
El concepto de Duración y simultaneidad de Henri Bergson, desarrollado principalmente en su obra homónima de 1922, aborda la percepción del tiempo y su relación con la teoría de la relatividad de Einstein.
Bergson distingue entre la duración (durée), un tiempo cualitativo, continuo e indivisible, que es experimentado subjetivamente por la conciencia, y el tiempo físico, que es cuantitativo, medible y espacializado, como el que se usa en la ciencia. La duración es un flujo ininterrumpido, único para cada individuo, que no puede reducirse a instantes discretos, mientras que el tiempo físico se representa como una serie de momentos simultáneos en un marco espacial. En relación con la relatividad de Einstein, Bergson critica la interpretación puramente matemática del tiempo relativista, que considera el tiempo como una cuarta dimensión espacial. Argumenta que esta visión no captura la experiencia vivida del tiempo (la duración). Para Bergson, la simultaneidad en la relatividad, que depende del marco de referencia del observador, no agota la realidad del tiempo, ya que la duración trasciende las mediciones físicas y está vinculada a la conciencia y la vida interior. Bergson propone que la simultaneidad no es solo un fenómeno físico, sino también una experiencia subjetiva.
Por ejemplo, dos eventos pueden parecer simultáneos en un sistema de referencia, pero la duración implica una síntesis activa de la conciencia que unifica pasado, presente y futuro en un continuo. Así, defiende que la filosofía debe complementar la ciencia para comprender el tiempo en su totalidad, integrando la perspectiva cualitativa de la duración con los cálculos cuantitativos de la física. En resumen, Duración y simultaneidad de Bergson busca reconciliar la experiencia subjetiva del tiempo con los conceptos científicos de la relatividad, enfatizando que la duración, como flujo vital y cualitativo, es irreductible al tiempo medido y espacializado de la física.
No me cabe la menor duda de que el concepto «Cronos» de los griegos es un concepto cuantitativo y que «la durée» de Bergson está muy cerca (o es el mismo concepto) que el Kairós de los griegos y que identificamos con la oportunidad.
Kairós es un evento cualitativo de nuestra conciencia.
Una novela sobre la simultaneidad.–
Hace algunos post os conté que estaba escribiendo una novela y que tardaría un poco en alimentar este blog con nuevos post. Lo cierto es que uno no puede tener la mente en dos lugares a la vez y cuando se está escribiendo una novela todos los recursos de nuestra memoria y nuestros recuerdos se vuelcan en ella y dan poco espacio para ordenar o buscar nuevos temas para escribir en el blog.
Pero, una vez terminada la novela que he titulado provisionalmente «El futuro llega por la espalda: un multiverso», me apetece escribir un post a propósito de ciertas cosas que suceden en ella y que me parecen relevantes para reflexionar aquí en un post sobre neurociencia y neurocultura.
Y me parece relevante porque ayer mismo descubrí por casualidad un libro que lleva un titulo muy parecido al mio. Se trata del libro de Rafael Ruiz de Gauna y que lleva por titulo «El futuro siempre ataca por la espalda».
¿Se trata de una sincronicidad?
Es precisamente la sincronicidad el fenómeno que explica el titulo de este post: si, lo sucesivo y lo simultáneo suponen la vinculación de dos sucesos de una manera acausal.
En cualquier caso, como aun tengo la novela en el congelador, iré pensando en si cambio o no el titulo, pero lo que más me interesa es dar con ese autor, escribirle y contarle mi experiencia y de paso dialogar sobre su libro que —me da la impresión— que compartirá con el mio algunas cosas.
Para no hacer spoiler sobre mi novela os contaré solamente algo genérico sobre ella: se trata de una metanovela, de una metaficción, una ficción multidisciplinar. Es decir una ficción sobre la ficción, significa que el relato no puede leerse de una forma lineal, sino que tiene giros, y mcguffins diversos que no llevan a nada, pues mi intención ha sido multinivel, es decir la novela tiene varios planos de sucesos y niveles de definición, del mismo modo existen varias dimensiones de propósito en la novela y una de ellas, —quizá la más importante— es una critica a la propia novela y a la industria editorial. Los personajes que aparecen en la novela son novelistas, literatos que escriben poesía, novela o ensayo, en cualquier caso expertos que se ganan la vida como negros, es decir, aquellos que escriben para que otros firmen como si la hubieran escrito ellos, es decir mis personajes son amanuenses a sueldo. En una primer instancia lo más importante es la idea de que Oscar y Javier, dos de esos personajes, no son la misma persona pero lo parecen, aunque el lector no sabe si Oscar es real o si lo es Javier o quién piensa a quién. Una especie de sosias terrenal; lo cierto es que ambos comparten memoria y en ciertos lugares operan indistintamente, lugares que he llamado portales cósmicos y ciertas personas que son a la vez amigos de uno y del otro. Ambos parece que comparten no solo oficio, sino gustos y preferencias estéticas.
La novela —como he dicho— tiene varios niveles de definición, hay una plataforma de critica a la lectura como entretenimiento, de los lectores mecánicos y de la industria editorial y hay otra plataforma de critica social, al mundo familiar normativo e hipócrita, critica al mundo actual, a la ideología de genero, al animalismo y otras creencias woke, y sin embargo no es una novela realista pues contiene una tesis fundamental que la acerca en cierto modo al realismo mágico e incluso a la ciencia-ficción.
Otro nivel es filosófico o metafísico, los protagonistas indagan sobre el tema de la filiación, la pertenencia y más allá de eso sobre el amor y la muerte. y contiene sentencias o microensayos que nos recuerdan al tango. Son inapelables.
Así como en las novelas policiacas lo que tratamos de resolver es quién es el asesino. En esta novela —conceptual— lo que tratamos de averiguar es cómo se relacionan entre sí, esos mundos o universos múltiples que parecen converger y divergir al poco tiempo de verse comprometidos. Y sobre todo quién escribe a quién, quién es el personaje omnisciente y quien carece de libre albedrío y se encuentra a merced del autor.
Otra dimensión importante de la novela es el concepto de paideia. Paideia que se materializa en una serie de monólogos en los que al autor creerá reconocer a uno u otro personaje. Paideia no es terapia, sino conocimiento virtuoso, en el sentido que los griegos dan a esa palabra y su objetivo es la ataraxia.
“Hay otros mundos pero están en éste” es una frase que se atribuye a Paul Elouard y que rompe esa fascinación que tenemos todos —y que aparece en las novelas de ciencia-ficción— sobre la posibilidad de viajar en el tiempo, volver al pasado, echar un vistazo al futuro y navegar a lomos de una nave sideral a la velocidad de la luz atravesando agujeros de gusano y tratando de romper ese tiempo robusto que se manifiesta duro e invencible. Viajar en el tiempo es imposible, pero hay una alternativa.
Consideremos que cada una de nuestras neuronas están conectadas a otras neuronas en otras cabezas. ¿Es esto difícil de imaginar? Me parece que esta conexión simularía un cerebro infinito y en ese infinito cabrían muchos otros infinitos de distinto tamaño según las combinaciones que pudieran establecerse entre neuronas de aquí y de allá. Solemos creer que no estamos solos en el universo y que deben haber otros tipos de vida en él, solemos reflexionar diciendo que es por nuestra parte bastante egocéntrico pensar que estamos solos en el universo. No lo estamos, pero no necesitamos recurrir a seres lejanos y extraterrestres. Lo cierto es que es imposible que en el mundo entero no existan al menos dos o tres especímenes muy parecidos a mi, y no lo digo en el sentido de parecido físico, me refiero a personas que tengan una memoria parecida, circunstancias similares, amores semejantes, aventuras vitales o dudas parecidas como ha sucedido con ese autor que pensó lo mismo que yo y lo escribió al menos en su título. De existir estas personas estarían condenadas a encontrarse de una manera u otra. no necesariamente serían iguales a nosotros, pues solo existe la igualdad con nosotros mismos. Significa que pueden haber biyecciones, es decir neuronas o grupos de neuronas que encajarían bien con otras en otro lugar. Un infinito mantiene relaciones biyectivas con otros infinitos de distinto tamaño y no siempre biyectivas sino a veces inyectivas es decir es uno el que mantiene relaciones con otro sin que éste lo sepa. Comparten pues segmentos de información.
Eso es lo que sucede a Oscar con su creador Javier. O eso parece, pero…
Mi novela «Te llamaré futuro», ya terminada y a la venta.

Cuando termines el artículo:

me ha ocurrido no una, sino varias veces en la vida, el fenomeno de la sincronicidad de ideas,que a mi me parecian una revelacion, una epifania y luego enterarme que a otros no tan lejanos habian tenido la misma idea casi identica,en la misma o ligeramente distinta epoca. Ya fuera escrita en un libro por un autor que desconocia, o en otro idioma que no manejo, o en un lugar proximo,no en la red. Frases o imagenes poeticas que luego leo en un poeta desconocido. De alli lo dificil de reconocer influencias y cuasi plagios. Por otro lado yo no las habia publicado ni conversado sobre ellas , apenas garabateadas en una libreta. A Wallace y Darwin se le ocurrio la teoria de la Evolucion casi simultaneamente,lo mismo que el calculo infinitesimal a Leibniz y Newton. Eso sugiere que las ideas surgen en un determinado tiempo y lugar como una necesidad de explicar y entender la epoca con una determinada conformacion logica de la realidad en una determinada cultura ,la occidental en este caso ,que por desconocimiento no podemos trasladar a otras.
A mì me encantaría leerlo, pero seguro que tiene lectores con mucho màs criterio, yo todavía estoy en la etapa de leer, escuchar, aprender y callar
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Que ilusión maestro!!! [email protected]