¿Cómo se regulan los afectos? 0

Existe un consenso sobre el hecho de que ciertas patologías mentales acaecen por una dificultad en manejar o regular los afectos, entendiendo como afectos a cualquier estado mental teñido de emociones que se manifiestan en la conciencia y que son observables y que mantienen relaciones con ciertas patologias mentales. probablemente la disregulación de los afectos: el estar sometido a esas tormentas impetuosas de emociones o estados mentales son centrales en el trastorno limite de la personalidad, donde es un item central.

Aunque en otras patologías a esta disregulación se le añade otra cuestión: la cuestión de la periodicidad. En el trastorno bipolar estas periodicidades son fácilmente observables pues inevitablemente a una fase le seguirá otra que parecen dos enfermedades diferentes. En realidad es la misma enfermedad que cursa de ese modo: por fases o periodos.

La periodicidad es una de las formas en que se manifiesta lo caótico cuando se ha perdido la elasticidad de una oscilación benévola.

Pero no solo en el trastorno bipolar existen estas fases que parecen estar relacionadas por una mezcla de síntomas ordenados y otros desordenados.

Hoy se admite que la materia viviente está organizada según dos principios que son opuestos y complementarios a la vez, una tendencia hacia el orden, la reunión, la atracción, la agregación, la predictibilidad, la sincronía, la ciclicidad o la regularidad y por otra parte una tendencia hacia el desorden, el caos, la desorganización, la perturbación, la irregularidad, la impredictibilidad, la repulsión o la asincronía.

Y cuyo resultado final -siguiendo las leyes de la entropía, el trabajo de la vida- es la muerte, es decir la vuelta a lo inorgánico en todo lo vivo. La muerte es el supremo orden y todo sistema tiende hacia ese estado de equilibrio que opera como un atractor:  el orden absoluto.

Lo interesante es que las enfermedades pueden ser interpretadas en términos termodinámicos, en términos de orden y caos. Casi todos nosotros tenderíamos a creer que la enfermedad es una perturbación que remite al desorden y que la salud por el contrario es el orden en su sentido más biológico, pero esta idea es simplemente falsa. Por ejemplo la epliepsia consiste en el disparo de ciertas neuronas de forma sincrónica, sin esta sincronía simultánea de flujos eléctricos seria imposible el ataque epiléptico o la perdida de conciencia. Lo que caracteriza un cerebro sano desde el punto de vista bioeléctrico es cierta desorganización, la asincronía de los disparos neuronales dentro de ciertos limites claro, pues los extremos parecen tocarse y en efecto, cuando dormimos tambien parece que en el sueño profundo exista una enorme asincronía que tiene el mismo efecto sobre la conciencia que el fenómeno inverso, estamos de hecho inconscientes.

Fue leyendo este articulo de mi amigo bloguero Andres Schuchsny que se me ocurrió la idea de correlacionar estas conceptualizaciones de la fisica con la enfermedad al menos con la enfermedad mental donde podemos observar en estado puro la vieja lucha erótico-tanática (Freud no sabía nada de termodinámica) abriéndose paso a través de ciertos síntomas que pueden ser agregados de orden o de desorden.

Lo cierto es que algunas enfermedades mentales son trastornos no tanto por un predominio de desorden como cabría esperar sino al contrario: por una hegemonia rígida del orden. Aunque como veremos más abajo las enfermedades mentales son mezclas de sintomas de orden y de desorden y muchas de ellas son bipolares es decir muestran oscilaciones entre el polo del orden y el polo del desorden.

CampoOrdenDesorden
AlimentarioAnorexia, falta de apetito, emaciaciónAtracón-purga
AfectivoDepresión, acinesia, estuporMania, euforia
MovimientoInmovilidad, catatoniaHiperquinesia, agitación
SexualidadIndiferencia, falta de deseo sexualHipererosia, desinhibición
Orden y caos en distintos campos o sistemas

Lo cierto es que existen muchos ejemplos de la neurología y de la psiquiatria de ambas formas de presentación de sintomas en hipo ( de orden) y de formas hiper (de desorden). El Parkinson se caracteriza por una combinación de sintomas ordenados (acinesia, amimia) y otros desordenados (temblor), fenómenos on-off. De igual modo la catatonía combina síntomas motores opuestos: la inmovilidad y la agitación. Los trastornos alimentarios se caracterizan por oscilaciones extremas del peso y la coexistencia o alternancia de síntomas restrictivos y síntomas de compensación y exceso como los atracones junto con otros que proceden de la impulsividad. El trastorno obsesivo-compulsivo por cavilaciones y rutinas (orden) excesivas y conductas repetitivas y anancásticas irracionales, el TADH se manifiesta con la combinación de síntomas de orden excesivo (déficit de atención) con la hiperactividad y sobre todo el trastorno bipolar, una curiosa enfermedad que combina estados aparentemente opuestos sucediéndose en ciclos ahora depresivos y más tarde maníacos o hipomaníacos y que tiene además la posibilidad de combinar en un mismo episodio síntomas de las dos series (psicosis mixta).

Lo curioso es que cada una de estas enfermedades opera sobre un sistema concreto, la alimentación (o el peso corporal), los afectos o el humor, la sexualidad o la motilidad. Pero más allá de eso pareciera como si en ellas se hubiera llevado al limite la elasticidad del sistema para autoregularse, como si los polos se hubieran distanciado demasiado el uno del otro tal y como conté en este post. La enfermedad o trastorno consiste en que algo que en principio deberia ser elástico e impredecible -pues está diseñado para modularse a través del medio ambiente- se ha hecho predecible, regular o cíclico y ha adoptado una forma en cierta manera sincrónica.

Es por eso que sabemos que un paciente diagnosticado de trastorno bipolar necesariamente volverá a tener un episodio. No podemos saber cuando ni si será depresivo o maníaco pero sabemos que si no toma ciertos medicamentos para prevenir la crisis, esta acaecerá tarde o temprano. Y lo hará porque el medio ambiente volverá a someter al sujeto a tensión -entendiendo al aburrimiento también como tensión-, una tensión que cae sobre un sistema rigidificado que reacciona con oscilaciones extremas.

¿Cómo se autoregula un sistema sano pongamos como ejemplo el humor normal?

El humor sano es aquel que mantiene ciertas fluctuaciones intrínsecas sin relación con el medio ambiente. Es como ese juego de la comba donde la cuerda ha de estar suelta para poderse saltar y no fuertemente asida o tensa por los bordes lo que imposibilitaría el juego. Lo normal es tener días buenos y días de mal humor, eso es lo normal y lo que predice una buena recuperación. Es precisamente esta suave oscilación intrínseca y no el humor imperturbable la que nos permite predecir que cuando las cosas se pongan feas el humor saltará la comba. Pongamos por caso que se nos muere un pariente o nos despiden del trabajo, el humor normal, aquel que está acostumbrado a una cierta perturbación basal será capaz (está ya entrenado) a recuperarse sin dejar rastro.

Es importante recordar el concepto de antifragilidad descrito por Nassim Taleb

Dicho de otra forma: la oscilación suave e intrínseca de nuestro humor es una especie de entrenamiento para cuando la comba sea sometida a tironeos por el medio ambiente. Lo usual es que las personas normales ejerciendo de forma suave esta resistencia nos empoderemos y salgamos bien parados afectivamente, cuando somos víctimas de golpes de la vida que inevitablemente tendremos que afrontar. Es pues esa pequeña perturbación basal la que nos protege de la depresión.

Y sin duda la depresión es el representante cerebral de la muerte, del orden y de la inmovilidad inorgánica. No es de extrañar que la mayor parte de suicidios se den entre pacientes depresivos pues la depresión es una enfermedad desesperante, uno de los sufrimientos humanos conocidos más intensos.

Tal y como cuenta Art Garfinkel en el blog anteriormente citado acerca del elogio del desorden:

Según lo asevera Alan Garkinkel de UCLA y contrariamente a la intuición, lo que necesita el cuerpo es que las células nerviosas se encuentren desincronizadas con el fin de que se logre un movimiento agregado suave. La pérdida de “variabilidad saludable” en la actividad neuronal se ha implicado en la gestación de la depresión. Cindy Ehlers, una neurocientífica de la Clínica Scripps en La Jolla, California, considera que una persona normal se somete a fluctuaciones erráticas y relativamente suaves en el estado de ánimo sobre una base casi diaria. Sin embargo, en el caso del paciente deprimido hay una pérdida de los mecanismos de control descentralizado, por lo que con el tiempo su comportamiento empieza a tornarse muy periódico o rítmico.

Y hablamos entonces de caos determinista es decir una combinación de predictibilidad e impredictibilidad.

La causa de la depresión seria pues la perdida de la variabilidad saludable que supone la instalación en un sistema excesivamente ordenado y que tiende a alejarse o rechazar lo impredecible,  lo perturbador,  lo desconocido o  lo inusual. La apatía es una forma de depresión determinada ambientalmente y que usualmente podemos encontrar en pacientes geriátricos sometidos a un régimen de vida pobre en estimulos o rutinificado.

Contrariamente a esta idea, los pacientes maníacos y psicóticos responden favorablemente ante ambientes estructurados y estilos de vida fuertemente rutinificados y empeoran en ambientes anárquicos, caóticos o desestructurados como sucede en ciertas familias donde la distribución jerárquica del poder se encuentra en permanente negociación. Se trata de la base del tratamiento moral impulsado por Pinel en sl siglo XIX. Sin embargo la excesiva rutinificación de la vida que exploramos en las instituciones mentales acaban por socavar tambien la autodirección de los pacientes, Dicho de otro modo:

Todo parece indicar que cierta estimulación y cierta rutinificación son necesarias para evitar descompensaciones que lleven al sistema al colapso psicótico.

Todo parece señalar en la dirección de que los tratamientos que privilegian la ganancia de orden pueden mejorar ciertos síntomas mientras que empeoran otroslo mismo sucede con el tratamiento farmacológico de la depresión bipolar donde se corre el riesgo de invertir la fase y llevar al paciente al polo maníaco.

Mientras aprendemos a manejar estos escasos márgenes de maniobra que nos marca la patología, un buen remedio profiláctico para aplicar a la vida privada de cada cual podría ser este:

«Ponga en su vida cierta perturbación antes de que sea la enfermedad quien se la imponga».

O

«Suspenda o dosifique los superestimulos y la aceleración de la vida que le impone una época francamente perturbada»

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