El zombie y el egregor (VIII)

El lector sagaz que haya llegado hasta aquí en esta serie de post sobre los zombies ya habrán entendido que los zombies son entidades energéticas y no redes neuronales u homúnculos cerabrales que dirigen el cotarro de la conciencia. En cierta manera un zombie es la materialización de algo externo al propio individuo, antes de ponerle nombre a ese algo me gustaría no obstante aclarar que los pensamientos, las imaginaciones y los sueños son materiales. Entendiendo como materia a una condensación dispar de energía, es por eso que los sólidos como las piedras son materiales más condensados que los sueños o los pensamientos que no por eso dejan de ser materiales.

Y ahora es el momento de ponerle nombre a esas entidades informacionales que se materializan en ellos. A esas entidades las llamaremos egregor-es.

¿Qué es un egregor?.-

Hace algunos años daban por televisión un anuncio donde un padre iba al futbol con sus hijos y uno de ellos le preguntaba ¿Papá por que somos del Atletic? La cara de perplejidad del padre lo decía todo: no supo qué contestar. El Atletic, eso es un egregor. Un equipo de futbol es algo más que un campo de futbol, una ciudad, o un deporte de 11 contra 11, es sobre todo, una hinchada, unos colores, unas banderas y un himno, una pertenencia, de ahí su poder de captación de voluntades. Sin afición no habría equipo de futbol, ni de nada pues lo que alimenta informacionalmente al egregor son sus hooligans. Una vez que el egregor ha adquirido la suficiente potencia -aumentando su masa critica- es capaz de materializarse en las personas concretas aumentado su agresividad, su tristeza por las derrotas, su ilusión por ascender de categoría, y su sentimiento de pertenencia en contraste con los otros, los que no son de ese equipo, en suma movilizar distintos zombies. Sin comprender este fenómeno no podemos explicar las explosiones de violencia o de júbilo que cada cierto tiempo convocan los partidos de futbol, es como si una mente colectiva (el egregor) hubiera tomado el mando de la voluntad de ciertos ciudadanos y hubiera introducido en ellos un germen de vandalismo inexplicable que los psicólogos atribuyen a la alienación de la masa sin caer en la cuenta de que esos individuos que forman la masa -a su vez- son controlados por zombies que el egregor logró materializar en sus mentes. Dicho de otra forma, el egregor puede materializarse en distintos zombies que tienen influencia sobre los sujetos. Vayamos a la wiki ahora:

«Un egregor es un concepto propio del ocultismo que viene a representar una “forma de pensamiento” o “mente colectiva”, esto es, un entidad psíquica autónoma capaz de influir en los pensamientos de un grupo de personas. La simbiótica relación entre un egregor y su grupo ha sido comparado con los conceptos recientes no ocultistas de empresa o corporación (como entidad jurídica) y el meme.

Obsérvese como la información no siempre sigue el camino canónico del conocimiento pues el ruido (no-información siempre la acompaña)

Lo importante de este concepto es pensarlo como una entidad de información y que como toda información no es degradable. Es algo así como un virus que solo se materializa cuando consigue introducirse en una célula viva a través de su ADN, mientras tanto es incorruptible y se encuentra ahí afuera determinando un campo mórfico en el sentido de Sheldrake o bien un campo variante en la terminología de Vadim Zeland aunque este autor ha preferido llamarles «péndulos» pues la intensidad de su actividad está relacionado con el empuje que le proporcionan sus seguidores..

Rupert Sheldrake es un biólogo y filósofo de la mente muy debatido y criticado en determinados ambientes, tanto como admirado y citado en otros. Su idea más conocida es la descripción de los campos mórficos que serian los responsables de dar forma tanto a los organismos vivos como a la materia inerte con cierta tendencia a adoptar formas, como sucede con los cristales. También explicaría el aprendizaje entre individuos de la misma especie no contigüos.

Sheldrake argumenta que en el código genético -el ADN- no se encuentran codificados los planos de la casa sino sólo como deben de juntarse los ladrillos, efectivamente los genes no son más que instrucciones para la síntesis de proteinas pero no contienen ningún plan para desarrollar un organismo vivo al completo. Si en los genes no están los planos ¿dónde están?, esta es en síntesis una de las ideas más revolucionarias y transgresoras de Sheldrake. Concluye que tiene que haber un campo invisible, sin localidad que está en todas y cada una de las células de nuestro cuerpo y del mismo modo está por fuera del cuerpo y que representaría algo así como la memoria mórfica de la especie. Se trataría de un campo energético que prestaría la forma (los planos) a todo proceso de arquitectura viviente a partir de un registro mnéstico que no está determinado por la genética sino que está en continua evolución.

Sheldrake resucita así la vieja teoría lamarckiana de que los rasgos adquiridos pueden ser trasmitidos al resto de la especie no por vía genética sino por resonancia mórfica. Y que argumenta del siguiente modo: cualquier aprendizaje de un cierto número de miembros de una especie determinada acaba por universalizarse a toda la especie cuando se alcanza una determinada masa crítica.

Lo cual explicaría porqué los idiomas cuanto más gente los hable, más fáciles resultan de aprender por los sujetos individuales. También explica porque la epidemia de trastornos mentales otrora exóticos y las epidemias de contagios de ciertas conductas como los suicidios o los fenómenos llamados histéricos colectivos masivos. De tal forma que:

Las enfermedades son las que son aunque evolucionan y no son fijas y aunque cada vez más existen neoformaciones enfermizas patentadas por la cultura, lo cierto es que las enfermedades son finitas. Solamente puede enfermarse siguiendo unas guías ya recorridas con anterioridad, una enfermedad no puede sino parecerse cada vez mas a sí misma soportando a veces burdas imitaciones pues existe un patrón de memoria en su representación. Fueron patentadas ya por la tradición y aunque un individuo puede inventar una enfermedad nueva, esta no podrá manifestarse hasta que alcance la suficiente masa crítica para hacerlo: una suficiente masa de acólitos sintonizados por un determinado egregor, una «emisora» que trasmita noche y día.

Lo similar resuena con lo similar y es por eso que yo tengo la sensación de poseer un Yo, pues resueno con facilidad conmigo mismo y con lo que fui ayer que con cualquier otra cosa, lo mismo les sucede a las enfermedades y a los patrones de comportamiento, hay como un hábito, una adicción o resonancia a parecerse cada vez mas a sí mismo.

Todo parece indicar que es el sufrimiento lo que nos aglutina en torno a lo humano, mientras que es el placer lo que nos dispersa o diferencia.

La idea de campo mórfico de Sheldrake es muy parecida al concepto jungiano de inconsciente colectivo (en esta web podéis leer un buen articulo sobre el asunto). Para Jung el inconsciente colectivo era algo que constituía y estructuraba lo humano más allá de sus circunstancias personales y que explicaba los similares sueños entre sujetos alejados o las distintas cosmogonias tan similares unas a otras, la similitud procedería precisamente de esta atracción que cada campo mórfico ejerce sobre lo parecido.

Del mismo modo que Sheldrake, Jung tampoco supo donde ubicar este inconsciente que es invisible, inmaterial e intangible pero que parece gobernar las rutas por las que transitan las formas, los comportamientos humanos, el carácter, la manera de estar en el mundo y los sueños.

La idea es que estamos conectados a una gran base de datos cósmica que puede entenderse como un océano o nube de campos que inflitran lo humano y a la humanidad entera, en este modo de comprender las cosas determinados fenómenos que hoy consideramos paranormales llegarán a ser comprendidos por la ciencia. Por ejemplo la telepatía que siempre imaginamos como un modo de transmitir señales mentales a distancia puede que no tenga nada que ver con esa imagen del viaje de señales. Simplemente dos personas muy unidas entre sí pueden estar compartiendo un mismo campo mórfico y una misma conexión-sintonización. En este tipo de personas -como a veces sucede entre ciertas relaciones entre gemelos o en el vinculo madre-hijo- puede haber trasducción de señales, no porque haya uno que emite y otro que recibe sino porque existe una interface común que hace de puente entre ambos, algo así como si dos personas separadas entre sí por cientos de kilómetros estuvieran oyendo un mismo programa de radio interactivo y participando por tanto del mismo.

La idea de Sheldrake posee aun otro aliciente sobreañadido: la mente no sería -en esta forma de ver- un subproducto del cerebro sino la energía que le rebasa y al mismo tiempo alimenta y que proceda de donde proceda lo cierto es que es seguramente el lugar donde están todas las emisoras emitiendo programas continuamente y con las que cada cerebro sintoniza automáticamente según su querencia particular.

Los campos formativos y sus características.-

Lo importante de esta idea es que estos campos formativos -que se parecen mucho a la idea de meme de Dawkins- es que poseen historia tal y como veremos a continuación.

Pero también  interesa conocer otra variable: la variable critica de un campo formativo es que cuanto más se repite en la historia de una especie determinada más profundo y eficaz es su efecto. Se trata del tema de la masa crítica: cuantos más individuos aprenden algo (un idioma por ejemplo) más fácil es aprenderlo para el resto de la humanidad que no conocen ese idioma. Segun Sheldrake esa es la explicación del fracaso del esperanto. Aunque se invente un idioma universal más fácil de aprender que cualquiera de los que hablan millones de individuos, siempre será mas fácil aprender inglés o ruso que esperanto.

  • Se autoorganizan, es decir nadie los creó o los puso ahí.
  • Son información no energía luego no se degradan y quedan más allá del tiempo y del espacio y no se propagan por contigüidad.
  • Tienen historia y tal y como dice Sheldrake constituyen hábitos.
  • Se constelan en lo material imponiendo patrones restrictivos sobre procesos energéticos a través de procesos físico-químicos.
  • Necesitan una cierta masa critica para que puedan manifestarse, después son acumulativos.
  • Modifican los eventos probabilísticos, es decir se comportan caóticamente.

Para mí la idea fundamental de esta teorización es que si las entidades que conforman las enfermedades mentales fueran campos mórficos, del mismo modo que sucede con los rasgos de la personalidad normal podríamos aprender algo sobre la causación formativa de las enfermedades mentales: su persecución científica debería estar más relacionada con la historia del síntoma que sobre el estudio del cerebro.

En esta forma de pensar las enfermedades mentales no serian averias del cerebro sino entidades en busca de un soporte físico. Es quizá por eso que las enfermedades mentales han disminuido su virulencia y su gravedad desde el siglo XIX hasta ahora.

¿Cómo tratamos la información?

Los humanos somos capaces de procesar a información que nos llega del exterior o de nuestro propio interior atendiendo a varios planos. Estos planos son paquetes de información que podemos imaginar como placas base tal y como propone Patricia Churchland y que contiene además su propio bloque de herramientas  de navegación, uno de esos planos es el plano del «cuidado». Nuestro cerebro de mamífero lleva incluida esa placa base vital y de alguna forma seminal en nuestra especie. Pero la información -aun la innata- debe organizarse de acuerdo a criterios del medio ambiente y sociales. La información se organiza en forma de conocimiento que requiere esfuerzo y más allá del conocimiento aún existe otra placa base de excelencia que conocemos con el nombre de sabiduría o «mente sabia». Dicho de otra forma: la información por sí misma no brinda conocimiento alguno pero la información en sí misma contiene los planos desde los que puede llevarse a cabo el conocimiento y no puede haber conocimiento sin información.

Todo procede de datos inconexos con los que se construye una información, pero como puede verse en el esquema anterior la información ha de ser transformada en otra cosa para que sea considerada conocimiento. Un descarrilamiento corriente de la información la tenemos en lo que entendemos como delirio. El delirio no es conocimiento sino una creencia, su opuesto, simple ruido tal y como conté en este post donde precisamente argumentaba en relación con el delirio paranoide propiamente dicho (lógico) y el delirio paralógico o metanoide.

Del mismo modo la sabiduría no es simplemente una acumulación de conocimiento sino una nueva organización que se produce por descarte.

Por descarte de egregor-es destructivos que se comportan como verdaderos vampiros de energía.

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Bibliografía.-

Rupert Sheldrake «Una nueva ciencia de la vida. La hipótesis de la causación formativa. Traductor Marge-Xavier Martí Coronado. Tercera edición. Barcelona: Editorial Kairós. 1990/2007

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