dos tiempos y que tanto si con el paso del tiempo creemos que fue mala como buena, se debe a algo más complicado que evaluar los resultados, pues los resultados —a su vez— están influidos por nuestra posterior revisión racional de los hechos. Significa que tanto una mala decisión puede ser reforzada por nuestro circuito dinámico hasta hacerla buena, como al contrario, una buena decisión puede ser sometida a critica a posteriori con el resultado de considerarla un error.
A esto se refería Platón.
Lo que importa es lo que vamos a hacer cuando el tiempo nos traiga malas o buenas noticias de nuestra decisión.
¿Pero cómo saber con antelación si la decisión que vamos a tomar es al menos coherente con nuestros deseos, o nuestra forma de entender el mundo?
La mayor parte de las decisiones que hemos tomado en nuestra vida, la elección de profesión o sentimental, las solemos tomar a partir de una serie de elementos que interfieren unos con otros y donde las preferencias, los mimetismos, las influencias ajenas, nuestro autoconcepto en relación con nuestras competencias o el apoyo que recibamos de otros son fundamentales a la hora de decidirse por una cosa u otra. Lo importante es que —en una segunda fase— seamos capaces de construir un relato creible para nuestra elección. Creible y consonante con el resto de nuestra personalidad, pues nadie puedo vivir de forma coherente si algún aspecto realístico tropieza con algún obstáculo inevitable.
En mi vida profesional me he encontrado multitud de dilemas de esta clase en mis pacientes, tambieé los he visto en conocidos y yo mismo me he enfrentado a ellos en más de una ocasión. Cuando nos vemos obligados a tomar una decisión dejamos de sobrevolar en la vida y tenemos que disponernos a aterrizar. Probablemente una primera decisión es la elección de profesión. Aquí se plantean muchos dilemas pero uno se encuentra aun tutelado por parientes y amigos que nos pueden dar algún que otro consejo, pero llegará un día en que esto no sucederá.
Lo importante es comprender que los consejos solo tienen una eficacia reducida, pues como hemos visto más arriba el sujeto ya ha tomado una decisión (sin haberla aun evaluado), pero esta decisión primera tiene mucha potencia, pues cada uno de nosotros la identifica con su identidad. Yo soy lo que decido hacer. Los consejos de unos y otros suelen hacer poca mella en nuestras decisiones, somos bastante impermeables a los consejos directos y menos aun si proceden de personas que no son de nuestra generación. Los consejos de los padres son casi siempre expulsados de nuestra corriente neural. Es por eso que Freud hablaba de resistencia, seria muy fácil curar a la gente de sus neurosis si fueran capaces de establecer en la vida algunos cambios compatibles con su salud mental. Y seguir algunos consejos.
Pero lo cierto es que el aconsejador también está equivocado (eso no lo dijo Platón) pero no hay ninguna garantía de que los consejos redunden en una mejor calidad de vida para quien los recibe, podríamos decir sin embargo que existe un rango de verdad en el que aconseja y que depende de su experiencia y de haber pasado por el mismo trago. Pero en cualquier caso la eficacia del consejo es muy baja.
Y todo depende del modulo del circuito intrínseco. Es a él a quien le corresponde deshacer el desaguisado si se produjo, o de aliviar el error mediante el refuerzo con un nuevo relato.
Así y todo hay personas que siempre eligen lo que menos les conviene, es algo que sucede en el futbol también, hay jugadores que siempre eligen la peor opción y se regatean a sí mismos, todos hemos conocido jugadores así. ¿Qué es lo que hace que ciertas personas elijan siempre lo peor para ellas mismas?
La clave está en el binomio preferencia-conveniencia. La preferencia está en el presente, la conveniencia en el futuro. Puestos a elegir todos elegimos a la preferencia porque tiene incentivos aquí y ahora mientras que la conveniencia aparece desnuda a nuestros ojos y sin ningún atractivo en sí misma. Además seguir nuestras preferencias nos permite pensar que no estamos decidiendo nada importante, es como volver a sobrevolar por encima de nuestra vida, como si no tuviéramos compromisos con el futuro, como si no pensáramos en el impacto de nuestras decisiones sobre nosotros mismos o en otros.
Cuanto más lejanas se encuentren en el mapa de nuestra mente, preferencia y conveniencia más fácil será el descarrilamiento. El sujeto elige cualquier cosa basándose en percepciones enmarañadas sobre su vida y tiene dificultades para poner en marcha la fase segunda de la decisión o bien ha sido capturado por una idea sobrevalorada de su modelo de evaluación.
Si esto sucede, más tarde parecerá como que la vida ha pasado por encima y tendrá que cambiar su elección, quizá el sujeto piense que ha tenido mala suerte o bien que algún trauma, acontecimiento o contingencia le ha puesto en contra de su primera decisión.
Pero es falso: simplemente hagas lo que hagas te equivocarás. A no ser que hagas algo para evitarlo. Y como no podemos evitar equivocarnos al menos podemos minimizar nuestros errores.
Cuando termines el artículo:
muy interesante, saludos… !!!
La elección puede que no sea perfecta nunca, pero sí elegimos con la mejor información que tenemos disponible en ese momento y con ese estado de ánimo.
A toro pasado y con otro estado de ánimo se nos ocurren mil elecciones mejores,pero ya no estamos ni en el mismo lugar ni del mismo modo.
Ensayo y error.
Ciertamente lo dicho es interesante, pero visto el escrito podríamos tener una mirada mas optimista y girar la tortilla para decir:
‘Hagas lo que hagas acertarás’
Cualquier decisión depende de grados de libertad. Las deliberaciones pasadas funcionan como algoritmos que limitan los grados de libertad, tanto en el proceso de percepción consciente de los estímulos externos, como en el proceso de deliberación posterior.
El experimento ‘del gorila invisible’ de Daniel Simons y Christopher Chabris, de 1999, en Harvard, nos demuestra el gran poder de censura consciente de los algoritmos mentales.
De este modo, quizás seria mas exacto identificarnos con: ‘Yo soy lo que (mis algoritmos) me permiten hacer’ que con un: ‘Yo soy lo que decido hacer’. Aunque para el caso el resultado sea el mismo.
Y eso sin hablar de la ingeniería social ni de nuestra tendencia a mimetizarnos con lo deseable en nuestro ambiente.
Si, admitir que todos nos equivocamos es lo mismo que admitir que a veces acertamos, solo que no solemos guardar copia de ello.
ME REULTO MUY CLARO Y EXCELENTEMENTE ESCRITO,QUE PLACER LEERTE!